El hypercar chino Dreame de 500 km/h con cohetes muere antes de nacer

El fabricante chino de robots aspiradora Dreame Technology abandona su proyecto de hypercar eléctrico de 1.900 CV asistido por cohetes antes de llegar a producción.

El hypercar chino Dreame de 500 km/h con cohetes muere antes de nacer. La empresa que soñaba con plantar cara a Bugatti con un eléctrico de 1.900 CV asistido por dos cohetes abandona el proyecto antes de producirlo. Y lo hace volviendo a lo que mejor sabe hacer: robots aspiradora y electrónica de consumo.

Dreame Technology, el fabricante chino conocido por sus robots de limpieza, anunció hace unos meses la creación de una división automovilística con más de mil empleados y unas cifras que parecían sacadas de una película de ciencia ficción. El primer render resulta un plagio descarado de un Bugatti.

Un proyecto de 1.900 CV, cohetes y una maqueta sin plataforma real

Bajo la marca Starry Sky, la firma presentó el Nebula Next 01 Jet Edition, un hipercoche eléctrico con 1.900 CV de potencia, dos cohetes que le daban más de 100 kN de empuje y una aceleración de 0 a 100 km/h en 0,9 segundos. La velocidad punta prometida llegaba a 560 km/h, una cifra que supera a cualquier vehículo de serie y a casi cualquier prototipo de competición.

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El paquete técnico incluía una batería de estado sólido con 450 Wh/kg de densidad energética y una autonomía de más de 550 km en ciclo CLTC chino. Todo ello envuelto en un diseño que recordaba peligrosamente a los hypercar franceses deMolsheim.

  • Potencia: 1.900 CV eléctricos.
  • Aceleración: 0-100 km/h en 0,9 segundos.
  • Velocidad punta: 560 km/h con asistencia de cohetes.
  • Batería: estado sólido, 450 Wh/kg y 550 km CLTC.

El problema, sin embargo, no estaba en la ficha técnica, sino en lo que había detrás. Según informes del sector internacional, el prototipo mostrado en el CES de Las Vegas era una maqueta creada por una empresa especializada, sin plataforma real ni mecánica desarrollada. La operación respondía a una lógica de startup: impresionar visualmente, captar financiación y buscar inversores.

Lo que parecía el nacimiento de otro gigante chino del automóvil era en realidad una operación de marketing que no resistió el primer examen serio de viabilidad.

Dreame celebró un evento de marca en San Francisco y presentó el prototipo en el CES de Las Vegas este mismo año, en un intento de proyectar imagen global. La división Starry Sky parecía una operación de imagen, no una planta industrial.

La compañía ofrecía salarios muy elevados para fichar ingenieros y directivos del sector, una estrategia que delata la premura y la falta de un plan de negocio sólido. Las autoridades chinas intervinieron para investigar el destino de ciertas inversiones relacionadas con el proyecto. Lo que encontraron no gustó. A partir de ahí, el desenlace fue rápido: el CEO de Dreame optó por pivotar y devolver a la empresa a su núcleo de negocio, la electrónica de consumo.

La lógica de startup chocó con la realidad del sector del automóvil

De los mil empleados que llegó a anunciar la división Starry Sky, apenas unas docenas siguen en nómina, según la información publicada en medios especializados. Su trabajo ahora es deshacer el camino andado, no convertir el Nebula Next en un coche de producción.

Convertirse en fabricante de coches no es un proceso sencillo ni rápido. Requiere plataformas, homologaciones, proveedores, seguridad y años de ingeniería. Dreame planteó el salto como quien lanza al mercado un nuevo robot aspiradora: con un evento llamativo y una promesa de rendimiento espectacular. Pero el sector del automóvil tiene filtros que la electrónica de consumo no conoce.

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El caso recuerda a otros anuncios grandilocuentes de vehículos eléctricos imposibles: prototipos espectaculares, cifras de récord y producciones que nunca llegan. La diferencia es que aquí había una empresa real con ingresos fuera del motor, lo que hacía el proyecto aún más sorprendente por el riesgo asumido.

Qué dice este adiós sobre los hypercar eléctricos y los sueños chinos

Para el conductor español, la lección es doble. Primera, los anuncios de hipercoches eléctricos con cifras extremas deben leerse con escepticismo: si un producto no tiene una empresa industrial detrás, una plataforma validada o un calendario de producción realista, es solo una presentación de marketing. Segunda, el mercado chino sigue siendo un hervidero de ideas, pero no todas pasan el filtro de la viabilidad.

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Europa, y España en particular, observa con interés la revolución eléctrica china. Los fabricantes chinos han demostrado que pueden producir coches competitivos en precios y tecnología. Pero también existe un ecosistema de startups con promesas irreales que buscan capital más que clientes. El caso Dreame sirve para recordar la diferencia entre un anuncio y un producto.

España no es ajena a los sueños de hipercoches: hay pequeños proyectos nacionales que buscan un hueco en el segmento de altas prestaciones, pero con una diferencia clave: exigen ingeniería real y calendarios de homologación. El ‘Bugatti de Temu’ se queda en una anécdota, pero su fracaso dice mucho de un sector en el que la credibilidad sigue siendo el bien más escaso.

El próximo hito será comprobar si alguna de las startups chinas que sí tienen plataforma y plan industrial da el salto definitivo a Europa con un hypercar eléctrico de verdad. Mientras tanto, conviene separar los cohetes de marketing de los cohetes de empuje vectorial.

📌 Datos clave internacional

  • La cifra a enmarcar: 1.900 CV de potencia y 560 km/h de velocidad punta prometidos por un hypercar que nunca pasó de maqueta.
  • Consejo práctico: desconfía de los anuncios de eléctricos imposibles sin empresa industrial detrás; contrasta plataforma, producción y calendario antes de creer.
  • Así te afecta: la burbuja de promesas chinas no contamina la oferta real de eléctricos que sí llega a España, pero obliga a separar el marketing de la ingeniería.