Los aranceles sobre los coches en EE.UU. no remiten y el próximo rediseño del USMCA puede encarecer la producción local justo cuando Detroit intentaba recuperar aire. Ford y GM calculan que las nuevas reglas de contenido elevarán los costes en al menos 2.000 millones de dólares anuales por fabricante, según fuentes citadas por Reuters. La advertencia tiene un matiz paradójico: los más expuestos a la nueva exigencia son los que más han apostado por fabricar dentro del país.
La propuesta de la administración estadounidense exige un mínimo del 50% de contenido fabricado en Estados Unidos para acceder a aranceles reducidos. Al mismo tiempo, se baraja subir el umbral actual del 75% de contenido norteamericano que contempla el tratado. Ford, GM y Stellantis preparan una ofensiva de presión ante la próxima ronda de negociaciones con México.
2.000 millones adicionales por fabricante: un golpe sobre otro
La factura no parte de cero. GM espera gastos brutos vinculados a aranceles de entre 2.500 y 3.500 millones de dólares en 2026. Ford ha cifrado su impacto neto en unos 1.000 millones. Si las nuevas reglas se aprueban, dos fabricantes estiman que se sumarán al menos 2.000 millones anuales por cada compañía de Detroit.
Con esas cifras sobre la mesa, la asequibilidad de los vehículos volvería a resentirse. El margen para absorber costes sin tocar el precio final es cada vez más estrecho. De hecho, la propia estructura de proveedores hace casi imposible aislar el golpe en una sola planta.
Y aquí está el primer aviso: el sobrecoste no se limita al vehículo completo. Piezas, acero y aluminio entran en la misma ecuación arancelaria. El efecto se multiplica en cada eslabón de la cadena. Cosas que pasan en 2026.
El umbral del 50% y la paradoja de fabricar en casa
El argumento político parece sencillo: elevar el contenido estadounidense obliga a producir más dentro de EE.UU. La realidad industrial es bastante más compleja. Un coche ensamblado en Detroit depende de proveedores repartidos por Canadá, México y otras regiones. Cambiar un porcentaje no reubica físicamente a esos proveedores.
Cambiar un porcentaje arancelario no reubica proveedores; solo encarece la fidelidad a la producción local.
La regla puede crear incentivos, pero también distorsiones. Ford ya ha movido ficha: recientemente anunció que trasladará la producción de los Lincoln destinados al mercado estadounidense desde China a fábricas locales. Su CEO, Jim Farley, reconoció que la compañía comprendió rápido que la administración hablaba en serio con la relocalización industrial.
El gesto de Ford es una señal hacia dentro y hacia fuera. Hacia dentro, alinea a la compañía con la agenda de reindustrialización. Hacia fuera, manda un mensaje a los proveedores: o se mueven cerca de las plantas o quedarán fuera del esquema arancelario preferente.
La paradoja comercial que beneficia a los rivales extranjeros
Sin embargo, los Tres Grandes tienen una queja adicional. Puede que sus competidores extranjeros tengan un camino arancelario más limpio. El American Automotive Policy Council sostiene que los fabricantes japoneses, surcoreanos y europeos que exportan a EE.UU. pagan un arancel plano del 15%, mientras que los productores locales navegan por una red más confusa de gravámenes sobre vehículos, piezas, acero y aluminio.
Esa asimetría distorsiona el objetivo original del USMCA. Un tratado concebido para reforzar la producción norteamericana puede acabar premiando a quien importa desde Asia o Europa con una tarifa más sencilla, y castigando a quien asume el coste político y financiero de fabricar en casa.
La negociación llega con Detroit ya tocado por un año de absorción de aranceles, desplazamientos de producción y recortes de costes. La industria se mueve entre dos fuerzas: la presión política por reindustrializar y la realidad de una cadena de valor que no entiende de fronteras.
Análisis de Impacto
- Dato de mercado: los costes arancelarios brutos de GM en 2026 oscilan entre 2.500 y 3.500 millones de dólares; Ford calcula unos 1.000 millones netos. Son cifras con capacidad de erosionar márgenes en un ejercicio ya complejo.
- El rumor: la exigencia del 50% de contenido estadounidense se está negociando en paralelo al debate sobre los vehículos chinos. La sensación en Detroit es que la política comercial estadounidense se endurece por varios flancos a la vez.
- Veredicto: la propuesta del USMCA no es una simple actualización técnica. Si se aprueba en esos términos, encarecerá los coches en EE.UU. y beneficiará a los rivales extranjeros que exportan con tarifa plana.

