Hablar de Pere Navarro es hablar, inevitablemente, de tráfico. Desde hace casi dos décadas, el actual director de la DGT ha marcado el rumbo de la movilidad en España con una visión muy personal que no ha dejado indiferente a nadie. Admirado fuera de nuestras fronteras por algunos de sus logros iniciales y duramente criticado dentro por su deriva posterior, Navarro se ha convertido en figura clave —y polémica— del debate vial.
En un país en que cada año más de 1.000 personas pierden la vida en carretera, la seguridad vial debería ser un objetivo común. Sin embargo, las decisiones, declaraciones y medidas impulsadas desde la DGT bajo el mando de Pere Navarro han provocado una creciente sensación de confrontación con el conductor. Para muchos, el problema ya no es solo cómo se gestiona el tráfico, sino si el objetivo real sigue siendo mejorarlo o directamente reducirlo hasta hacerlo inviable.
2Del éxito inicial a la vuelta más controvertida
Tras abandonar la DGT en 2012, Pere Navarro fue destinado como consejero a la Embajada de España en Marruecos, un destino discreto que parecía marcar el final de su etapa más visible. Sin embargo, en 2018, el Gobierno de Pedro Sánchez decidió recuperarlo y devolverlo a la Dirección General de Tráfico, un puesto poco deseado pero de enorme impacto mediático y político.
Esta segunda etapa ha estado marcada por la polémica constante. El número de fallecidos en carretera se ha estancado, ya no se observan descensos significativos, y las decisiones adoptadas por la DGT han generado más ruido que consenso. Para muchos expertos, el termómetro del éxito en la gestión del tráfico lleva años sin moverse en la dirección adecuada.


