El Goodwood Festival of Speed 2026 sube el telón este jueves 9 de julio con una de las alineaciones de clásicos más esperadas de los últimos años. Entre las decenas de joyas que treparán la célebre colina de West Sussex destacan la recreación artesanal del Auto Union Lucca de 1935 y el McLaren M6GT, el primer coche de calle que ideó Bruce McLaren, restaurado ahora por la división Special Operations de la marca. Ambos encarnan, en extremos distintos, la esencia que distingue a Goodwood de cualquier otro certamen: la convivencia de la historia más pura con la ingeniería del presente, puesta a prueba sobre un asfalto cargado de tradición.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: el Festival of Speed 2026 reúne recreaciones históricas y restauraciones de fábrica tan relevantes como el Auto Union Lucca y el McLaren M6GT, expuestos al público y en movimiento del 9 al 12 de julio.
- No te lo puedes perder: el Auto Union Lucca es una recreación fiel del coche que en 1935 alcanzó 203 mph en una autopista italiana, una proeza de la era prebélica recreada por Audi Tradition con meticulosidad arqueológica.
- Cifras y contexto: el festival acoge más de una docena de primicias mundiales, con precios que van de las 20.000 libras del novedoso BYD Dolphin G DM a los 850.000 del Aston Martin Valhalla, mientras el Lucca y el M6GT recuerdan que el valor de un clásico se mide a menudo en cicatrices y horas de taller.
El Auto Union Lucca: dos toneladas de aluminio y dieciséis cilindros en movimiento
Quien se tope con el perfil plateado del Lucca en Goodwood puede creer, por un instante, que ha viajado a 1935. La recreación que presenta Audi Tradition no es una reinterpretación moderna, sino una copia casi arqueológica del coche con el que Auto Union —precursora de la actual firma de los aros— demostró que la velocidad no tenía por qué residir exclusivamente en los circuitos. En una sección de la Autostrada dei Laghi, cerca de la ciudad toscana que le da nombre, el Lucca original alcanzó 203 mph (unos 327 km/h), una cifra que lo convirtió en el coche de carretera más rápido del mundo en ese momento. No sobre una salina, sino sobre una autopista italiana.
El motor que empujaba aquella proeza era un V16 de 4.4 litros sobrealimentado que hoy difícilmente encontraría acomodo en un deportivo de producción. Su sonido, añejo y metálico, es uno de los grandes alicientes de esta edición, junto con la oportunidad de ver rodar a un coche que apenas existió en su forma original; la mayor parte de los ejemplares de competición de Auto Union se perdieron durante la guerra o fueron desguazados. La recreación actual, construida con los planos originales y técnicas de la época, es un homenaje que entiende la historia como una disciplina viva, no como un museo estático.
El McLaren M6GT: el sueño trunco de Bruce McLaren vuelve a casa
Hay coches cuya importancia no se mide por el número de unidades, sino por la visión que encierran. El McLaren M6GT que podrá verse en Goodwood es uno de ellos. Concebido en 1969 como el intento de Bruce McLaren de trasladar a la calle la experiencia de los Can-Am, el M6GT debía ser el primer superdeportivo de producción británico con motor central-trasero, dos años antes de que el Lamborghini Miura llegase a los concesionarios. La muerte del fundador en 1970 truncó el programa y dejó apenas un puñado de prototipos y la sensación de que la historia pudo escribirse de otro modo.
La unidad que ahora presenta McLaren Special Operations ha sido sometida a una restauración de fábrica que ha respetado al máximo la especificación de la época. No se ha tratado de modernizarlo, sino de devolverlo a ese instante en que Bruce McLaren soñó con un coche de calle que heredase la ligereza y la brutalidad controlada de sus bólidos de competición. El chasis, los paneles de aluminio y el motor V8 de 5.8 litros que lo movía han sido recuperados con la misma filosofía que se aplica hoy a los históricos de la casa, lo que convierte a este M6GT en una de las presencias más esperadas de la cita.
