No todos los años, al revisar la guía de precios, un editor se topa con un fenómeno que desafía la lógica del coleccionismo. John Mayhead, responsable de la Hagerty Price Guide británica desde hace trece ediciones, lo ha vivido en esta primavera de 2026: mientras cerraba la última actualización, los valores de ciertos exóticos europeos se disparaban de un modo que no recordaba desde la burbuja de los noventa. La subida no ha sido un espejismo aislado de una sola subasta, sino una contagiosa escalada que ha triplicado récords y ha obligado a los analistas a reescribir las tablas en apenas unos meses.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: la Hagerty Price Guide documenta en 2026 una revalorización súbita de los coches de colección exóticos, con modelos como el Ferrari Enzo y el Porsche Carrera GT multiplicando por tres sus anteriores plusmarcas.
- No te lo puedes perder: el detonante fue la subasta de Mecum en Kissimmee, donde los cinco ‘halo’ de Ferrari (288 GTO, F40, F50, Enzo y LaFerrari) batieron sus récords en una sola noche, impulsados por la colección de Phil Bachman.
- Cifras y cotización: un Enzo de apenas 400 ejemplares fabricados pasó de un récord previo de seis millones de dólares a rozar los dieciocho; un Porsche Carrera GT alcanzó los 6,7 millones cuando su mejor precio anterior apenas superaba los dos. La guía de Hagerty sitúa la valoración en condición #1 muy por debajo de los remates recientes.
Kissimmee: la mecha que encendió la puja
Todo arrancó en el centro de Florida, en la primera semana de enero. La cita de Mecum en Kissimmee congregó la atención del mundo del motor clásico con un lote que hacía agua la boca: más de 45 Ferrari procedentes de la colección del fallecido Phil Bachman, muchos de ellos con kilometrajes ridículos y especificaciones únicas. La casa de subastas declaró que cayeron diecinueve récords de la marca del Cavallino, incluidos los de los cinco modelos considerados «halo» por los tifosi. El Ferrari Enzo de Bachman, con una configuración a medida y apenas unas millas de uso, se adjudicó por cerca de dieciocho millones de dólares, el triple que la anterior plusmarca; un F50 y un 288 GTO también duplicaron las estimaciones más optimistas.
No fue flor de un día. A la semana siguiente, RM Sotheby’s Arizona volvió a poner en escena un Enzo y un F50, ambos por encima del valor de condición #1 (concurso) que recoge la Hagerty Price Guide, aunque sin alcanzar las cotas de Florida. Quienes confiaban en que la resaca calmaría los ánimos se equivocaron. A finales de enero, el virus cruzó el Atlántico y estalló en la Semana del Motor de París. RM Sotheby’s remató un Enzo de 2004 con apenas uso por 8,1 millones de euros y Gooding Christie’s elevó el listón del 288 GTO hasta los 9,1 millones de euros, marcando dos plusmarcas mundiales en una misma velada. Como guinda, un FXX K Evo de 2018, la bestia de circuito de Maranello, se vendió por casi siete millones de euros.

La fiebre se extiende: del Monza SP2 al Carrera GT
Si los «halo» Ferraris encendieron la mecha, lo que vino después demostró que la fiebre no se limitaba a las series más exclusivas. El Ferrari Monza SP2, un biplaza descapotable de estética barchetta que Ferrari fabricó en poquísimas unidades, había fijado un techo de 2,5 millones de dólares en Abu Dabi a finales de 2025. Tres meses después, en el Concurso de La Amelia de Florida, Broad Arrow adjudicó una unidad en rojo con interior azul y millas de entrega por 4,955 millones, prácticamente el doble. El Porsche Carrera GT protagonizó una escalada aún más vertical: de un récord previo de 2,2 millones en 2022, pasó a 3,1 millones en Arizona, 3,3 millones en Miami y finalmente 6,7 millones en aquella misma subasta de Amelia, más del triple. Incluso un clásico consagrado como el Lamborghini Miura SV de 1972 encontró comprador por 6,6 millones de dólares, pulverizando su propio registro.
La velocidad de la subida no tiene parangón desde el desplome de los noventa. Aquella vez el mercado castigó a los especuladores; esta vez, los compradores parecen haber olvidado la lección.
