Grabar la carretera mientras conduces es más fácil que nunca gracias a las dashcam, esas pequeñas cámaras de salpicadero que registran todo lo que ocurre delante del coche. La cuestión no es si puedes llevarlas —la DGT no las prohíbe—, sino dónde las colocas y qué haces después con las imágenes. Una instalación incorrecta o pulsar el botón mientras circulas convierte un útil dispositivo en una sanción segura.
Dónde instalarla para no perder puntos ni dinero
El único sitio que la normativa de circulación considera válido es detrás del retrovisor central o en una zona del parabrisas que no reste visibilidad al conductor. Si el soporte o el cable entorpecen el campo visual, la multa asciende a 80 euros. Y si manipulas la cámara durante la marcha —por ejemplo, para ajustar el ángulo o borrar archivos—, la infracción se considera grave: 200 euros y la retirada de tres puntos del carnet. La mayor parte de las dashcam actuales se fijan con ventosa o adhesivo de alto agarre, así que basta con dejar todo listo antes de arrancar y olvidarse del aparato hasta que hayas estacionado.
Una dashcam bien colocada no ocupa el campo visual del conductor; una distracción al volante puede costar tres puntos.
Lo que permite (y prohíbe) la protección de datos
Las grabaciones de una dashcam están sometidas a la Ley Orgánica de Protección de Datos y a los criterios de la Agencia Española de Protección de Datos. No está permitido efectuar una grabación permanente e indiscriminada de la vía pública. La finalidad tiene que ser muy concreta: documentar un incidente o proteger el vehículo frente a robos y actos vandálicos mientras está aparcado. Publicar un vídeo en redes sociales donde aparezcan matrículas o rostros identificables sin su consentimiento es ilegal, aunque la imagen parezca anecdótica.
La práctica recomendada —y la que minimiza el riesgo de sanción— es programar la cámara con una grabación en bucle que sobrescriba automáticamente los archivos más antiguos y conservar solo los fragmentos del incidente. Además, solo se consideran proporcionadas las capturas que no excedan de 20 segundos anteriores y otros 20 posteriores al momento del suceso. El audio, por regla general, debe estar desactivado para no captar conversaciones ajenas sin consentimiento.
¿Sirve la grabación como prueba en un accidente?
Las aseguradoras ven con buenos ojos que el conductor equipe una dashcam, porque las imágenes ayudan a reconstruir la dinámica del siniestro y a determinar responsabilidades. Sin embargo, será un juez quien decida si las acepta como prueba documental en un proceso. Para que una grabación tenga posibilidades de ser admitida, debe cumplir varios requisitos: haber sido obtenida de forma proporcionada, estar relacionada directamente con el incidente, no haber sido manipulada y, si aparecen terceros no involucrados, sus matrículas o rostros tendrán que difuminarse.
En la práctica, contar con una dashcam agiliza el parte amistoso y disuade de discusiones sobre la culpa. Pero su validez no es automática: si un vídeo muestra más tiempo del necesario o incluye imágenes de vehículos ajenos con las matrículas al descubierto, la protección de datos puede hacer que el juzgado lo deseche.
🛠️ Tecnología a examen
- Dato a tener en cuenta: las grabaciones se limitan a un máximo de 20 segundos previos y otros 20 posteriores al incidente.
- Lo que equipa: dashcam con soporte adhesivo o de ventosa, sensor de impacto (G-Sensor), almacenamiento en tarjeta microSD y modo de grabación en bucle.
- Así te afecta como conductor: puedes demostrar la secuencia de un accidente sin que tu palabra se enfrente a la del contrario, siempre que actives el borrado periódico y difumines las matrículas de otros antes de compartir o entregar el vídeo.


