No sé ustedes, pero yo cada vez que voy a un concesionario y veo la avalancha de SUV eléctricos con nombres que ya no dicen nada, me entra una morriña rara. Y parece que no soy el único. En su último vídeo, el creador de JayEmm on Cars sostiene que la nostalgia manda más que nunca en el mundo del motor, y que los aficionados de hoy miran hacia atrás con la misma fijación que él sentía hace veinte años. Pero, ¿y si hay coches que resisten el paso del tiempo sin trampa ni cartón? Su última prueba, a los mandos de un Ford Focus ST Mk2 prácticamente de serie, le ha servido para reivindicar al que muchos consideran el compacto deportivo definitivo de la era moderna. Y tengo que darle la razón.
La lección olvidada de un compacto que nació para la gente normal
El presentador de JayEmm no se tiene por un fan incondicional de Ford ni de los hatchbacks. De hecho, confiesa que aprendió a conducir en un Focus de segunda generación —esas unidades de autoescuela de los 2000— y lo odiaba con pasión. Aquel coche se le calaba cada dos por tres y la suspensión le resultaba un jeroglífico. Sin embargo, ahora reconoce que la AA escogió ese modelo por algo: era el vehículo que la gente corriente compraba antes de que los SUV lo devorasen todo. «Era el fin de los días en los que comprabas un coche sensato por razones sensatas», reflexiona.
El Focus Mk1 ya fue un icono, pero el Mk2 pulió todas las aristas. Ford mantuvo la base —visibilidad, practicidad, buen chasis— y se esmeró en un interior con materiales más blandos y agradables. Para el canal, el salto fue decisivo: el Focus dejó atrás las críticas de cutrez que arrastraba su antecesor. Y como no podía ser de otra forma, en 2005 llegó la versión ST, un hot hatch que no solo cumplía el expediente sino que, según JayEmm, marcaría un antes y un después en la historia de la casa del óvalo azul.
Un motor que enamora y una caja de cambios que es pura seda
Aquí es donde el discurso se enciende. El Focus ST Mk2 monta un cinco cilindros de origen Volvo, pero Ford lo retocó con distribución variable tanto en admisión como en escape. Con 225 caballos oficiales —aunque el presentador jura que rinde más—, el bloque empuja con una linealidad que no entiende de golpes brutales. El turbo no es perezoso, simplemente entrega la potencia de forma progresiva, como un susurro que se convierte en rugido. «Es un motor fantástico, un intérprete muy fuerte incluso en configuración estándar», apunta.
La transmisión manual de seis velocidades es otra joya. Recorridos cortos, un leve carácter mecánico y una precisión que hoy echaríamos de menos en muchos deportivos modernos. Desde el canal subrayan que no hubo opción automática, una declaración de intenciones para los puristas. Y aunque la suspensión se siente siempre un punto firme —incluso con neumáticos Michelin Pilot Sport 5 casi nuevos—, la dirección ofrece un tacto y una textura que permiten leer el asfalto con notable fidelidad. No es la dirección más comunicativa del mundo, pero sí lo bastante rica como para colocar el morro con precisión quirúrgica.
El RS que nunca fue, o por qué el ST se convirtió en la apuesta sensata
Durante una larga temporada, los rumores sobre un Focus RS Mk2 con tracción total alimentaron las expectativas. Cuando por fin llegó, con 305 caballos pero sin las cuatro ruedas motrices, muchos se sintieron defraudados. JayEmm recuerda con sorna que la revista Evo, allá por 2009, puso frente a frente un ST modificado por Mountune y el flamante RS. El resultado fue demoledor: en casi todas las pruebas, el ST más ligero (80 kilos menos) y con la centralita optimizada le sacaba los colores al hermano mayor. La mayor inercia del turbo del RS y una diferencia real de potencia que se estimaba en apenas 20 caballos explican en parte aquella humillación.
El motor es el corazón del coche, y con este cinco cilindros te enamoras; es lo que hace que conectes con él, lo que te engancha como aficionado al motor.
JayEmm on Cars
El canto del cisne del cinco cilindros
Aquí llega la tesis más afilada del vídeo: el gran error de Ford fue jubilar el motor de cinco cilindros en la siguiente generación del ST. El Mk3 era un coche «muy bueno», pero había perdido el carácter, el carisma, esa banda sonora que convierte un simple trayecto en una experiencia memorable. Para el creador del canal, fue como si a un guitarrista de rock le confiscasen su amplificador de válvulas y le diesen un emulador digital. El resultado es correcto, pero sin alma. Y esa pérdida de identidad, unida a la desaparición del Focus del mercado europeo, deja un vacío difícil de llenar.
Además, la anécdota personal de Ben, amigo del presentador y dueño de un ST ligeramente modificado, refuerza el argumento: aquel coche rondaba los 260-270 caballos y era, en palabras de JayEmm, «excelente como coche modificado». Aunque los semiejes y los palieres son su talón de Aquiles —complicados de encontrar hoy—, el mantenimiento general sigue siendo asequible gracias a proveedores como Autodoc, que el canal menciona como alternativa para mantener vivo el mito sin arruinarse.
Cómo comprar un futuro clásico por 7.000 libras
El propietario del modelo probado, Tom, pagó 7.000 libras por un ST de 2006 en estado impecable. Una cifra que, según JayEmm, sigue siendo sensata para un vehículo que puede usarse a diario —si aceptas consumos en torno a los 9-10 km/l— y que aspira a convertirse en un clásico de verdad. Con los RS 500 ya disparados de precio, este ST parece el último rincón asequible de una estirpe que marcó una época.
El vídeo acaba con un mensaje claro: Ford debería recuperar el espíritu de aquella época, abandonar la deriva de SUV eléctricos con nombre de purasangre y volver a escuchar a sus clientes. No es solo nostalgia de gorrilla; son los números y las sensaciones al volante las que avalan al Mk2 como el compacto deportivo más imbatible de su tiempo.

