La enésima decisión controvertida de los comisarios de la FIA en el Gran Premio de Austria carga de razones a un Fernando Alonso que ya no oculta su sarcasmo.
Una bandera amarilla que todos vieron… menos los comisarios
George Russell marcó la pole position en Austria flagrantemente ignorando una bandera amarilla ondeada por el accidente de Max Verstappen, pero la dirección de carrera ni siquiera abrió una investigación. La acción, que le regaló la primera posición de parrilla y una ventaja decisiva el domingo, fue vista por todos los pilotos. Las actas de los comisarios no recogen ningún análisis de esa vuelta.
La maniobra de Russell fue aún más rentable porque, al levantar ligeramente el pie antes de la curva, recargó energía para aprovechar al máximo la recta. En teoría, debería haber abortado la vuelta, como sí hizo su compañero de equipo, Kimi Antonelli. Sin embargo, los comisarios miraron hacia otro lado.
Alonso, el blanco fácil de las investigaciones post-carrera

Fernando Alonso, que concluyó la carrera en última posición, doblado tres veces, fue el señalado por los comisarios. Le llamaron a declarar por, supuestamente, haber ignorado una bandera azul mientras dejaba pasar a un coche que le doblaba. “Ahora iré para allá. Lo mismo me meten tres minutos de sanción”, declaró el asturiano con visible ironía.
El comentario de Alonso no fue inocente. Apostilló: “Ya se vio ayer con la bandera amarilla…”, en clara alusión a la impunidad de Russell. La comparación caló en el paddock.
Además de ese susto, Alonso recibió una penalización de cinco segundos por exceso de velocidad en el pit lane durante la carrera. Cosas de la FIA, vino a decir.
La coherencia no es el fuerte de los comisarios de la FIA. Russell se llevó la pole sin castigo; a Alonso le investigaron tras la carrera por una bandera azul.
El enfado del paddock: de Verstappen a Vasseur
La perplejidad no se limitó a Alonso. Durante la carrera, cuando a Max Verstappen le notificaron por radio que había una bandera amarilla, el holandés respondió con sorna: “Eso significa que debo ir a fondo, ¿no?”. La alusión a lo que hizo Russell después de su propio accidente no pasó desapercibida.
En Ferrari, la indignación fue aún mayor. Charles Leclerc aspiraba a la pole, y el ilícito de Russell les arrebató la primera fila. Frédéric Vasseur, jefe de equipo, lanzó una acusación directa: “Estas decisiones parece que siempre caen del lado de Mercedes”. Una sospecha que, a la luz de los precedentes, encuentra cada vez más eco.
Análisis de Impacto Motor16: cuando la credibilidad arbitral peligra
El suceso de Austria no es un caso aislado. La historia reciente de la Fórmula 1 está salpicada de decisiones que favorecen sistemáticamente a determinados equipos o nacionalidades. En 2021, el final de temporada en Abu Dabi dejó una cicatriz profunda en la credibilidad del reglamento. La FIA prometió entonces un cuerpo de comisarios profesional y transparente, pero episodios como el de este domingo demuestran que el doble rasero sigue vigente.
La comparación entre la falta a la bandera amarilla de Russell —una omisión grosera, captada por las cámaras y la telemetría— y la minucia de una bandera azul que investigan a Alonso después de la carrera resulta hiriente. El primero se llevó la pole y la victoria sin inmutarse; el segundo, que rodaba último, fue llamado a declarar por un tecnicismo que apenas influye en el resultado. ¿Dónde queda la proporcionalidad?
El paddock no es ajeno a esta queja. La sospecha de favoritismo hacia equipos con sede en el Reino Unido —Mercedes, McLaren, incluso Red Bull— se arrastra desde hace décadas, y cada decisión como la de Austria la aviva. Si la FIA no establece criterios de aplicación homogéneos y públicos, corre el riesgo de convertir el campeonato en un espectáculo donde el reglamento parece negociable.
La próxima cita en Silverstone puede ser un termómetro. Ante su público, los comisarios tendrán la oportunidad de aplicar la misma vara para todos. Si no lo hacen, la credibilidad del organismo sufrirá un desgaste difícil de reparar. Alonso, con su sarcasmo, ha puesto el foco donde duele, y el tiempo dirá si su ironía fue solo un desahogo o el anticipo de una tormenta.

