HWA ha anticipado un restomod sobre el AMG Hammer: el Mercedes W124 que en 1986 convirtió a AMG en leyenda.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: HWA, la firma fundada por Hans Werner Aufrecht, trabaja en una reinterpretación del Mercedes W124 conocido como Hammer, el modelo que consagró a AMG como preparador independiente antes de su integración en Mercedes-Benz.
- No te lo puedes perder: el avance publicado en Instagram muestra la silueta original con faros y pilotos LED, el mismo puente entre época y tecnología que la casa tendió en el HWA Evo, su reinterpretación del 190E Evo con V6 turboalimentado.
- Cifras y datos: el Hammer original recurrió al V8 de 6.0 litros de AMG, con más de 360 CV declarados en la época, sobre la carrocería de una berlina W124. HWA no ha desvelado todavía la mecánica de su restomod.
Un avance con faros LED y silueta reconocible
La firma alemana ha publicado en Instagram la primera imagen de su próximo proyecto, y basta la silueta para identificar el coche: la línea recta y el vano alargado del W124, aquí con faros y pilotos de tecnología LED. Es el mismo recurso que HWA empleó en el HWA Evo, donde la iluminación delata el trabajo moderno sin traicionar el volumen original.
El texto que acompaña al avance pertenece al terreno de la declaración de intenciones. HWA habla de regresar a ‘otro capítulo extraordinario de nuestra herencia técnica’ y de mantenerse ‘fiel a los orígenes’ mientras explora ‘las posibilidades de la tecnología moderna’. Traducido al lenguaje del taller: la carrocería será la de siempre y lo que cambie irá por dentro, donde no se ve.
De la mecánica no hay una sola palabra. HWA no ha confirmado cilindrada, arquitectura ni potencia, y a la pregunta de Road & Track la firma respondió que habrá más información en las semanas siguientes. La lógica invita a pensar en un V8 —el Hammer fue, ante todo, un ejercicio de cilindros—, pero el precedente del Evo, resuelto con un seis cilindros turboalimentado, deja la puerta abierta a cualquier solución.
1986: la berlina que avergonzó a los deportivos
Conviene recordar qué fue el Hammer. A mediados de los ochenta, AMG era todavía una casa independiente —fundada a finales de la década anterior por Hans Werner Aufrecht y Erhard Melcher— que se había labrado el prestigio en el campeonato alemán de turismos y en la preparación de motores. El W124 fue su escaparate más ambicioso: la berlina media de Mercedes, transformada sin pudor.
La receta era simple de enunciar y compleja de ejecutar: introducir el V8 de la serie M117 en el vano de un coche que había nacido para seis cilindros. AMG llegó a 6.0 litros y declaró más de 360 CV, cifras que la propia casa revisó según mercados y versiones. El resultado justificó el apodo antes que cualquier folleto: de ahí Hammer, martillo.
El Hammer demostró que una berlina de representación podía humillar a un deportivo puro sin renunciar al cuero, al climatizador ni al asiento trasero.
Las prestaciones que se publicaron entonces situaban al coche en territorio de motor central: se le atribuyó una punta cercana a los 300 km/h y aceleraciones que dejaban en evidencia a máquinas mucho más caras. No era un coche de circuito con matrícula, sino una berlina de representación con plazas traseras utilizables. Ahí residía, y aún reside, su anomalía.
Cuántos se construyeron es una pregunta sin respuesta solvente. La producción del Hammer se contó por decenas, repartida entre conversiones completas y kits aplicados a coches de clientes, y la documentación de la época no permite una cifra cerrada. Según la tradición del modelo, aún sin confirmación documental, apenas un puñado de unidades conserva hoy su configuración original y su motor de fábrica.
Lo que HWA se juega con el apellido Hammer
Hay un detalle que separa este proyecto de la mayoría de los restomods: la legitimidad del apellido. Hans Werner Aufrecht fundó AMG y, al desvincularse de ella, creó HWA, una firma de ingeniería y competición cuyas iniciales son las suyas. Cuando HWA dice que revisita su propia herencia, no hace marketing de catálogo: abre su archivo.
El precedente del Evo marca el camino y también los límites. Aquel proyecto demostró que la casa sabe reconstruir una silueta icónica con chasis, frenos y electrónica contemporáneos sin que el resultado parezca un ejercicio de estilo. Fijó además el modelo de negocio: series muy cortas, precio de superdeportivo y un comprador que ya tiene el original o no lo tendrá nunca.
Lo que la firma llama ‘posibilidades de la tecnología moderna’ admite muchas lecturas. En un W124, la rigidez torsional, la dirección y los frenos son los tres frentes donde una actualización se nota y donde un exceso se delata de inmediato. La experiencia del Evo apunta a refuerzos discretos, suspensiones contemporáneas y una electrónica que no asome.
Sustituir el V8 por un seis cilindros sería coherente con la ingeniería actual y herético con la memoria del modelo. El Evo admitía un turbo porque el 190E de competición también lo llevaba; el Hammer, en cambio, se define por el V8. Ahí se decide si esto es una reencarnación o un homenaje.
El mercado observa con interés. El W124 deportivo ha vivido una revalorización sostenida en la última década, con el 500E construido por Porsche como referencia de cotización, y el Hammer ocupa el lugar del mito fundacional: pocas unidades, documentación escasa y una reputación que se transmite de boca en boca. Un restomod firmado por HWA no compite con esos coches; los consagra y arrastra su cotización hacia arriba. No es casualidad que la casa haya elegido su propio nombre para avalarlo.
Queda la pregunta que nadie responde antes de tiempo: cuánto costará y cuántas unidades habrá. HWA no ha publicado cifras ni calendario cerrado, y su manera de dosificar la información apunta a un anuncio escalonado. Cuando llegue el coche completo, convendrá mirar dos cosas: qué hay bajo el capó y qué se ha conservado del original.
Mientras tanto, el avance cumple su función. Una silueta, dos faros y una frase bastan para devolver al Hammer al centro de la conversación, cuarenta años después de que una berlina alemana decidiera que la potencia no estaba reñida con el traje. HWA ya sabe cómo termina esto: lo escribió la primera vez.

