La FIA blinda el reglamento técnico de 2026 frente a la presión de los fabricantes y manda un mensaje incómodo al paddock: las reglas no se reescriben porque a Mercedes, Ferrari, Audi o Honda les inquiete el reparto de potencia entre combustión y eléctrico. Nikolas Tombazis, director de monoplazas, ha respaldado en Miami los ajustes que debutarán este fin de semana y ha dejado claro que el organismo y la propia F1 están alineados.
Lo que se juega cada actor con el ajuste de Miami
El movimiento es político tanto como técnico. La FIA ha aprobado modificaciones al despliegue de energía y a las ventanas de regeneración para evitar que los pilotos lleguen a las rectas largas con la batería vacía y se vean obligados a levantar el pie a media recta. Es un parche fino, calibrado, sobre un reglamento que entra en vigor en enero de 2026 y que ya ha provocado más de un cortocircuito entre los seis fabricantes implicados.
Tombazis lo ha verbalizado con una frase que en el paddock se está leyendo como aviso a navegantes: la F1 no puede ser rehén de las empresas automovilísticas. Traducido: el reglamento se diseñó para atraer a Audi, retener a Honda y mantener a Mercedes y Ferrari, pero el espectáculo en pista no puede sacrificarse por encajar la hoja de ruta industrial de cada fabricante.
Quien gana con esta postura es Liberty Media, que lleva meses temiendo un campeonato 2026 marcado por carreras decididas por gestión energética en lugar de por adelantamientos. Quien pierde, al menos en el corto plazo, son los departamentos de motor que ya habían cerrado sus mapas y simulaciones bajo las reglas anteriores.
El choque por el 50/50 eléctrico-combustión
El núcleo del conflicto es el reparto de potencia. El reglamento técnico de 2026 establece una división teórica del 50% entre el motor de combustión interna y la unidad eléctrica, una cifra que sobre el papel parece equilibrada y que en la práctica ha resultado más complicada de gestionar de lo previsto. Algunos fabricantes han pedido reabrir el debate y reducir el peso del componente eléctrico, argumentando que la regeneración en circuitos como Monza o Las Vegas no permite sostener el despliegue durante toda la vuelta.
La FIA dice que no. Y dice que no en público, lo cual es una novedad. El organismo regulador ha defendido que los ajustes ya aprobados — gestión de la energía recuperable, mapas de despliegue revisados, ventanas de funcionamiento del MGU-K — son suficientes para que el espectáculo no se resienta sin tocar la arquitectura del reglamento.

Aquí hay una lectura industrial que conviene no perder de vista. Audi entra a la F1 precisamente por el shift al 50/50 eléctrico, alineado con su narrativa de marca BEV. Si la FIA cediera ahora y rebajara el peso eléctrico, Audi tendría motivos legítimos para sentirse engañada: ha invertido cientos de millones en una unidad de potencia diseñada bajo una premisa concreta. Honda volvió por la misma razón. Mercedes y Ferrari, en cambio, llevan meses enviando señales de que el equilibrio actual penaliza más de la cuenta su know-how en combustión.
Por qué el pulso de Tombazis marca un precedente
En esta redacción observamos un patrón que merece subrayarse. Cada ciclo regulatorio importante de la F1 ha vivido un momento idéntico: fabricantes que, una vez aprobadas las reglas, intentan modularlas en su favor cuando descubren que su rival ha interpretado mejor el reglamento. Pasó en 2014 con la llegada de los híbridos, cuando Renault y Ferrari tardaron tres temporadas en alcanzar a Mercedes y pidieron sin éxito reabrir el reglamento. Pasó en 2022 con el efecto suelo y los rebotes, donde la FIA sí cedió parcialmente con la directiva técnica del porpoising, lo que muchos en el paddock leyeron como una concesión a Mercedes.
El precedente importa porque la FIA, históricamente, ha cedido. Lo que está haciendo Tombazis ahora — alinearse públicamente con Liberty y plantar cara a los fabricantes en bloque — es un cambio de tono. Esta redacción entiende que detrás del gesto hay un cálculo claro: si el reglamento 2026 nace ya tocado por presiones corporativas, el campeonato pierde credibilidad antes de empezar.
Comparativa útil: el WEC, que también gestiona fabricantes potentes en LMDh e Hypercar, ha optado por Balance of Performance activo para mantener el equilibrio competitivo. La F1 no quiere ese camino. Quiere reglas estables y libertad de ingeniería. Eso significa, inevitablemente, que algún fabricante empezará 2026 por detrás. Y la FIA parece dispuesta a aceptar ese coste.
El próximo hito será la reunión técnica posterior al Gran Premio de Miami, donde los fabricantes presentarán sus simulaciones bajo el reglamento ya ajustado. Si las cifras siguen apuntando a carreras condicionadas por la gestión de batería, el pulso volverá a abrirse. Pero la línea está marcada,, y esta vez la FIA no parece dispuesta a moverla.
Análisis de Impacto Motor16
- Dato de mercado: Seis fabricantes confirmados para la era 2026 (Mercedes, Ferrari, Honda-Aston Martin, Audi, Red Bull Powertrains-Ford y Renault hasta su salida anunciada), la mayor parrilla de proveedores de unidades de potencia en F1 desde 2014, según el calendario oficial de homologaciones de la FIA.
- El rumor: Según apuntan en el paddock, al menos dos fabricantes ya han pedido informalmente reabrir el debate sobre el 50/50 antes del verano, alegando problemas de despliegue en circuitos de baja regeneración. La FIA habría respondido con un no rotundo en privado antes de hacerlo público en Miami.
- Veredicto: Movimiento táctico de medio plazo bien ejecutado. La FIA protege la credibilidad del reglamento y manda señal de autoridad antes de que empiece la temporada de presiones reales. Si aguanta el pulso doce meses, habrá recuperado un terreno regulatorio que llevaba años cediendo a los fabricantes.

