Polestar ha decidido no recurrir la prohibición que le impide vender coches en Estados Unidos, una medida impuesta por las autoridades comerciales estadounidenses debido a los estrechos vínculos de la marca con el grupo chino Geely. La red de 32 concesionarios que la compañía había tejido en el país ve cómo su inversión se esfuma sin posibilidad alguna de compensación.
El veto, que entró en vigor en el primer semestre de 2026, afecta a los fabricantes de vehículos en los que una entidad china posea más del 15 % del capital. Polestar, propiedad mayoritaria de Geely, supera con holgura ese umbral, lo que llevó a la administración estadounidense a aplicar la restricción comercial. Tras semanas de conversaciones con los responsables políticos, la firma sueca reconoce que cualquier apelación tendría escasas posibilidades de prosperar.
Un portavoz de la compañía ha confirmado que mantuvieron un «diálogo significativo» con las autoridades, pero que el marco normativo deja poco margen para la negociación. La decisión de no recurrir cierra definitivamente la puerta del mercado estadounidense a una marca que aspiraba a competir con Tesla en el segmento eléctrico premium.
La frustración se concentra ahora en los 32 puntos de venta franquiciados que Polestar había inaugurado en diversos estados. Estos concesionarios invirtieron en la adecuación de sus locales y en la formación de personal con el objetivo de comercializar los modelos Polestar 2 y Polestar 3. Ahora se quedan sin producto y sin un horizonte claro de recuperación económica.
El caso Polestar es el primer gran síntoma de cómo la tensión comercial entre Washington y Pekín se traduce en daños colaterales que afectan a empleados, franquiciados y consumidores de a pie.
Una oleada de restricciones que también salpica a Mercedes-Benz
La misma legislación que frena a Polestar amenaza a otras marcas con presencia accionarial china por encima del 15 %. Mercedes‑Benz, por ejemplo, roza el 20 % de participación de entidades chinas y trata de suavizar la propuesta de ley a través de sus representantes en el ámbito político. Un comité del Senado estadounidense estaba llamado a debatir el endurecimiento de las condiciones esta misma semana, lo que demuestra que el alcance de la norma va mucho más allá de un único fabricante.
Mientras la administración comercial justifica la medida en criterios de seguridad económica, el sector del automóvil observa con inquietud un escenario en el que la propiedad accionarial determina qué coches pueden circular legalmente en un país. La incertidumbre regulatoria añade una capa de complejidad a las estrategias globales de electrificación.
Qué significa este veto para el mercado europeo y español
Polestar mantiene su operación comercial en España y en el resto de Europa, donde no existe una restricción equivalente. Sin embargo, el cierre del mercado estadounidense envía una señal preocupante para todas las marcas europeas que comparten tecnología o capital con socios chinos. El precedente norteamericano fragmenta el mercado global del coche eléctrico y puede alentar posturas proteccionistas en otras regiones.
Para el consumidor español, la compra de un Polestar no peligra hoy, pero conviene seguir la evolución de estas tensiones comerciales. La disponibilidad de piezas, el valor residual del vehículo o la continuidad de la red de servicio posventa podrían verse afectadas si la presión geopolítica se extiende. El mapa de la movilidad eléctrica, que algunos imaginaban sin fronteras, empieza a llenarse de líneas rojas.
Más allá de los 32 concesionarios atrapados en Estados Unidos, el episodio revela que ningún fabricante con ADN chino —por muy sueco que sea su origen— está a salvo de una revisión normativa repentina. Y en un sector donde los ciclos de producto duran años, la previsibilidad regulatoria vale tanto como la autonomía de las baterías.
📌 Datos clave internacional
- La cifra a enmarcar: 32 concesionarios de Polestar en Estados Unidos se quedan sin producto tras el veto comercial, sin compensación por la inversión realizada.
- Consejo práctico: Si estás pensando en adquirir un Polestar en España, la marca sigue operativa aquí, pero conviene monitorizar la evolución de las tensiones comerciales que podrían influir en el servicio posventa o la disponibilidad de piezas a medio plazo.
- Así te afecta: El veto estadounidense muestra que los conflictos geopolíticos tienen consecuencias directas sobre la industria automotriz, y ningún mercado es inmune a largo plazo. El precedente puede enfriar la confianza de los compradores españoles en marcas con capital chino, incluso cuando no exista una prohibición expresa en Europa.

