Aparcar el coche es una de esas acciones cotidianas que realizamos casi sin pensar. Llegamos a nuestro destino, buscamos un hueco, maniobramos y dejamos el vehículo aparentemente bien colocado. Sin embargo, en esa rutina tan automatizada se esconden pequeños errores que, con el paso del tiempo, pueden traducirse en averías costosas y un desgaste prematuro de componentes clave.
Uno de esos gestos, aparentemente inofensivo, tiene que ver con el uso del freno de estacionamiento. Muchos conductores no son conscientes de que la forma en la que aplican este mecanismo puede afectar directamente a la salud de su coche. Lo que parece una simple acción puede convertirse en un enemigo silencioso para la mecánica.
5El procedimiento correcto en coches automáticos
Los conductores de coches automáticos deben prestar especial atención a la forma en la que estacionan su vehículo. Existe un orden correcto que conviene seguir para evitar daños en la transmisión y en el sistema de retención.
Lo recomendable es mantener el pie en el freno, activar primero el freno de estacionamiento y, después, colocar la palanca en la posición ‘P’ (parking). De este modo, el peso del coche no recae sobre la transmisión, sino sobre el freno. Para reanudar la marcha, el proceso debe hacerse a la inversa: pisar el freno, cambiar de posición y, por último, liberar el freno de mano.


