China estrena el primer camión minero con batería de iones de sodio y 8.000 ciclos de vida útil. El volquete, firmado por Hina Battery y Tonly Heavy Industry, mueve 75 toneladas y recarga del 0 al 100% en 20 a 25 minutos.
El sodio sale del laboratorio y entra en la mina
El vehículo utiliza la base del TLE120, un volquete eléctrico diseñado para el transporte interior en explotaciones mineras. Según las especificaciones de Tonly Heavy Industry, admite 75 toneladas de carga nominal y una caja de hasta 40 metros cúbicos.
La tecnología ya se había presentado en 2025 como una solución específica para vehículos comerciales. Ahora aterriza en un uso real dentro de la mina Tangshan Sanyou, sin depender del litio.
Las celdas pertenecen a la familia Haixing de Hina Battery y alcanzan una densidad energética de 165 Wh/kg. Hina asegura que pueden operar entre -40 y 45 grados, una ventana térmica especialmente valiosa en minas a cielo abierto del norte de China, donde el frío castiga con dureza la autonomía de cualquier química.
La química de iones de sodio sustituye al litio por un material más abundante y barato. A cambio, entrega una densidad energética inferior a la de muchas celdas de litio; en un vehículo industrial, esa limitación se compensa mejor con recargas frecuentes y con una vida útil pensada para los ciclos de trabajo.
El paquete de 676 kWh puede parecer escaso frente a los 801 kWh de litio-ferrofosfato que ya utiliza el TLE120, pero la estrategia de Hina Battery es distinta: instalar menos energía por ciclo y compensarla con recargas rápidas y una agenda de cargas más intensa.
Ficha técnica esencial
- Capacidad de batería: 676 kWh de química sodio-ion, sin litio.
- Recarga: del 0 al 100% en 20 a 25 minutos, según Hina Battery.
- Ciclos de vida: más de 8.000 incluso con cargas rápidas frecuentes.
- Densidad energética: 165 Wh/kg en celda Haixing; operación entre -40 y 45 ºC.
- Plataforma: TLE120 de Tonly, 75 toneladas de carga y caja de 40 m³.
- Precio y disponibilidad: no comunicados por ahora.
Menos capacidad, más paradas: la estrategia del sodio

La versión con batería de sodio monta 676 kWh, frente a los 801 kWh de la variante con litio-ferrofosfato (LFP) del mismo TLE120. Son 124 kWh menos, una diferencia del 15,6% que en un turismo se leería como una penalización clara, pero que en una mina se gestiona con recargas más cortas y frecuentes.
El sodio no compite por autonomía máxima, sino por disponibilidad operativa. Hina Battery asegura que su sistema puede completar tres cargas diarias y mantenerse operativo alrededor de ocho años, aunque esas cifras deben confirmarse en condiciones reales de trabajo.
Con una vida de más de 8.000 ciclos, tres cargas diarias se traducen en más de siete años de uso intensivo, coherente con el horizonte operativo que maneja el fabricante. La materia prima también pesa en la ecuación: el sodio es mucho más abundante y barato que el litio.
En una mina los recorridos son repetitivos y la infraestructura de carga puede instalarse en la propia zona de operación, por lo que una parada de 20 a 25 minutos altera menos la productividad que en carretera. El dato no es anecdótico: supone menos batería instalada y más rotación durante la jornada.
En términos operativos, la ventaja no se mide solo en minutos: se mide en mantener el camión rodando durante una jornada completa. Si cada recarga devuelve el 100% en menos de media hora, la ventana de trabajo se agranda sin necesidad de sobredimensionar el paquete.
La batería de sodio no busca la máxima autonomía por ciclo, sino una jornada ininterrumpida al combinar recargas rápidas con una vida útil de más de 8.000 ciclos.
El verdadero examen empieza ahora
El camión arranca la operación con cargas reales para recopilar datos y preparar futuras evoluciones. Por ahora no se conocen el precio, el consumo, la potencia de carga, la disponibilidad comercial ni el número de unidades previstas.
Tampoco hay cifras comparables de coste por tonelada transportada frente a las versiones diésel y LFP. Sin ese dato, el proyecto debe leerse como una demostración de la tecnología en condiciones reales: el sodio tendrá que probar si su mayor vida útil y sus paradas cortas compensan su menor densidad energética.
La minería puede ser el banco de pruebas adecuado. En un camión minero, el peso y el volumen adicionales de una batería de sodio se gestionan con menos fricción que en un turismo, y la recarga frecuente forma parte de la operativa. La química del sodio estrena aquí una vía industrial distinta: menos energía almacenada, pero más barata, más robusta y más repetible.

