El Ferrari F50 de 1997 apareció en Las Vegas con 106 millas en el odómetro y se marchó por 18.705.000 dólares. Es la cifra más alta jamás pagada por un ejemplar del modelo en puja pública.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: un F50 de 1997 con apenas 106 millas (171 kilómetros) alcanzó 18.705.000 dólares con comisión del comprador en Broad Arrow Las Vegas, unos 4,1 millones por encima del récord anterior del modelo.
- No te lo puedes perder: en la misma sesión se remataron un Daytona SP3 de 2025 con 81 millas por 18.540.000 dólares y un LaFerrari de 2014 por 8.805.000; diez coches fijaron nuevo récord mundial en una sola noche.
- Cifras y cotización: 84 lotes ofrecidos, 64 adjudicados —un 76 por ciento— y 92,8 millones de dólares de facturación total, el mayor importe logrado por una subasta de coches de colección en la ciudad. La estimación previa del F50 era de 20 millones.
El F50 de 106 millas y la aritmética del remate
La sesión de Broad Arrow Auctions cerró el 31 de octubre con 92,8 millones de dólares de facturación, el mayor importe que una subasta de coches de colección ha logrado en Las Vegas. Se ofrecieron 84 lotes y se adjudicaron 64: un 76 por ciento de venta, por encima de lo que suelen clearing los remates de gama alta en una sola jornada. La casa lo atribuyó a un catálogo cargado de hiperdeportivos recientes y de Ferrari de primera fila.
El coche que encabezó la noche es un ejemplar de 1997, último año de producción del modelo, con 106 millas —171 kilómetros— en el odómetro. En la práctica, un F50 que nunca se usó. Sobre esa virginidad se edificó el precio, y de ahí que el remate supere en unos 4,1 millones de dólares la marca anterior del modelo en puja pública, que quedaba por tanto en el entorno de los 14,6.
La estimación previa apuntaba a 20 millones. El resultado final, con la comisión del comprador incluida, se quedó por debajo de esa guía, y el detalle importa: la casa esperaba más de lo que el mercado estaba dispuesto a firmar. En un lote de este calibre el desfase no constituye un fracaso, pero sí delimita dónde acaba el techo del modelo.
Conviene descomponer la cifra. Los 18.705.000 dólares incorporan el buyer’s premium; el precio de martillo fue inferior, y esa distancia es la que separa el titular del negocio real. Aun así, ningún F50 había rebasado los 15 millones en sala, y este lo hizo con holgura. Entre un coche de 20.000 kilómetros y otro de 171 media, en términos de cotización, casi toda la diferencia.
Un F50 con 106 millas no es un deportivo: es una cápsula de 1997 que nadie se atrevió a abrir, y eso el mercado lo paga antes que la mecánica.
Un V12 de Fórmula 1 atornillado al chasis

El F50 se presentó en el salón de Ginebra de 1995 para conmemorar el cincuenta aniversario de la casa. Su motor no era un doce cilindros de carretera agrandado, sino el V12 de 65 grados de la Fórmula 1 de la marca llevado a 4,7 litros: 520 CV a 8.500 vueltas, según la ficha técnica que Ferrari publicó entonces.
El bloque y el cambio —manual de seis marchas— iban anclados rígidamente al monocasco de fibra de carbono y formaban parte de su estructura; la suspensión trasera se sujetaba directamente al cárter de la caja. De esa arquitectura salían 325 km/h y un 0 a 100 en 3,87 segundos, sin ABS, sin servodirección y sin ayuda electrónica de ningún tipo.
La producción total fue de 349 unidades entre 1995 y 1997, según los registros de la marca: apenas una cuarta parte de las 1.311 del F40. Esa escasez relativa no bastó durante años para que el F50 superase a su antecesor en el aprecio del coleccionista. La crítica recibió el coche con frialdad —duro, ruidoso, exigente— y durante mucho tiempo se le tuvo por el eslabón menos querido de la trilogía que completan el F40 y el Enzo.
