El próximo mes, los primeros coches eléctricos fabricados en China comenzarán a entregarse en Canadá. Lotus, propiedad de Geely, será la primera marca en beneficiarse del nuevo acuerdo comercial que permite la importación de hasta 49.000 vehículos eléctricos chinos al año con aranceles preferenciales.
El anuncio, confirmado por el embajador chino en Ottawa, Wang Di, sitúa a Canadá como la puerta de entrada de los fabricantes asiáticos a Norteamérica, un continente hasta ahora esquivo para las marcas del gigante asiático por las barreras arancelarias y tecnológicas impuestas por Estados Unidos.
Canadá se ha fijado el objetivo de que todos los turismos y camionetas nuevas vendidos en el país sean de emisiones cero en 2035. Para mantener asequibles los precios mientras otros socios comerciales cierran sus fronteras, Ottawa ha tendido la mano a los fabricantes chinos con una política de apertura regulada.
Lotus, la punta de lanza de un desembarco con cuentagotas
Geely ha preparado una ceremonia de entrega en Montreal para simbolizar el arranque de las ventas. La compañía británica Lotus ya comercializa en otros mercados modelos eléctricos de altas prestaciones como el SUV Eletre y la berlina Emeya, y ahora probará el apetito del consumidor canadiense por una marca de lujo deportiva con ADN chino. La elección de Lotus como primer estandarte no es casual: su imagen de marca británica de alto rendimiento, ahora bajo control de Geely, suaviza la percepción de vehículo chino, al tiempo que le permite acceder a un segmento de compradores con mayor poder adquisitivo.
El cupo pactado no es ilimitado: el acuerdo bilateral firmado en enero pasado entre el primer ministro canadiense y el presidente chino establece un techo de 49.000 unidades anuales con tributación reducida. Una cifra modesta en comparación con los volúmenes que las marcas chinas ya manejan en Europa, pero suficiente para tantear el terreno sin saturar la producción local y sin desencadenar represalias comerciales desde Washington.
Un cupo de 49.000 coches anuales y la diplomacia arancelaria

La jugada canadiense trasciende lo automovilístico. En un contexto de fricciones comerciales con Estados Unidos, Ottawa busca diversificar sus aliados y asegurarse un flujo de vehículos eléctricos a precios competitivos. El acuerdo incluye también el compromiso de duplicar las exportaciones canadienses de productos agrícolas, energía y gas natural licuado hacia China en los próximos años, lo que refuerza la lectura de un giro estratégico en su política exterior.
Mientras, otros grandes grupos chinos como BYD y Chery aguardan su turno. Según las mismas fuentes diplomáticas, ambas compañías ya han enviado vehículos de prueba a Canadá para su evaluación en condiciones reales de carretera y trabajan con las autoridades locales en las homologaciones necesarias. Las previsiones apuntan a que más marcas podrían sumarse antes de fin de año, ampliando una oferta que abarcaría desde compactos eléctricos asequibles hasta berlinas de lujo.
El contraste con la política estadounidense no puede ser más nítido: mientras Washington blinda su mercado con aranceles prohibitivos, Ottawa tiende una alfombra roja a los fabricantes que quieran competir en precio.
Lo que el caso canadiense cuenta sobre el futuro del coche eléctrico asequible
Canadá ofrece a sus consumidores una alternativa que hoy no existe al otro lado de la frontera: coches eléctricos de precio contenido, con una gama que podría ir desde los urbanos de BYD hasta las prestaciones de Lotus. El acuerdo puede desencadenar un efecto dominó si los volúmenes de venta justifican, más adelante, la instalación de plantas de ensamblaje en suelo canadiense. El propio embajador chino señaló que los fabricantes asiáticos estudian asociaciones de producción local, aunque la prioridad inmediata es construir demanda.
Para el lector español, lo que ocurre en Canadá es un espejo deformado de su propia realidad. En la Unión Europea, las marcas chinas ya pisan fuerte -MG, BYD, Omoda…-, pero se enfrentan a la amenaza de aranceles adicionales que encarecerían sus modelos. Mientras Bruselas debate cómo proteger su industria, Ottawa elige la vía de la apertura regulada y demuestra que es posible importar coches chinos sin renunciar a los objetivos de descarbonización.
La jugada canadiense subraya, en definitiva, que el mapa global del automóvil se está redibujando a golpe de acuerdo comercial. Y que, esta vez, la llave de Norteamérica no la tiene Detroit, sino Pekín.
📌 Datos clave internacional
- La cifra a enmarcar: hasta 49.000 vehículos eléctricos chinos podrán entrar anualmente en Canadá con aranceles preferenciales.
- Consejo práctico: si estás interesado en un coche eléctrico chino asequible, sigue de cerca la evolución del mercado canadiense: lo que allí funcione podría replicarse en otros mercados.
- Así te afecta: el desembarco chino en Norteamérica a través de Canadá acelera la globalización del vehículo eléctrico y reconfigura las reglas comerciales, con potencial impacto en los precios y la oferta futura en Europa.

