Hay una forma rápida de medir la locura en el mundo de las ediciones especiales: sumar libras y restar racionalidad. En 2017, Aston Martin pidió 70.000 libras adicionales por el Vantage GT8 respecto al Vantage de calle. ¿La contrapartida mecánica inmediata? Apenas 10 caballos extra. Sobre el papel suena a mal negocio, pero JayEmm on Cars decidió comprobar si los fans de este modelo tienen razón al defender que hay mucho más detrás de esa cifra.
La comparación con otras marcas no es casual. Porsche lleva años facturando con los GT3, GT3 RS y GT2; Ferrari lo ha hecho con sus versiones más radicales y McLaren con la serie Long Tail. Según el presentador, en Aston Martin miraron ese mapa y olieron negocio… o, mejor dicho, fibra de carbono. El GT8 no nació de la nada.
El origen: del GT3 al GT12 y al GT8
La historia, tal como la relata JayEmm on Cars, arranca con un Vantage GT3 de motor V12. Aston llegó a enviar unidades de ese prototipo a los concesionarios, pero Porsche no lo encajó bien y reclamó la denominación. Para evitar la batalla, el proyecto se transformó en el GT12, una bestia mucho más cara y limitada a 100 ejemplares. Después, según el relato del canal, el entonces CEO Andy Palmer se preguntó: si hacemos un GT12, ¿por qué no un GT8?
Así se llegó a un coche que parte de la ya bella carrocería del Vantage y la convierte en algo más agresivo. Pasos de rueda ensanchados, un alerón enorme, cortes laterales, llantas agresivas y neumáticos anchos. El GT12 era un asunto carísimo; el GT8, con un precio cercano a las 160.000 libras, seguía siendo mucho más caro que el Vantage base, disponible por debajo de las 100.000.
Qué cambia frente al Vantage de serie
La unidad probada es la número 122 de las 150 fabricadas. Está acabada en un verde precioso cuyo nombre exacto el presentador no supo confirmar, aunque confesó que le encanta. Más allá del color, la gran elección para los compradores era entre la caja automática Sportshift II de siete velocidades y una manual de seis. El ejemplar del vídeo monta la automática, una decisión que el probador entiende en un coche enfocado a circuito, aunque reconoce que el manual es el que los coleccionistas suelen preferir.
El interior mantiene la generación 3 del Vantage tardío, con asientos de baquet y unos paneles de puerta de fibra de carbono que el presentador calificó como la mayor diferencia respecto al coche estándar. Le gustaron tanto que confesó haber mirado un par para uno de sus propios coches, aunque el precio le disuadió. Aston anunció un aligeramiento de hasta 100 kilos con todas las opciones ligeras, incluidos cristales de metacrilato, pero incluso así el GT8 sigue superando la tonelada y media. Como coche de circuito, sigue pesando.
‘Siento que el motor está frenando al resto del coche. Y el resto del coche es muy bueno.’
— JayEmm on Cars
El escape es otro capítulo. Con el sistema opcional de titanio, una opción de 12.000 libras, el sonido es literalmente capaz de despertar a los muertos, según el canal. De hecho, el presentador duda de si le gusta estéticamente, pero admite que lanza un mensaje claro: este no es el Aston Martin del abuelo.
Motor y caja de cambios: luces y sombras
Aquí llegan las críticas más afiladas. El motor V8 de 4,7 litros entrega 440 caballos y 367 libras-pie de par, cifras que el presentador considera utilizables en carretera. Sin embargo, su carácter no le convence: lo describe como algo pesado, poco dispuesto a subir de vueltas, casi inaceptable en un coche que cuesta lo que cuesta. Según su lectura, el motor frena al resto del coche. Pone como contraste el V8 del Maserati GranTurismo, un propulsor que a su juicio se siente más vivo e interactivo.
La caja Sportshift II tampoco sale indemne. En modo automático es, en sus palabras, bastante desagradable. Con el modo Sport activado mejora: los cambios ascendentes a fondo son contundentes y los descendentes aceptables, pero exigen trabajar. El veredicto es un aprobado justo. JayEmm on Cars sostiene que para cuando el coche se produjo, Aston ya tenía a su alcance una mejora sencilla con la Sportshift III, y no la aplicó.
Aun así, hay matices: el puño de la palanca le dejó frío al principio, pero el conjunto termina encajando con el carácter del coche. Sobre la caja manual, su opinión es contundente: la palanca es innecesariamente pesada y el embrague poco comunicativo, incluso con mejoras de mercado.
En carretera: mejor de lo que cabía esperar
El GT8 tiene una puesta a punto firme. Muy firme a baja velocidad. Pero en cuanto empieza a rodar con ritmo, todo empieza a tener sentido. El presentador admite que le sorprendió gratamente: es un coche de carretera mucho mejor de lo que esperaba. La dirección, con un volante de tacto no especialmente rico, resulta agradable, y la carrocería se mueve un poco más de lo que uno imaginaría, algo lógico sobre una plataforma que ya cumple dos décadas.
Los frenos son, quizá, lo mejor del conjunto. JayEmm destaca un tacto de pedal excelente, ni demasiado firme ni ruidoso, fácil de modular. En cuanto al agarre, los Michelin Pilot Sport Cup 2 originales, con diez años y apenas 3.500 millas, siguen cumpliendo. El propietario, Simon, compró el coche por recomendación de su hijo Harry; antes solo tenía 500 millas. Para el presentador, eso es casi un crimen.
Eso sí, hay una paradoja: el escape opcional lo hace demasiado ruidoso para la mayoría de circuitos, así que un coche de vocación de pista puede acabar vetado en muchas de ellas.
Mercado y exclusividad: ¿una apuesta segura?
En precios, el GT8 ha aguantado mejor que la mayoría de Aston Martin modernos. El canal sitúa el rango actual entre 125.000 y 170.000 libras; ha perdido dinero respecto al precio nuevo, pero no se ha desplomado. JayEmm cree que, a diferencia de otros Aston contemporáneos, este podría romper la tendencia de mala inversión. Simon y Harry, padre e hijo lo compraron buscando un coche interesante que no perdiera demasiado valor y que se pudiera seguir conduciendo.
El presentador termina convencido de que el GT8 es mucho más especial de lo que su sobreprecio sugiere. No es perfecto, pero se gana el corazón. Y donde un 911 GT3 pasa desapercibido para el público, este Aston provoca reacciones constantes. El sonido, afirma, parece sacado de arrojar una caja de botellas de Coca-Cola al Monte del Destino. No debería encajar en un Aston Martin y, sin embargo, encaja.
Me queda una pregunta en el aire: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a pagar por rareza, presencia y carácter aunque la mecánica no esté a la altura? El GT8 es la prueba de que el corazón a veces vota con la libreta de cheques. Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de JayEmm on Cars en YouTube.