El centro de estilo de Pininfarina, dirigido entonces por Lorenzo Ramaciotti, firmó una carrocería de líneas tensas y superficies limpias que envejeció bastante mejor de lo que se dijo en su momento. Basta leer la ficha con ojos de hoy: es el último Ferrari de la saga con cambio manual y motor atmosférico de ascendencia competitiva, y esa condición analógica se ha convertido, veintinueve años después, en su mejor argumento de mercado.
Ferrari copó la noche: los otros récords
Diez coches fijaron nuevo récord mundial de subasta en la misma sesión, y tres de los mayores importes fueron Ferrari. Un Daytona SP3 de 2025 con 81 millas, vendido por su primer propietario, alcanzó 18.540.000 dólares, marca absoluta para un ejemplar no benéfico del modelo. Un LaFerrari de 2014 sumó 8.805.000 y un Enzo de 2003 se remató en 6.550.000 sin necesidad de récord.
El resto de la tabla alta completó el retrato de una noche escorada hacia el hiperdeportivo reciente:
- Bugatti Chiron Super Sport de 2023: 4.570.000 dólares.
- Ferrari 599 SA Aperta de 2011: 4.350.000 dólares.
- McLaren P1 GTR de 2015 con preparación de Lanzante: 3.415.000 dólares, nuevo récord del modelo.
- Mercedes-Benz 300 SL Gullwing de 1955: 1.930.000 dólares.
Los tres Ferrari de cabeza sumaron por sí solos cerca de 46 millones de los 92,8 facturados. La lectura es doble: el coleccionista de hiperdeportivo contemporáneo sostiene el mercado con una liquidez que el coche de posguerra no siempre iguala —el 300 SL Gullwing, icono absoluto, se quedó en 1,93 millones— y, al mismo tiempo, la casa dejó 26 lotes sin vender.
Lo que Las Vegas dice de la cotización del F50
Un 76 por ciento de adjudicación no es un dato neutro. Significa que una de cada cuatro piezas no encontró comprador, y en un catálogo de 84 lotes eso describe un mercado mucho más selectivo de lo que sugiere la cifra total. El dinero no escasea: se concentra. Los récords se los repartieron los hiperdeportivos con pocos kilómetros, no las berlinas de época ni los deportivos de los sesenta.
En esa jerarquía, el F50 ha vivido una rehabilitación lenta. Durante la pasada década cotizó por debajo del F40, lastrado por una conducción áspera y por la sombra de un predecesor convertido en mito. La subida llegó cuando el coleccionista empezó a valorar lo escaso por encima de lo cómodo: 349 unidades frente a las 1.311 del F40, un motor de procedencia F1 y un cambio manual que no volverá a fabricarse en Maranello.
El mercado no premia la potencia ni la rareza: premia el consenso. Un récord solo se convierte en valor cuando alguien está dispuesto a repetirlo.
Ahora bien, el remate de Las Vegas no es una anomalía aislada, sino la cota alta de una tendencia. Los 18,7 millones sitúan al modelo en un escalón donde compite con berlinettas de los sesenta mucho más mitificadas; a modo de referencia, un 250 GTO se remató en 48,4 millones en 2018. La diferencia no es técnica, es de consenso. El F50 necesita que el mercado repita la jugada dos o tres veces más para que la cifra se convierta en nuevo suelo y no en un pico aislado.
El detalle más elocuente sigue siendo la estimación. Broad Arrow pidió 20 millones y el mercado respondió con 18,7. En el coleccionismo de primer nivel, la guía de la casa es también una declaración de intenciones, y esta quedó corta. Quien tenga un F50 de pocos kilómetros sabe desde el 31 de octubre dónde está su referencia; quien esté pensando en comprar, también.
En 2027 se cumplirán treinta años del cierre de la producción, y para entonces la cifra de Las Vegas será el punto de partida obligado de cualquier conversación sobre el modelo. Falta saber si otros propietarios se animan a tantear el mercado con ejemplares de kilometraje bajo. Esa respuesta, en rigor, vale más que el propio récord.