Un triángulo de clásicos que explica la esencia del festival
Junto al Lucca y al M6GT, el Gordon Murray S1 LM completa un tríptico que explica por qué Goodwood se ha convertido en la gran cita mundial de la automoción con alma. Murray, el padre del McLaren F1, ha destilado décadas de obsesión por la ligereza en una máquina de producción limitada que rinde homenaje a los GTR de Le Mans. Con 1.178 kg de peso en seco y un V12 atmosférico de 3.9 litros capaz de girar a 12.100 rpm, el S1 LM es un ejercicio de ingeniería que mira directamente al legado de los grandes deportivos analógicos. Su presencia en el festival, junto a los prototipos del T33 Spider y del T50.S Niki Lauda, demuestra que el espíritu de los años dorados del automovilismo deportivo sigue encontrando acomodo en el siglo XXI.
Conviene no perder de vista que esta edición es especialmente generosa con los vehículos que no pertenecen al presente. La Renault 5 Turbo 3E, por ejemplo, reinterpreta la saga de los R5 Turbo de los ochenta con 533 CV eléctricos y dos motores en las ruedas traseras, mientras que el Lexus LFA Concept rescata un nombre mítico para insinuar un futuro eléctrico con baterías de estado sólido. La línea que separa la nostalgia de la vanguardia es, en Goodwood, tan fina como deliberadamente permeable.
La auténtica herencia no se conserva en vitrinas; se demuestra rodando cuesta arriba, a pleno régimen, delante de una afición que entiende de mecánica y de memoria.
Lo que Goodwood dice del coleccionismo actual
El festival británico actúa cada verano como un termómetro de la salud del clásico y del mercado de colección. En esta edición, la presencia de recreaciones artesanales como el Lucca y de restauraciones oficiales como la del M6GT confirma dos tendencias que ya eran visibles en las subastas de 2025: por un lado, el valor creciente de los vehículos con historia documentada que han sido intervenidos por los propios fabricantes; por otro, el interés por los proyectos que recrean modelos perdidos, siempre que se ejecuten con el rigor que exige la Fédération Internationale des Véhicules Anciens (FIVA). Un automóvil como el Lucca no puede aspirar a la misma cotización que un original superviviente, pero su capacidad para narrar una historia que de otro modo se habría perdido le otorga un lugar propio en el panteón del coleccionismo contemporáneo.
La apuesta de McLaren al restaurar con medios de fábrica un prototipo que jamás llegó a producerse en serie habla también de un cambio de sensibilidad. Hasta hace una década, los departamentos de patrimonio solían centrarse en modelos icónicos y probados. Ahora, marcas como McLaren, Porsche o Aston Martin han entendido que los prototipos olvidados —aquellos que se quedaron a las puertas de la producción— encierran un atractivo único para un coleccionista que ya no persigue solo la exclusividad, sino la narración completa del automóvil. El M6GT, con sus líneas puras y su alerón trasero integrado, es mucho más que una rareza: es la declaración de intenciones de una marca que aún no existía como tal.
Mientras las primeras planas de la prensa generalista se centran en los lanzamientos contemporáneos —del Toyota GR GT al Aston Martin Valhalla, pasando por el Cupra Raval o el Hennessey Venom F5-M—, la verdadera conversación entre expertos gira en torno a cómo Goodwood ha logrado convertir lo antiguo en un asunto de presente. La recreación del Auto Union Lucca y la resurrección del McLaren M6GT son, en ese sentido, las dos caras de una misma moneda: la que demuestra que la historia del automóvil, cuando se cuenta con honestidad, sigue acelerando el pulso de miles de aficionados.
Un V16 de antes de la guerra y un V8 de Can-Am difícilmente comparten ficha técnica, pero en Goodwood comparten objetivo: recordarnos que la velocidad con pedigrí no entiende de calendarios.

