Si hay un fabricante que ha hecho de la excentricidad técnica su seña de identidad, ese es Ducati. En su último análisis, Jason Fenske, creador de Engineering Explained, se sumerge en una de esas decisiones de ingeniería que, a primera vista, parece un sinsentido: ¿por qué demonios Ducati utiliza un cigüeñal con un offset de 70 grados en sus motores V4 a 90°? La respuesta, como suele suceder con la firma de Borgo Panigale, no está en buscar la perfección numérica, sino en esculpir una personalidad única. Y sí, también explica de manera muy científica por qué las Ducati V4 suenan tan endiabladamente bien.
Cuatro formas de ensamblar un cigüeñal para un V4 a 90°
Antes de entrar en el meollo, Fenske plantea un punto de partida común: todos los motores que analiza comparten una arquitectura de cuatro cilindros en V a 90 grados. La diferencia radical está en cómo se colocan las muñequillas del cigüeñal, ese eje que convierte el movimiento lineal de los pistones en giro. Ese detalle aparentemente minúsculo dicta por completo el orden de encendido y, con él, el carácter del motor.
Según expone Engineering Explained, existen tres configuraciones lógicas a partir de esa base: el V4 «screamer» con un desfase de 0° entre los codos de bancada delantera y trasera, el V4 con 180° de desfase, y el V4 con 90° de desfase. Y luego está la cuarta, la que emplea Ducati en todas sus motos modernas: un cigüeñal con solo 70° de offset, un número que parece salido de la chistera. Para entenderlo, Fenske recurre a un ejercicio de visualización: imaginar el cigüeñal y ver cómo, en el V4 screamer, los pistones de los cilindros 1 y 2 se mueven en pareja, mientras que los de los cilindros 3 y 4 están desfasados 90°.
Intervalos de encendido: la búsqueda de la suavidad ideal
El verdadero meollo, y donde el análisis de Engineering Explained se vuelve brillantemente didáctico, está en cómo esos diseños de cigüeñal se traducen en intervalos de encendido. Tomando como referencia un motor de cuatro cilindros en línea, Fenske recuerda que la entrega de potencia perfectamente uniforme se logra cuando una explosión ocurre cada 180° de giro del cigüeñal. Ese ritmo constante —0°, 180°, 360°, 540°— hace que el propulsor respire con una suavidad casi eléctrica.
Al aplicar esa vara de medir a los V4, las diferencias son abismales. El V4 screamer, por ejemplo, estira la duración total entre la primera y la última explosión hasta unos decentes 450°, pero los intervalos son erráticos: 90°, 270°, 90°… un sube y baja que castiga la regularidad. El V4 con cigüeñal a 180° consigue mantener esos 450° de recorrido total, pero lo hace de manera mucho más armónica: 180°, 90°, 180°, 270°. A ojos de Fenske, esta configuración es la más cercana al ideal de un cuatro en línea y ofrece una entrega de potencia notablemente suave y lineal.
El V4 a 90°, en cambio, es un despropósito en términos de uniformidad: los cuatro cilindros sueltan su latigazo en apenas 360° de rotación y luego el motor pasa otros 360° en completo silencio. Como resume el creador del canal, es una entrega de «todo a la vez y luego espera», cualquier cosa menos refinada.
«Puede parecer una elección extraña, pero usar un cigüeñal con un offset de 70 grados en un motor V4 a 90 grados tiene una lógica aplastante.»
— Jason Fenske, Engineering Explained
La jugada maestra de Ducati: sacrificar suavidad a cambio de carácter
Y entonces llegamos al V4 a 70°, la oveja negra que Ducati ha convertido en emblema. Sobre el papel, sus números no invitan al optimismo: la duración entre la primera y la última explosión se acorta a solo 308°, y el intervalo de espera entre el cilindro 4 y el siguiente ciclo es de 340°. Es decir, está muy lejos de la cadencia perfecta de 180° que persiguen otras marcas. Pero aquí es donde Engineering Explained desmonta el mito de que la ingeniería solo obedece a la eficiencia.
Fenske sostiene que Ducati no busca la entrega más suave, sino la más cautivadora. Esa secuencia de encendidos tan agrupada crea un patrón de pulsos que recuerda al de un motor bicilíndrico de gran calibre, generando una especie de latido irregular que se traduce en una sensación de tracción vibrante y en un sonido absolutamente embriagador. No es un defecto, es una declaración de intenciones. La firma italiana quiere que cada giño del acelerador se sienta y se escuche como un terremoto controlado, no como un zumbido anodino.
La ciencia detrás del rugido del Desmosedici Stradale
Ese sonido tan característico no es casualidad ni el resultado de un simple escape bien afinado. Engineering Explained detalla que la clave está precisamente en el desfase de 70° del cigueñal. Al disparar los cilindros con intervalos tan cortos y luego una pausa más larga, el motor genera una frecuencia de explosiones que el oído humano interpreta como un ronquido profundo y rasgado, típico de los V-twins, pero con la densidad armónica extra que aportan los cuatro cilindros. Es el equivalente mecánico de un bajo eléctrico que, en lugar de seguir una línea monótona, decide sincopar y darle groove a la melodía.
En sus motos más deportivas, como las equipadas con el propulsor Desmosedici Stradale, Ducati explota al máximo esta firma acústica. Cada apertura de gas se convierte en una experiencia casi sinestésica: el piloto no solo acelera, siente en el pecho y en los tímpanos ese martilleo asimétrico. Es, en definitiva, una demostración de que la ingeniería de motores no tiene por qué plegarse al dogma de la uniformidad cuando se puede esculpir una identidad.
Al final, lo que Ducati demuestra con su excéntrico cigüeñal de 70° es que las motos, como la buena música, necesitan silencios y contratiempos para emocionar. Quizá por eso, cuando un ingeniero de otra marca ve los datos de regularidad de un V4 de Borgo Panigale, frunce el ceño; mientras el conductor, con una sonrisa bajo el casco, ya se ha olvidado de las hojas de cálculo. Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Engineering Explained en YouTube.


