La transición hacia la movilidad eléctrica avanza a distintas velocidades en el mundo. Mientras algunos países se acercan rápidamente a un ecosistema plenamente preparado para el coche eléctrico, otros todavía están dando los primeros pasos. Esta es una de las principales conclusiones del informe ‘Puntuación de madurez en transición energética’ elaborado por Arval Consulting, un análisis que mide el grado de preparación de los mercados para adoptar vehículos eléctricos a partir de indicadores cuantitativos clave.
El estudio evalúa aspectos como la paridad del coste total de propiedad entre vehículos eléctricos y de combustión, la disponibilidad de infraestructuras públicas de recarga, la cuota de mercado de los eléctricos en ventas y flotas, la intención de adopción por parte de empresas y consumidores, así como el grado de descarbonización de la producción eléctrica. El resultado es un índice de madurez que permite comparar países y regiones.
Europa, referencia global

Con una puntuación media de 50 sobre 100 —catorce puntos más que en 2024— Europa se sitúa como la región más avanzada del mundo en la transición hacia la movilidad eléctrica. Sin embargo, el mapa europeo revela una clara brecha geográfica.
Los países del norte y del oeste del continente encabezan la clasificación del coche eléctrico gracias a políticas públicas ambiciosas, fuertes incentivos y redes de carga densas y bien distribuidas. Noruega lidera el ranking mundial con 81 puntos, consolidando su papel como laboratorio de la electrificación (aquí más información). Le siguen Países Bajos con 68 puntos y Bélgica con 63, mientras que Reino Unido alcanza los 59 puntos. Dinamarca, Suecia y Luxemburgo completan el grupo de países plenamente preparados para la adopción masiva de vehículos eléctricos.
En el segundo escalón aparecen mercados que ya están preparados para una convivencia entre eléctricos puros e híbridos enchufables. Francia lidera este grupo con 58 puntos, seguida de Alemania, Austria y Portugal con 55, Suiza con 54 y Finlandia con 51.
España, a medio camino

España se sitúa en la tercera categoría del índice, definida como “avanzado en la transición y listo para una combinación de eléctricos y motores de combustión interna”. Con 51 puntos, encabeza este grupo por delante de Italia (48), Lituania (47), Rumanía y Turquía (46), o Grecia, Letonia e Irlanda (45).
La puntuación española refleja una realidad compleja. Por un lado, destaca el excelente resultado en paridad de coste total de propiedad —91 sobre 100— que indica que, desde el punto de vista económico, el vehículo eléctrico ya puede competir con el de combustión en determinadas condiciones. También sobresale el alto nivel de descarbonización del sistema eléctrico, con 84 puntos, un factor clave para que la movilidad eléctrica tenga un impacto real en la reducción de emisiones.
Sin embargo, otros indicadores muestran los retos pendientes. El peso de los eléctricos en la flota total es todavía muy reducido, con apenas 4 puntos sobre 100, mientras que las entregas y registros acumulados alcanzan solo 9 puntos. La infraestructura pública de recarga también sigue siendo una asignatura pendiente, con una puntuación de 15 sobre 100.
El informe también recoge la percepción de las empresas a través del Barómetro AMO, que sitúa la intención de introducir vehículos eléctricos en flotas en un nivel relativamente elevado: 59 sobre 100.
China marca el ritmo en Asia

Fuera de Europa, el liderazgo en movilidad eléctrica corresponde claramente a China, que alcanza una puntuación de 58 puntos. El país asiático domina la producción de vehículos eléctricos y baterías a nivel mundial y concentra una parte muy significativa de la inversión global en esta industria.
Las tasas de adopción son altas en comparación con otros mercados y la infraestructura de recarga continúa expandiéndose con rapidez. Todo apunta a que China seguirá liderando la preparación global para el coche eléctrico gracias al fuerte respaldo político y a una industria orientada a la exportación.
En el sudeste asiático, la situación es más heterogénea. La propiedad de eléctricos todavía ronda el 11% en algunos mercados clave, aunque el interés de los consumidores es elevado. Singapur destaca como el país mejor preparado de la región, mientras que economías como Filipinas o Indonesia siguen afrontando limitaciones de infraestructura y suministro.
India y otros mercados emergentes presentan un enorme potencial de crecimiento, aunque parten de una base todavía muy baja y con redes de carga limitadas.
Un continente americano desigual

En América del Norte, Estados Unidos y Canadá alcanzan una media de 42 puntos. La adopción de coche eléctrico está creciendo, impulsada por incentivos federales y programas de infraestructura, aunque el avance es desigual entre estados y provincias.
La red de recarga sigue expandiéndose, pero aún se encuentra por detrás de Europa y China en términos de densidad y facilidad de uso. Además, los cambios en las políticas públicas pueden influir en el ritmo de desarrollo del mercado.
Latinoamérica presenta una puntuación media de 32 puntos. En muchos países, la electrificación avanza lentamente debido a factores como el precio del coche eléctrico, la limitada infraestructura y una menor prioridad política. Aun así, algunos mercados muestran señales de interés que podrían acelerar la transición en los próximos años.
Oriente Medio avanza, África espera
El informe también destaca la evolución desigual del coche eléctrico en Oriente Medio. Israel, con 66 puntos, obtiene la tercera mejor puntuación mundial y se sitúa como uno de los mercados más avanzados. Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí también están acelerando su preparación gracias a objetivos nacionales y planes de expansión de la infraestructura de carga.
En contraste, África todavía se encuentra lejos de una adopción significativa del coche eléctrico. Las limitaciones de infraestructura, la capacidad reducida de las redes eléctricas y la escasez de estaciones de carga condicionan el desarrollo del mercado. No obstante, algunos proyectos piloto —como iniciativas de intercambio de baterías en Nigeria— apuntan a posibles vías de innovación.
En este contexto global de transición desigual, España se encuentra en una posición intermedia: con bases sólidas para avanzar, pero con el desafío de acelerar el despliegue de infraestructuras y políticas que permitan consolidar la movilidad eléctrica como una alternativa real y masiva.


