Cada operación salida repite la misma escena: carreteras llenas, prisas por llegar al destino y miles de conductores que siguen «un poco más» antes de parar. Unos retrasan el descanso para ganar tiempo, otros creen que detenerse rompe el ritmo del viaje, y la DGT lleva años insistiendo en la recomendación de hacer una pausa cada dos horas o cada 200 kilómetros.
Para Tráfico, este consejo es una medida directa para reducir la fatiga, mejorar los reflejos y reducir la siniestralidad en carretera. Pero aunque muchos conductores lo conocen, pocos lo cumplen con disciplina. En trayectos largos, precisamente cuando es más necesario, es habitual apurar hasta el límite. El problema es que el cansancio no siempre avisa, y cuando lo hace, a menudo ya es tarde.
6Parar más puede hacerte llegar antes
Aunque parezca contradictorio, respetar la regla de la DGT puede incluso mejorar el tiempo del viaje. Los conductores fatigados suelen cometer errores que generan demoras mucho mayores que una pausa. Un viaje sin agotamiento se gestiona mejor: hay menos tensión, menos impulsividad y más margen para reaccionar ante imprevistos.
Muchos conductores aceptan revisar neumáticos, comprobar el estado del tráfico o llevar agua en el coche, pero siguen viendo el descanso como algo opcional. Para la DGT, sin embargo, forma parte del viaje. Ignorarlo es dejar al margen una de las medidas más simples y efectivas para evitar accidentes.
Cumplir la regla de parar cada dos horas o 200 km solo exige disciplina, y precisamente por eso sigue siendo una de las recomendaciones más valiosas —e incumplidas— en carretera. No obstante, la DGT mantiene su mensaje: descansar no retrasa el viaje, lo hace más seguro. En carretera, llegar unos minutos después siempre es mejor que no llegar.


