Ben Sulayem busca la presidencia vitalicia de la FIA y desafía las reglas de la Fórmula 1

La propuesta de eliminar los límites de mandato permitiría al emiratí perpetuarse en la presidencia más allá de 2029. La votación está prevista en la próxima Asamblea General.

La FIA se enfrenta a su mayor crisis de gobernanza desde la era Mosley si prospera la propuesta de Mohammed Ben Sulayem para eliminar los límites de mandato. El presidente de la Federación Internacional de Automovilismo ha puesto sobre la mesa una enmienda estatutaria que, de aprobarse, le abriría la puerta a una presidencia sin fecha de caducidad. La información, avanzada por la BBC, ha encendido todas las alarmas en el paddock de la Fórmula 1 y en el resto de categorías bajo el paraguas de la FIA.

Bajo las reglas actuales, un presidente puede cumplir un máximo de tres mandatos de cuatro años —los 12 años que Jean Todt, su predecesor, respetó escrupulosamente—. Ben Sulayem, reelegido sin oposición en 2024, terminaría su segundo periodo en diciembre de 2029. La nueva enmienda, que se votará el próximo mes en la Asamblea General, suprimiría cualquier límite temporal, argumentando que la estabilidad del organismo requiere un liderazgo sin restricciones.

La enmienda que borraría los 12 años de Jean Todt

La propuesta de presidencia vitalicia no es simplemente una extensión de mandato: elimina la barrera por completo. En el entorno del presidente se justifica comparando la estructura con la de la NFL, donde Roger Goodell ejerce sin límites temporales y, según ellos, con éxito comercial. Pero la analogía es forzada: la liga de fútbol americano es un negocio privado con propietarios, que tienen voz y voto, y su gobernanza está sujeta a estándares de transparencia que la NFL evita.

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El precedente inmediato es el propio Jean Todt. El francés, al frente de la FIA entre 2009 y 2021, también valoró en 2019 la posibilidad de eliminar los límites de mandato, pero la propuesta no pasó el filtro de la Asamblea. Ahora, con un presidente emiratí que controla con firmeza los órganos de decisión, el escenario es distinto. Si la enmienda sale adelante, Ben Sulayem podría liderar la Federación sin oposición durante décadas.

Blindaje a la carta: las nuevas barreras de entrada

Pero la enmienda no está sola. El paquete de reformas que se someterá a votación incluye un blindaje adicional para los aspirantes a la presidencia. A partir de ahora, cualquier candidato deberá acreditar experiencia previa dentro de los órganos internos de la FIA, un requisito que reduce drásticamente la cantera de aspirantes. Además, el plazo para registrar la candidatura y el equipo de vicepresidentes se duplica, pasando de 49 a 100 días antes de las elecciones.

El caso de Fabiana Ecclestone ilustra el juego de cerrojos. Para presentar una candidatura válida, los aspirantes deben designar un vicepresidente deportivo por cada región global. Ecclestone ocupa ese puesto como única opción sudamericana, alineada con la comitiva de Ben Sulayem. Cuando Tim Mayer o Laura Villars intentaron presentar su propia lista, el sistema les bloqueó el paso. Villars llevó el caso a los tribunales, pero no consiguió detener la reelección del emiratí.

La nueva norma no elimina rivales: los convierte en imposibles.

Las reformas no han sido aprobadas todavía. Deben pasar por el procedimiento de gobernanza de la FIA antes de la próxima elección de diciembre de 2029, cuando culmine el segundo ciclo de Sulayem. Si la Asamblea General de este verano da luz verde a los nuevos estatutos, el presidente tendrá vía libre para perpetuarse. Si los rechaza, su mandato caducará automáticamente en 2029, salvo que encuentre un sucesor a medida.

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Análisis de Impacto

La gobernanza de la FIA lleva años en entredicho. Los conflictos de interés, las decisiones arbitrarias sobre el reglamento técnico de la Fórmula 1 y la gestión de los escándalos de la temporada 2023 —desde la investigación a Susie Wolff hasta el caso Horner— han erosionado la credibilidad de la institución. Ahora, Ben Sulayem propone una huida hacia adelante que, bajo el argumento de la estabilidad, concentra un poder sin precedentes en sus manos.

No es la primera vez que un presidente de la FIA intenta prolongar su mandato. Max Mosley, entre 1993 y 2009, mantuvo a la federación bajo un control casi autocrático, aunque respetando formalmente las elecciones, que ganó siempre sin oposición tras la primera. La diferencia es que Mosley nunca tocó los estatutos para suprimir los límites; simplemente, no existían. Jean Todt los introdujo en 2013, y ahora Ben Sulayem quiere eliminarlos. La paradoja es evidente: quien más se ha beneficiado de la limitación temporal quiere acabar con ella.

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El modelo de la NFL, invocado por el entorno del presidente, es una cortina de humo. Goodell maneja una empresa privada con dueños claros; la FIA es una entidad sin ánimo de lucro que representa a 240 clubes y federaciones en 146 países. Trasladar el modelo de un comisionado sin contrapesos a una organización que regula la seguridad, el reglamento y las competiciones mundiales es un salto arriesgado. La UEFA y el COI, organismos comparables en el deporte, establecen límites máximos de mandatos precisamente para evitar la concentración de poder.

Creemos que la Federación Internacional de Automovilismo necesita una reforma de gobernanza. Pero no la que Ben Sulayem plantea. La federación debe reforzar la transparencia, limitar los conflictos de interés y abrir los procesos de candidatura, no cerrarlos. La propuesta actual, en lugar de modernizar, apuntala un liderazgo personalista sin horizonte de recambio. La Asamblea General tiene la última palabra el próximo mes; su voto definirá si la FIA sigue siendo una institución democrática o se convierte en un feudo.

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