Tyrrell’s Classic Workshop ha vuelto a saltarse una de sus propias normas: dedicar un episodio a un modelo que ya había pasado por el taller. La excusa es un Ferrari 330 GTC que no se parece a ningún otro. Perteneció al cantante Chris Rea y, según el canal, esconde una preparación mecánica que lo transforma en una bestia difícil de comparar con un ejemplar de serie.
La receta del 330 GTC: V12 delantero y caja trasera
El presentador del canal explica que el 330 GTC es un Ferrari de finales de los años sesenta con una configuración peculiar. El motor V12 va delante, pero la caja de cambios está montada en la parte trasera, entre las ruedas, junto al diferencial. Esa arquitectura mejora el reparto de pesos y ofrece más tracción. Según Tyrrell’s Classic Workshop, no es la cima deportiva de la época —ese papel correspondía al 275 GTB4— ni el familiar 330 GT 2+2. El GTC se situó a medio camino, pensado sobre todo para cruzar el continente con estilo. A diferencia del 2+2, este coche no finge tener asientos traseros: es estrictamente un biplaza.
El propio presentador recuerda que Porsche recogió el mismo concepto con los 924 y 928, también con motor delantero y transmisión trasera por idénticas razones. La versión 2+2, en cambio, conservaba la caja de cambios justo detrás del motor. Aquí, al moverla atrás, el coche se siente más enfocado a la conducción.
El motor de 300 CV que Terry Hill afinó más allá
De fábrica, el 330 GTC monta un V12 de 4 litros. Cada cilindro tiene 330 centímetros cúbicos, y de ahí viene la denominación. La serie lo resume: el 250 GT era un 3 litros, el 275 subió y el 365 llegó a 4,4 litros. En este caso, el árbol de levas es sencillo, no el doble árbol del 275. La potencia declarada por Ferrari era de unos 300 caballos, una cifra respetable para finales de los sesenta.
La historia cambió con Terry Hill, el preparador que reconstruyó el motor para Chris Rea. El canal cuenta que Hill había trabajado en un 250 GTO a finales de los noventa, un encargo de máximo nivel, y que en este V12 aumentó el diámetro de las válvulas, realizó un blue-printing minucioso y optimizó tolerancias y reglajes. El resultado, siempre según Tyrrell’s Classic Workshop, alcanzó unos 310 CV genuinos. En carretera la diferencia es muy marcada, y el canal asegura disponer de cifras de banco de potencia que lo respaldan.
Esa cifra puede parecer discreta hoy, pero la respuesta en asfalto es otra cosa. El presentador lo resume con una imagen propia de la casa.
Si Ferrari normalmente tiene un caballo de carreras, yo diría que este es un caballo salvaje.
— Tyrrell’s Classic Workshop
Las modificaciones estéticas de Chris Rea
El cantante también dejó su firma en la carrocería. El frontal recibió tres tomas de aire y el conjunto luce una franja roja que cruza el centro del coche. El presentador admite que al principio no estaba convencido, pero con el tiempo le encontró el gusto. Las llantas son más grandes de lo estándar porque los frenos también lo son; tras reacondicionarlas, se aplicó un recubrimiento especial que les da un brillo casi de rueda de radios.
No es, matiza el canal, un coche radicalmente modificado. Lo define como una mejora simpática que respeta el espíritu original. Los tres carburadores Weber se mantienen, aunque con chokes más generosos.
Al volante: una bestia que exige respeto
La prueba dinámica refuerza la idea de que este ejemplar no es un 330 GTC corriente. El motor responde de forma inmediata al acelerador; el presentador habla de una potencia imparable incluso a bajas vueltas. La caja de cambios le parece deliciosa si se trata con respeto, pero la segunda velocidad necesita calentamiento. El embrague de competición, de funcionamiento casi on/off, también obliga a ser fino.
El presentador llega a insinuar que se siente más afilado que un Daytona, un modelo al que se le atribuían 352 caballos de fábrica. Tyrrell’s Classic Workshop destaca además la visibilidad: los pilares finos y la enorme superficie acristalada de los años sesenta ofrecen una panorámica que los coches modernos han perdido por seguridad. Los frenos, más grandes que los de serie, mejoran la mordiente con solo rozar el pedal.
Un Gran Turismo de otra época
El 330 GTC fue presentado por Ferrari en 1966, con carrocería de Pininfarina, y se fabricó hasta 1968 en una serie corta de unas 600 unidades. El diseño de Pininfarina apostó por una silueta esbelta y elegante, heredera visual de los 275 y anticipo de los 365. El nombre responde a la nomenclatura clásica de la marca: 330 centímetros cúbicos por cilindro. La unidad de Chris Rea añade una capa poco habitual: historia de celebrity, preparación documentada y un estado de uso real.
Qué implica para el coleccionista
En un mercado que suele premiar la originalidad, un coche con modificaciones puede generar debate. La lectura del canal es otra: aquí las mejoras buscan hacer el coche más usable y más vivo, no disfrazarlo de recreación. Eso puede interesar a compradores que quieren un Ferrari clásico para conducir, no solo para guardar. La procedencia de Chris Rea y el trabajo de Terry Hill aportan un relato difícil de replicar. El valor de un 330 GTC depende del estado y de la documentación, y los ejemplares con historial completo suelen cotizar alto.
La pregunta que queda es si la preparación convierte a este 330 GTC en un coche mejor o en un clásico con identidad alterada. El taller no da una respuesta cerrada; el vídeo deja que sea la carretera la que hable. Lo que sí queda claro es que difícilmente se puede hablar de un 330 GTC absoluto.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Tyrrell’s Classic Workshop en YouTube.


