El Rolls-Royce 40/50 H.P. se presentó en el Salón del Automóvil de Olympia, en Londres, en noviembre de 1906. Fue uno de los automóviles más avanzados de su tiempo, con un motor de seis cilindros de funcionamiento suave y una fiabilidad poco habitual, fruto del empeño de Henry Royce por superar las limitaciones mecánicas del automovilismo primitivo. Su atención al detalle abarcaba desde los componentes mecánicos hasta el refinamiento y el comportamiento dinámico.
Claude Johnson, primer director gerente comercial de la compañía y conocido como CJ, entendió la importancia de demostrar esas cualidades en público. Bautizó con nombres propios algunos ejemplares, y el más célebre fue el chasis 60551, al que llamó «The Silver Ghost». Con pintura plateada y accesorios bañados en plata, adquirió tanta fama que otros propietarios empezaron a llamar Silver Ghost a su 40/50 H.P., y con el tiempo el nombre se extendió a todos los Rolls-Royce de este tipo.

Bajo la dirección de CJ, el modelo participó en numerosas pruebas y competiciones: el Scottish Reliability Trial, la célebre carrera Londres-Edimburgo, la victoria en el Gran Premio de España y el Austrian Alpine Trial. Estos resultados ofrecieron pruebas sólidas de su calidad de ingeniería y ayudaron a generar confianza entre los clientes que realizaban una inversión considerable en un automóvil, en una época en la que el motor era aún algo nuevo.
El chasis 1701, «The Sluggard»
Uno de los ejemplares más destacados es el chasis 1701, apodado «The Sluggard» -el haragán. por CJ, que se exhibe actualmente en la sede de Rolls-Royce en Goodwood. Construido en Derby para el Londres-Edimburgo de 1911 y conducido por el piloto de pruebas Ernest Hives, completó la prueba con la caja de cambios bloqueada en la marcha más larga durante todo el recorrido. Logró una velocidad media de 19,59 mph y un consumo superior a 24 mpg, cifras que superaron las marcas previas de Napier.
Ese mismo año alcanzó 78,2 mph -125 km/h- en una prueba de media milla y, equipado con una carrocería aerodinámica, llegó a 101,8 mph -163 km/h- en Brooklands, con lo que se convirtió en el primer Rolls-Royce en superar las 100 mph.

Lo que se dijo de este coche en su época
La prensa de la época dejó constancia de la estima que despertaba. El Dundee Chronicle describió a Rolls-Royce como un estándar de diseño en una clase propia, y Country Life lo calificó como la quintaesencia de lo que debe ser un automóvil. Los propietarios se mostraron igualmente entusiastas. Un cliente que había recorrido 30.000 millas por carreteras francesas sin problemas de motor dejó su testimonio, reproducido en Punch, y W. H. Johnson declaró en The Financial News que ya existía un coche perfecto.
Entre sus propietarios se cuentan el pionero de la aviación y regatista Tommy Sopwith; Paris Singer, uno de los 27 hijos del magnate de las máquinas de coser; el financiero barón Alfred de Rothschild; Lord Pirrie, presidente de los astilleros Harland & Wolff; el compositor Sir Hubert Parry; Sir Winston Churchill; y el aviador y productor cinematográfico estadounidense Howard Hughes.
También obtuvo la confianza de casas reales. En 1911, el Gobierno de la India encargó ocho Silver Ghost con carrocería landaulette para los actos de la visita del rey Jorge V y la reina María, y Rolls-Royce aportó los conductores. Esta acogida contribuyó a que se le considerase «el mejor coche del mundo», expresión asociada por primera vez a Lord Montagu of Beaulieu y que acabó siendo sinónimo de la marca.

Más allá de sus logros públicos, el Silver Ghost formó parte de la vida de sus dueños. La cantante de ópera Dame Nellie Melba recibió su unidad de 1911, chasis 1500, en el Hotel Ritz de Londres, y la utilizó en Gran Bretaña, Francia y Australia, donde su comodidad y fiabilidad se adaptaban a sus largos viajes. En Australia, Charles H. Angas bautizó su ejemplar como «The Dreamer» (el soñador), porque su esposa se dormía con frecuencia durante los trayectos, un reconocimiento a la suavidad de marcha del modelo.
El Silver Ghost también participó en el nacimiento de otro símbolo de la marca. El de Lord Montagu of Beaulieu fue el primer automóvil en lucir el Spirit of Ecstasy, obra del escultor Charles Sykes e incorporada como mascota oficial de Rolls-Royce en 1911.
Un legado que perdura
En The Edwardian Rolls-Royce (Fasal & Goodman, 1994), el tercer Lord Montagu of Beaulieu reflexionó sobre lo que distinguía al Silver Ghost de sus contemporáneos: una sofisticación técnica sin excesiva osadía, una amplia variedad de carrocerías y un aspecto ligero sin fragilidad, elegante sin excesos. Concluyó que su era había quedado atrás, pero que fijó estándares de calidad y lujo que persisten hoy.
Muchos propietarios siguen conduciéndolo. En 2013, 47 Silver Ghost repitieron los 1.800 millas del Alpine Trial de 1913, entre ellos el chasis 1701 y uno de los coches originales del equipo. En 2021, el chasis 1701 volvió a completar el trayecto Londres-Edimburgo con la caja bloqueada en la marcha más larga, igual que 110 años antes.

El 40/50 H.P. se produjo entre 1906 y 1925. Se fabricaron 6.173 unidades en Gran Bretaña y otras 1.703 en la planta estadounidense de Rolls-Royce en Springfield (Massachusetts). En 1927 se entregaron además diez chasis para vehículos blindados. Su chasis admitía carrocerías muy variadas, desde limusinas de gala hasta torpedos abiertos, con una suspensión adaptada a cada configuración.
Durante la Primera Guerra Mundial, varios chasis se adaptaron para uso militar, entre ellos los coches blindados que empleó T. E. Lawrence, Lawrence de Arabia, quien elogió su fiabilidad. La reina María de Rumanía también utilizó un Rolls-Royce en su labor humanitaria con heridos y hospitales militares. Hoy, muchos ejemplares de este legendario británico superan el siglo de vida y siguen en uso, con el apoyo de una red de restauradores especializados y organizaciones de motor histórico.
Imágenes Rolls-Royce Silver Ghost 120 años
Fotos: Rolls-Royce







