Hablar de Range Rover es hacerlo de una de las sagas más influyentes en la historia del automóvil. Durante más de medio siglo, este modelo ha definido el concepto de todoterreno de lujo, resistiendo el paso del tiempo y la llegada de innumerables rivales que, pese a sus avances, nunca han logrado arrebatarle su estatus de referencia.
Desde su debut en 1970, el Range Rover ha construido una trayectoria marcada por la continuidad y la evolución medida. No en vano, en 56 años de historia, la marca de Solihull apenas ha desarrollado cinco generaciones.
La primera, posteriormente conocida como Range Rover Classic, se mantuvo en producción hasta 1996, conviviendo en sus últimos años con la segunda generación (P38A), lanzada en 1994. A partir de ahí, el modelo evolucionó con la tercera generación (L322) en 2001, la cuarta (L405) en 2012 y, más recientemente, la quinta entrega (L460), presentada en 2022.

A diferencia de muchos de sus competidores, cada vez más orientados al uso exclusivo en asfalto, el Range Rover ha sabido preservar su esencia dual. Por un lado, ofrece un nivel de confort y refinamiento comparable —e incluso superior— al de muchas berlinas de alta gama; por otro, mantiene unas capacidades off-road que siguen siendo referencia dentro del segmento. Esta combinación ha sido clave para consolidar su posicionamiento como un producto único.
De cara a los próximos meses, todo apunta a la llegada de una actualización del actual Range Rover L460. Inicialmente prevista para finales de este año, es más que probable que su presentación se retrase hasta 2027, en línea con los largos ciclos de vida habituales en la marca. Sirva como ejemplo la generación anterior (L405), que permaneció en el mercado durante una década, recibiendo diversas actualizaciones a lo largo de su vida comercial.
En el caso del modelo actual, las mejoras introducidas hasta ahora han sido relativamente discretas, centradas en la evolución del sistema multimedia, la optimización del interior y ajustes en la gama mecánica. Sin embargo, las últimas unidades de pruebas cazadas sugieren que la próxima actualización también traerá consigo cambios en el diseño exterior.

La presencia de salidas de escape visibles confirma que, al menos en esta fase, el modelo seguirá contando con motorizaciones de combustión interna. Esto no supone ninguna sorpresa, ya que la esperada versión 100 % eléctrica del Range Rover todavía no ha sido presentada oficialmente, pese a haber sido anunciada en varias ocasiones por la marca.
En cuanto a la oferta mecánica, no se anticipan cambios drásticos. La gama actual continuará previsiblemente basada en motores electrificados, tanto diésel como gasolina, apoyados por sistemas de hibridación ligera o configuraciones híbridas enchufables. En diésel, destacan las variantes D300 y D350; en gasolina, las versiones P530 y P615; mientras que la oferta híbrida enchufable se articula en torno a los P460e y P550e. En todos los casos, la denominación comercial hace referencia a la potencia combinada del sistema.

Por su parte, la estructura de acabados seguirá la lógica habitual de la marca, con los niveles SE, HSE, Autobiography y SV. Este último se posiciona como la opción más exclusiva y prestacional, asociada al motor V8 biturbo de 4.4 litros y 615 CV, una configuración que refuerza el carácter más lujoso y dinámico del modelo.
En definitiva, el Range Rover encara su próxima actualización fiel a su filosofía: evolucionar sin romper con su identidad. Un enfoque conservador, pero eficaz, que le ha permitido mantenerse durante décadas como el estándar frente al que se mide todo el segmento de los SUV de lujo.
Galería de imágenes espía del Range Rover 2027
Fotos: SHProshots
















