La burbuja de los préstamos COVID que deja a 1 de cada 3 compradores en Estados Unidos con deudas superiores al valor de su coche

El pago mensual medio por un coche nuevo en Estados Unidos alcanza los 870 euros y el 30% de los compradores arrastra una deuda superior al valor de su vehículo. La financiación de la era COVID sigue lastrando a clientes y concesionarios, según los datos del sector automotriz nor

Uno de cada tres compradores de coche en Estados Unidos arrastra una deuda superior al valor del vehículo, una losa que la crisis de precios de la pandemia convirtió en crónica. Los datos del sector automotriz norteamericano publicados al cierre del segundo trimestre muestran que el 30 % de los clientes que acuden al concesionario con intención de cambiar de coche se encuentra en equity negativo: deben más de lo que vale su turismo. Y el desembolso mensual de quienes logran refinanciar esa deuda roza los 870 euros al mes, casi un 22 % por encima de la media.

La factura de la pandemia que no deja de crecer

Durante los peores meses de escasez de microchips, los concesionarios estadounidenses aplicaron sobreprecios que en muchos casos superaron los 7.000 euros por encima del precio recomendado. Los compradores, apremiados por la falta de alternativas, aceptaron condiciones de financiación que ahora resultan imposibles de digerir. Según los datos recopilados por el sector, la deuda media acumulada por el comprador que llega a la entrega con equity negativo ronda los 6.500 euros (en torno a 7.000 dólares al cambio actual).

Ese déficit no desaparece al firmar un nuevo contrato: se traslada al siguiente vehículo como capital financiado adicional. En la práctica, el cliente está pagando dos coches a la vez mientras disfruta solo del último. El resultado es una cuota media de 944 dólares mensuales, unos 870 euros, que contrasta con los 715 euros al mes que abona el comprador sin lastre (777 dólares). Los intereses, además, castigan con dureza a quien menos margen tiene: pagan un 60 % más en intereses que el conductor sin deuda arrastrada, lo que se traduce en un sobrecoste cercano a los 6.000 euros durante la vida del préstamo.

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La paradoja es que el problema ha dejado de afectar solo a quienes se estiraron para comprar un modelo de lujo de rápida depreciación. Las cifras del sector indican que esta ola de equity negativo golpea también a compradores de Toyota Tundra, Ford F-150, Jeep Wrangler o Honda CR-V, vehículos que históricamente conservan mejor su valor. El responsable no es el modelo elegido, sino los plazos y los tipos de interés que se firmaron entonces y que ahora encarecen cualquier renovación.

La deuda del coche no se esfuma al cruzar la puerta del concesionario; simplemente se aplaza, y cuando vuelve a aparecer lo hace con los intereses de dos vehículos a cuestas.

Por qué los concesionarios también sufren la resaca

El atasco financiero no solo ahoga a los conductores. Los departamentos financieros de los concesionarios están dedicando más tiempo a cada operación para encontrar una entidad dispuesta a asumir el riesgo de un cliente con equity negativo. Según la información recopilada por las publicaciones del sector, este cuello de botella ralentiza todo el proceso de venta y deja a otros compradores esperando en la sala de exposición. La consecuencia inmediata es una caída en la capacidad de rotación de stock y, a medio plazo, un encarecimiento de la financiación para todo el mercado.

Desde el punto de vista del comprador, la situación se retroalimenta: quien no puede conseguir un préstamo nuevo se ve obligado a conservar su coche financiado a un tipo alto, lo que mantiene la deuda viva y dificulta aún más cualquier salida futura. El resultado es un círculo vicioso que ha llevado el equity negativo del 25 % a principios de año al 30 % en el segundo trimestre, y que los analistas del mercado norteamericano no ven signos claros de que vaya a remitir mientras los tipos de interés sigan elevados.

negative equity

Qué dice esta burbuja sobre el mercado global del automóvil

El caso estadounidense es extremo por la magnitud de los precios hinchados durante la pandemia y por una cultura de financiación que permite arrastrar deuda entre varios vehículos, algo poco habitual en Europa. Sin embargo, la tendencia merece una mirada atenta desde España. En nuestro país, el plazo medio de financiación ha superado los 72 meses en muchos segmentos, y los tipos de interés, aunque todavía lejos de los niveles norteamericanos, han encarecido las cuotas tras la retirada de los estímulos del Banco Central Europeo.

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Más allá de la coyuntura, lo que el mercado estadounidense recuerda es que cuando la financiación se convierte en un producto agresivo de venta, el riesgo se traslada al comprador y, en última instancia, a todo el sistema. Una política de concesión de crédito demasiado laxa y unos precios artificialmente altos generan una burbuja que termina por explotar en forma de impagos y pérdida de valor de los activos. El automóvil, lejos de ser una inversión, se convierte en una carga financiera que condiciona las decisiones del hogar durante años.

En Estados Unidos, el golpe ya está aquí: uno de cada tres compradores debe hoy más dinero del que vale su coche, y las entidades financieras empiezan a poner freno. El sector europeo, con sus propias reglas, observa desde la barrera un aviso que conviene no ignorar.

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