La venta de Ducati por parte de Volkswagen moviliza a los sindicatos

Los representantes de los trabajadores en Italia y Alemania buscan garantías ante la posible operación. Ducati facturó 925 millones en 2025 y es uno de los activos más rentables del grupo alemán.

El rumor que llevaba semanas circulando ha adquirido una dimensión muy distinta. La posible venta de Ducati por parte del Grupo Volkswagen ya no es un tema de aficionados ni de tertulias financieras: los sindicatos de Italia y Alemania han decidido intervenir. Cuando los representantes de los trabajadores piden explicaciones, el mercado interpreta que la operación es mucho más que una hipótesis de despacho. Y eso, cuando hablamos de uno de los activos más rentables del sector, cambia todas las reglas.

La paradoja es evidente y casi insultante. Ducati no es un lastre para Volkswagen; de hecho, puede ser una de sus mejores soluciones. Durante tres ejercicios consecutivos la marca superó los 1.000 millones de euros de facturación y en 2025 cerró con unos 925 millones de euros, según los datos que maneja el grupo. No es una empresa en dificultades, sino un fabricante de motocicletas con una imagen deportiva envidiable —reforzada cada temporada en MotoGP y WorldSBK—, capacidad para mantener precios elevados y una identidad que trasciende fronteras. En un momento en el que Volkswagen sigue buscando fórmulas para optimizar su estructura financiera, Ducati es, precisamente, una de las joyas más codiciadas del grupo. ¿Por qué desprenderse de ella? La respuesta está en la necesidad de liquidez y en las apuestas estratégicas que el gigante alemán debe hacer en otras áreas.

Una rentabilidad que no cuadra con la venta

Las cuentas de Ducati hablan de una empresa sólida, pero también de una industria que está cambiando. La facturación se ha moderado ligeramente respecto a los años récord —los 925 millones de 2025 están por debajo de aquellos ejercicios—, pero el margen operativo sigue siendo saludable. Y eso es lo que hace atractiva a la compañía para cualquier comprador. No es una marca cualquiera: es Ducati, un nombre que se vende solo y que, a diferencia de otras divisiones del grupo, no compite contra sí misma ni contra rivales chinos en un segmento de volumen. La firma de Borgo Panigale compite contra ella misma; su mayor rival es su propia historia y la expectativa de sus clientes.

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Sin embargo, el valor de Ducati también es el problema. Si Volkswagen decide vender, el precio de la operación será muy elevado, y eso exige un comprador con músculo financiero y un plan industrial claro. Los sindicatos lo saben. Por eso, según ha publicado el Corriere della Sera, representantes italianos y alemanes ya han iniciado contactos con la matriz para conocer la situación real. No hablan de despidos inmediatos —nadie contempla ese escenario ahora mismo—, pero sí de lo que puede ocurrer si Ducati sale del paraguas del mayor grupo automovilístico de Europa.

El valor de Ducati es tan alto que cualquier cambio de manos altera el equilibrio financiero de la operación y la tranquilidad de la plantilla.

El temor a perder el paraguas de Volkswagen

La inquietud sindical tiene un fundamento muy concreto. El sector de la moto afronta una etapa especialmente exigente: normativas medioambientales cada vez más estrictas, la necesidad de invertir cantidades masivas de dinero en nuevas tecnologías y una competencia asiática que aprieta sin descanso. Hasta ahora Ducati ha contado con el respaldo financiero de un gigante, y eso le ha permitido afrontar la transición con cierta holgura. Pero un hipotético nuevo propietario debería ofrecer esa misma estabilidad a largo plazo, y no está claro que todos los candidatos estén en disposición de hacerlo. No es un tema menor: estamos hablando de miles de empleos directos y de una red de proveedores muy especializada.

Aunque Volkswagen no ha confirmado oficialmente la operación, el hecho de que los sindicatos hayan dado el paso evidencia que el mercado se toma el asunto mucho más en serio de lo que parecía hace solo unas semanas. Y mientras tanto, Ducati funciona con absoluta normalidad. Una normalidad que, en el fondo, es su mejor argumento de venta.