Los Museos Vaticanos celebran un siglo de Papamovil con ocho Mercedes-Benz históricos

Ocho Mercedes-Benz históricos, desde la limusina de Pío XI en 1930 hasta el primer papamóvil eléctrico de 2024, repasan la relación entre la Santa Sede y la marca alemana. La muestra permanece abierta en el Vaticano hasta el 31 de enero de 2027.

El Vaticano reúne ocho Mercedes-Benz históricos para contar cien años de Papamovil, en una exposición que podrá visitarse hasta el 31 de enero de 2027.

La muestra, titulada Un secolo di Papamobile, ocupa el pabellón de cristal del Giardino Quadrato y reconstruye la relación entre la Santa Sede y la marca de la estrella desde 1930 hasta el primer vehículo papal completamente eléctrico, entregado en 2024. Ocho unidades, ni una más, para explicar cómo cambió la forma de mostrar al pontífice ante las multitudes.

No es una exposición de coches al uso. Cada unidad conserva la configuración exacta con la que sirvió al pontífice correspondiente: asientos, cristales, peldaños y superficies acristaladas cuentan una historia política además de técnica. Según la información difundida por los organizadores, el objetivo es que el visitante descubra por primera vez la evolución completa de estos vehículos.

Publicidad

De la Nürburg 460 al Landaulet: ocho piezas para cien años

El recorrido arranca con la Mercedes-Benz Nürburg 460 (W 08) de 1930, la limusina Pullman de ocho cilindros que Pío XI recibió como primer coche oficial de representación de un pontífice. Su interior, con un asiento individual tapizado en brocado de seda, resume una época en la que el automóvil papal era un salón rodante y no un escaparate mediático.

El siguiente salto lleva a la 300 d Landaulet (W 189) de 1960, con estribos de extracción automática y ventanillas traseras desmontables para las apariciones públicas de Juan XXIII. Después aparece la 600 Pullman Landaulet (W 100) de 1965, construida para Pablo VI con puertas ensanchadas y techo elevado, dos soluciones que permitían saludar de pie sin agacharse.

Las 300 SEL Pullman (W 109) de 1967, alargadas 650 milímetros respecto al modelo de serie, no estaban pensadas para el Papa, sino para el traslado de los invitados de alto rango del Estado pontificio. Son la prueba de que la flota vaticana funcionaba ya como una pequeña empresa de transporte protocolario.

Cien años de berlinas de representación y cúpulas de cristal explican cómo cambió la manera de acercar al Papa a la gente.

1980: el día en que el papamóvil cambió de forma

El punto de inflexión llega con la Mercedes-Benz 230 G (W 460), estrenada en 1980 durante el viaje de Juan Pablo II a Alemania. Dos años después apareció la 230 GE Papamobile (W 460), pionera del concepto que hoy reconoce todo el mundo: cúpula transparente, pintura nacarada e interiores blancos.

Ese formato —asiento elevado, visión de 360 grados y velocidad reducida— convirtió al vehículo en parte del mensaje. A partir de ahí llegaron la S 500 de paso largo Landaulet (serie 140) de 1997 y las todocamino ML 430 (W 163) de 2002 y ML 500 (W 166) de 2012, que elevaron todavía más la altura de los ocupantes.

El colofón de la muestra lo forman dos piezas que no son papamóviles: el Benz Patent-Motorwagen de 1886, el triciclo que Carl Benz patentó hace 140 años, y un Clase S actual. Ambos se exhiben bajo el paraguas del aniversario 140 years of innovation con el que la marca alemana celebra su propia genealogía.

Publicidad

Qué dice esta muestra del motor europeo y qué gana el viajero español

La exposición, que permanece abierta hasta finales de enero de 2027, funciona como un caso raro dentro del patrimonio industrial: una firma privada que conserva y exhibe vehículos de servicio público en dependencias de otro Estado. En Europa, ese tipo de colecciones suele quedarse en los museos de marca o en manos de coleccionistas. Aquí el coche es, además, documento histórico, y se explica con la misma lógica con la que se explica un fresco o un mosaico.

Para el lector español hay dos lecturas útiles. La primera es práctica: quien tenga previsto viajar a Roma entre noviembre y el 31 de enero de 2027 encontrará la muestra dentro del circuito vaticano, en temporada baja y con menos presión turística que en primavera. Conviene reservar la visita con antelación en la web oficial de los Museos Vaticanos y calcular un margen de tiempo, porque el pabellón se recorre en pocos minutos pero obliga a desviarse del itinerario habitual.

Publicidad

La segunda lectura es de fondo. Mientras la Unión Europea discute el calendario de descarbonización del transporte, la Santa Sede ya ha incorporado a su flota un papamóvil cien por cien eléctrico, entregado en 2024, sin aspavientos y sin renunciar al formato de siempre. En España, el debate sobre el coche institucional gira casi siempre alrededor del gasto público y rara vez alrededor del patrimonio. La paradoja vaticana es la contraria: un Estado minúsculo ha transformado una flota de servicio en un activo cultural y en un argumento de marca para el fabricante que la suministra desde hace casi un siglo.

El próximo hito es el cierre de la muestra, el 31 de enero de 2027. A partir de ahí las piezas regresarán a sus fondos y la historia seguirá escribiéndose con la siguiente generación de vehículos eléctricos, que ya no necesitarán explicar por qué llevan una cúpula de cristal.

📌 Datos clave internacional

  • La cifra a enmarcar: ocho Mercedes-Benz históricos y casi un siglo de servicio, desde la Nürburg 460 de 1930 hasta el primer papamóvil cien por cien eléctrico, entregado en 2024.
  • Consejo práctico: si viajas a Roma antes del 31 de enero de 2027, reserva la entrada de los Museos Vaticanos con antelación y busca el pabellón de cristal del Giardino Quadrato; la muestra se ve en pocos minutos y encaja en la misma visita.
  • Así te afecta: más allá del interés turístico, la exposición demuestra que la electrificación ha llegado incluso a los vehículos ceremoniales, una señal de hacia dónde va el mercado europeo que también condiciona lo que se podrá conducir en España en la próxima década.