Conducir de noche es algo más ‘engañoso’ que hacerlo de día, porque suele haber menos tráfico, menos luces y la carretera nos puede invitar a relajarnos más de la cuenta. Sobre todo si acumulamos cansancio y llevamos bastantes horas despiertos.
¿Crees que las luces largas son la solución perfecta? A priori, nos dan algo más de alcance, más visibilidad al iluminar más lejos y más margen de reacción. O eso parece, porque no siempre las usamos bien.
No es que la gente no sepa para qué sirven las largas. Es que no miden bien cuándo usarlas, y eso influye mucho en la seguridad vial», explica Javier, técnico de movilidad.
1Luces largas: ¿cuándo ayudan y cuándo es mejor no usarlas?
Las luces largas están diseñadas para iluminar lo máximo posible cuando no hay nadie delante ni vienen otros coches de frente. El haz llega mucho más lejos que el de las luces de cruce, lo que permite anticipar curvas, obstáculos e incluso la presencia de animales en la vía.
Son especialmente útiles en tramos de autovía sin iluminación artificial o en carreteras secundarias cerradas. La parte negativa es que deslumbran a otros conductores.
Si un coche viene de frente, ya sea por el carril contiguo o al otro lado de la mediana, incluso si recibe la luz por los retrovisores, el haz directo de luces largas le puede hacer perder visibilidad durante unos segundos. Por eso, la norma dice que en cuanto aparece otro vehículo, ya sea en sentido contrario o delante en el mismo carril, hay que desactivar las luces largas.
De hecho, ya hay coches modernos con luces largas automáticas que las ponen o las quitan según detectan oscuridad total o la presencia de otro vehículo en la vía. «Muchos conductores aplican la regla, pero no el criterio, y se cometen muchos errores«, reconoce Javier.