El eco de 1989: cuando la historia se repite
La comparación con el cambio de década de los ochenta resulta inevitable. Entonces, los precios de los Ferrari se inflaron a un ritmo mensual que los concesionarios apenas podían seguir, cambiando los ceros de los carteles todos los meses. Ian Barkaway, hoy al frente del prestigioso taller Barkaways, trabajaba entonces en Kent High Performance y lo recuerda con precisión: «La gente entregaba tres o cuatro coches para comprar uno; la demanda se había disparado». Jim Weed, que editaba la Ferrari Market Letter y dirigía el taller de FAF Motorcars en Atlanta, añade otro ingrediente: «Pedían préstamos para comprar coches, convencidos de que en un mes valdrían un veinte por ciento más. Cuando los bancos pidieron los avales, el mercado se derrumbó».
Hagerty ha sobrepuesto la curva del récord anual de venta de un coche de colección entre 1989 y 2025 con la riqueza media del uno por ciento más rico de Estados Unidos, según la Reserva Federal. La correlación es asombrosa: en los veintidós años anteriores a 2010, solo en 1989 y 1990 el récord automovilístico superó ese umbral de riqueza; en los quince siguientes, lo ha hecho nueve veces. Hoy, el pico de 2026 encaja en ese patrón de exuberancia, pero con un matiz inquietante: las subidas porcentuales de tres dígitos en pocos meses, con la economía global dando bandazos, recuerdan peligrosamente al preludio de una corrección.
Los nuevos millonarios de la inteligencia artificial no compran coches por lo que son, sino por lo que representan en el tablero del prestigio digital.
Nueva riqueza, viejas costumbres: cripto e IA al volante
En los ochenta, la burbuja japonesa inyectó capital fresco en el mercado; ahora, el fenómeno se repite con dos protagonistas distintos: el universo cripto y, sobre todo, la explosión de la inteligencia artificial. Rick Carey, analista y cronista de subastas, lo describe sin ambages: «Hay una legión de millonarios recién acuñados por la IA que no han tenido tiempo de pensar en qué hacer con su dinero; de repente se lanzan a por los coches que les dicen que son los que hay que tener. Es lo mismo que ocurre en Monterey con los chicos que asedian el Pagani de turno: no saben por qué, solo saben que es el que todos quieren».
A diferencia de los inversores de los noventa, que compraban en consorcio cualquier Daytona para revenderlo al mes, la nueva generación tiene más información gracias a internet y a guías como la de Hagerty. Sin embargo, las redes sociales han añadido un factor de vanidad que distorsiona la demanda: el coche cotiza no por su ingeniería ni por su palmarés, sino por los «me gusta» que genera. Jim Weed observa que «hoy la gente colecciona por temáticas: coches amarillos, verdes o con cero millas». Así, un Enzo con pocos kilómetros y especificación única se convierte en la pieza que cierra una colección y, por tanto, en un objeto de deseo capaz de batir todas las previsiones.
Primavera de ajuste: ¿fin de la escalada?
Los síntomas de enfriamiento, sin embargo, asomaron en abril. En el Principado de Mónaco, la cita de RM Sotheby’s se saldó con estimaciones más conservadoras y martillos que, aunque por encima de lo esperado, no rozaron los excesos de enero. El mismo día, en Costa Mesa, Broad Arrow subastó un Porsche 918 Spyder con paquete Weissach y pintura Paint to Sample por 4,68 millones de dólares, una cifra saneada pero un veinticinco por ciento por debajo de los 6,05 millones que otro 918 similar había alcanzado en Kissimmee. Una semana más tarde, Bonhams Miami se cobró varios lotes sin vender, entre ellos un LaFerrari y sendos F12 Berlinetta que no llegaron a cubrir la reserva.
Para Jim Weed, la clave sigue estando en la oferta y la demanda: «Se fabricaron mil trescientos F40 y solo cuatrocientos Enzo. Si alguien te ha dicho que necesitas la colección completa, tienes que comprarlo. Y hay más dinero que nunca, más gente con enormes fondos destinados a coches». La cuestión es si esa demanda se mantendrá cuando las cotizaciones empiecen a bajar y las deudas aprieten. La historia ya demostró en los noventa que un mercado alimentado solo por forasteros con apetito de estatus se desmorona en cuanto el dinero se seca. Los analistas de Hagerty, de momento, han ajustado los valores al alza, pero con un ojo puesto en la próxima curva.
El coleccionista prudente hará bien en recordar que un precio de martillo récord no es un cheque en blanco. La pátina de un número de bastidor impecable, la procedencia documentada y el estado original importan más que nunca. Y en este baile de millones, el que no conoce la música suele pagar la cuenta.

