Harry Metcalfe, el rostro tras el canal Harry’s Garage, siempre se ha negado a probar coches en circuito. Sus más de un millón de suscriptores lo saben: sus vídeos huelen a asfalto de montaña, a viajes por carreteras secundarias. Pero el pasado fin de semana, una invitación lo llevó hasta el Paul Ricard francés para hacer saltar por los aires su regla de oro. El motivo tenía nombre propio: Pagani Huayra Revo, un hypercar con pedigree de competición que solo ruge entre pianos y escapatorias. Y menudo rugido.
Adiós a la regla de oro de Harry’s Garage
Metcalfe reconoce que, al principio, pensó que se trataba de una oportunidad imposible de rechazar. «No puedo contarles a mis nietos que dejé pasar otra ocasión de subirme a una máquina tan loca», confiesa en el vídeo. Llegó al trazado francés al volante de su Jaguar Project 7, un día antes, y se presentó como invitado a un evento bautizado como «Art on Track». Lo que allí encontró no eran simplemente coches de pista: eran obras de ingeniería.
Tecnología de competición escondida bajo carbono azul
El presentador se adentró en los garajes y mostró detalles que explican por qué el Revo cuesta 4,5 millones de euros. La carrocería de carbono azul expuesto, tan pulcra como la de cualquier Pagani de calle, ocultaba soluciones propias de un fórmula: suspensión push-rod con un amortiguador en posición horizontal y, sobre todo, el llamado tercer elemento. Al frenar, el morro tiende a hundirse, pero ese amortiguador adicional detecta el cabeceo y endurece tanto el muelle como la tasa de compresión, lo que permite retrasar la frenada y ganar metros valiosos en cada curva.
En su configuración más radical, la báscula se detiene en apenas 1.050 kg en seco. Los neumáticos, calentados con mantas antes de cada tanda, y unos discos de freno sobredimensionados con doble rotor recuerdan que esto no es un juguete. Además, el habitáculo deja claro que los lujos se han reducido al mínimo: el asiento va fijo y es la pedalera la que se desplaza para adaptarse al piloto.
900 caballos, 9.200 rpm: el V12 que desafía al silencio
El corazón del Revo es un V12 atmosférico de 6.0 litros que, en esta última evolución, alcanza 900 CV y estira su régimen máximo hasta las 9.200 rpm, una cifra que antes se quedaba en 8.750. El escape es completamente abierto, sin silenciadores, y Metcalfe lo describe como una experiencia sonora que pone la piel de punta. Durante la visita a boxes, se escuchan los bramidos de otros ejemplares al fondo, un rumor que anticipa lo que vendría después al volante.
Todos los coches del evento, por cierto, mostraban pegatinas de los circuitos que han visitado: Spa, Red Bull Ring, Goodwood… incluso uno tenía una del Festival of Speed de 2022. Eso demuestra que, lejos del mito del hypercar de colección, muchos propietarios los usan de verdad, sumando vueltas y coleccionando recuerdos sobre el parabrisas.
«Nunca había roto mi regla de hacer pruebas en circuito, pero cuando leí la invitación pensé: no puedo contarles a mis nietos que rechacé otra oportunidad de conducir un coche loco así».
— Harry Metcalfe
De copiloto a piloto: la lección de Ben Collins
Antes de saltar al asiento, el presentador se encontró con un viejo conocido: Ben Collins, el mítico Stig de Top Gear, que acudió como instructor. Metcalfe no desaprovechó la ocasión para recibir algunos consejos sobre cómo tratar a un bicho de estas características, sobre todo porque el Revo carece de cualquier tipo de cambio automático. Todo se maneja con levas, embrague manual y mucha concentración.
El simulador que Pagani ofrece a cada comprador, una impresionante plataforma dinámica, fue el primer paso para memorizar el trazado de Paul Ricard. A partir de ahí, solo quedaba ponerse el casco, ajustar el pedalier y salir a destrozar decibelios.
Vueltas que ponen a prueba los sentidos
Una vez en pista, las sensaciones desbordaron al inglés. La aceleración, la respuesta inmediata del motor atmosférico y ese grito metálico que trepa hasta las 9.200 revoluciones crean un entorno casi violento. «¿Es esa la curva?», balbucea en la grabación mientras trata de orientarse en un circuito que no conocía. La falta de ayudas electrónicas convierte cada giro en un ejercicio de pura conducción, y la velocidad de reacción exigida supera con creces la de cualquier deportivo de calle.
El propio Metcalfe admite que el Revo lo dejó exhausto pero eufórico. Resumió la experiencia como una mezcla de miedo escénico y adicción inmediata, una montaña rusa sensorial que pocas máquinas pueden ofrecer.
Implicaciones para el futuro de los hypercar de circuito
Más allá de la anécdota, esta prueba deja un titular incómodo para los amantes de los motores térmicos. En un momento en que la industria gira hacia la electrificación, el Pagani Huayra Revo es un canto de cisne de los V12 puros sin hibridación. Su existencia se debe casi por completo a la voluntad de un fabricante artesanal que no entiende de compromisos, pero también a un puñado de clientes que están dispuestos a pagar un dineral por un ruido que las normativas de ruido y emisiones están arrinconando.
Para el aficionado de a pie, el Revo no representa un automóvil alcanzable, sino un recordatorio de hacia dónde se fue la excelencia mecánica cuando no había techo presupuestario. Y, a la vez, una pregunta incómoda: ¿qué pasará cuando motores como este solo se puedan escuchar en museos?
Metcalfe cerró la jornada reconociendo que había valido la pena sacrificar su propia regla. A sus ojos, el Pagani Huayra Revo no es solo el hypercar con mejor sonido de la historia, sino una lección de cómo la pasión por la ingeniería aún puede ganar la partida a la frialdad de los números. La pregunta que flotaba en el aire caliente del Paul Ricard era otra: ¿por cuánto tiempo más?
Puedes ver el análisis completo y escuchar el V12 en acción en el vídeo original de Harry’s Garage:


