El anuncio de Ford de haber encabezado el estudio de calidad inicial de JD Power es más que un golpe de marketing para Jim Farley. Es la validación de un giro estratégico que, en cuatro años, ha llevado a la compañía desde el furgón de cola en fiabilidad hasta la primera posición entre las marcas generalistas y, de paso, está empezando a aliviar una de las partidas de coste que más lastran sus cuentas: las garantías y los recalls.
El estudio, que analiza los problemas que los propietarios declaran en los primeros 90 días de uso, revela que los vehículos de Ford acumulan una media de 152 problemas por cada 100 unidades. La cifra supera a marcas como Lexus, Nissan, Buick, Hyundai o Subaru y supone un salto cualitativo notable si se recuerda que, apenas tres años antes, en 2023, Ford ocupaba el puesto 15 entre los fabricantes generalistas. “Oh, vaya, hoy es un gran día para Ford”, ha proclamado Farley en una entrevista posterior a conocerse los resultados.
Del puesto 15 al liderazgo: el factor confianza
La transformación no ha sido improvisada. Farley insiste en que han sido cuatro años de trabajo intenso para cambiar la cultura de la compañía. “Hemos transformado por completo nuestras plantas y nuestro sistema operativo de calidad”, aseguró. El ejecutivo pone el foco en la obsesión por los datos: “Miramos cada defecto y entendemos por qué ocurrió”. Esa filosofía, importada de los estándares de trabajo de competidores japoneses y alemanes durante décadas, busca reducir la brecha histórica que lastraba la imagen de los modelos americanos.
La mejora tiene un correlato financiero inmediato. Farley reconoce que los costes de garantía cayeron el año pasado y que la tendencia a la baja continuará este ejercicio. Además, asegura que “los costes de recall están bajando” y que “esto va a ser una gran historia financiera para la compañía”. No es poca cosa: en un contexto de márgenes presionados por la electrificación y la inversión en software, cada dólar ahorrado en reparaciones postventa es un dólar que va directo al beneficio operativo.
Una paradoja incómoda: más llamadas a revisión, menos factura

El contrapunto llega con la otra métrica que persigue a Ford como una sombra. En lo que va de año, la marca ha lanzado 51 campañas de recall, más del doble que cualquiera de sus competidores. El dato parece contradecir la narrativa del liderazgo en calidad. La clave, sin embargo, está en el matiz temporal: el estudio JD Power captura los primeros tres meses desde la compra; los problemas que generan recalls suelen manifestarse mucho después.
Ford no ha reducido el número de llamadas a revisión, pero sí ha aprendido a gestionarlas mejor. La inversión en diagnóstico temprano y la obsesión por el dato han permitido acotar el alcance de los fallos y reducir el coste medio por actuación. En lenguaje industrial: la gravedad de las incidencias baja, aunque el recuento absoluto siga siendo alto. Es una estrategia de contención del daño que, combinada con la mejora en calidad inicial, empieza a dar resultados en la cuenta de resultados.
Ford no ha dejado de emitir recalls, pero sí ha reducido drásticamente lo que le cuesta cada uno. Esa es la verdadera historia financiera.
Farley ha sido transparente al respecto: el año pasado los costes de garantía ya descendieron y espera que la tendencia se consolide. No es un brindis al sol; hay un equipo en California, heredero del skunkworks que desarrolló baterías competitivas con BYD, que monitoriza cada defecto en tiempo real. La cultura del dato ha permeado también en el diseño: la propia compañía admite que Ford utilizó inteligencia artificial para optimizar piezas y luego tuvo que volver a contratar humanos para corregir lo que la IA estropeó, en un guiño irónico a los límites de la tecnología.
Lo que no dice JD Power y lo que sí dice Farley
El estudio Initial Quality tiene una limitación importante: mide la satisfacción durante un periodo muy corto. No habla de durabilidad a largo plazo ni de costes de mantenimiento pasados los 90 días. Sin embargo, para un comprador que estrena coche, esa primera impresión cuenta. Y en un mercado donde la competencia aprieta con marcas emergentes chinas que entran con precios agresivos, un Ford percibido como fiable puede marcar la diferencia.
En paralelo, Farley ha desvelado que la compañía lanzará cinco o seis modelos más asequibles, empezando por una pickup eléctrica por debajo de los 30.000 dólares. La ecuación es sencilla: si la base de clientes percibe que un Ford no se avería, la demanda de esos modelos de volumen se disparará. El movimiento de fondo es doble: recuperar la reputación de calidad y, con ella, la rentabilidad por unidad.
Análisis de Impacto
El anuncio de Ford trasciende el mero resultado de un estudio. Hay tres vectores que, desde esta redacción, consideramos relevantes para entender el alcance industrial. El primero es la señal a los inversores: si los costes de garantía y recall se convierten en una tendencia decreciente y sostenida en el tiempo, el margen operativo del grupo podría ganar entre 1 y 2 puntos en los próximos dos ejercicios, una mejora nada despreciable en un contexto de inversión masiva en electrificación.
El segundo vector es la respuesta de los competidores japoneses y coreanos. Marcas como Toyota o Hyundai han basado buena parte de su propuesta de valor en la fiabilidad. Que un fabricante estadounidense les supere en su propio terreno obligará a redoblar los presupuestos de control de calidad, lo que podría erosionar sus márgenes. Y eso, en un mercado ya tensionado por la irrupción china, es un terremoto silencioso.
El tercer eje es la coherencia del relato. Farley ha sido cuestionado en los últimos dos años por los continuos recalls. Si logra mantener el mensaje de que la calidad inicial mejora mientras los costes bajan, y los consumidores lo perciben en sus vehículos, habrá dado un golpe de autoridad en el sector. Si, por el contrario, los problemas afloran en el medio plazo y los recalls no se traducen en una menor factura de reparaciones, la historia se volverá en su contra. De momento, los datos del estudio JD Power le dan la razón, pero el juicio definitivo lo dictarán los balances de 2027.
El mercado de turismos asequibles y la electrificación serán, en última instancia, el banco de pruebas donde Ford demuestre si esta cultura de calidad ha calado de verdad. Por ahora, el discurso de Farley resulta convincente. Pero se sabe que, en la industria del automóvil, no hay nada más efímero que un titular de estudio sin un balance sólido detrás.

