El estudio ‘Seguridad en movimiento: impulsar la confianza en la movilidad moderna’, elaborado por Economist Enterprise para Brembo, revela que el 90% de los conductores se siente completamente seguro al manejar un vehículo equipado con asistentes de conducción ADAS, mientras que solo el 45% de los expertos —ingenieros, reguladores y especialistas en movilidad— comparte esa percepción. Una brecha de 45 puntos que convierte la autocomplacencia en el factor de riesgo más subestimado de la seguridad vial.
La confianza ciega: el 90% que se siente seguro, el 45% que no
La investigación se basa en una muestra macroscópica: más de 6.100 personas en diez países que representan el 75% de la producción mundial de automóviles. El resultado es contundente: mientras casi la totalidad de los usuarios confía en su sistema ADAS, los profesionales detectan una peligrosa disonancia. Cada año se registran cerca de 1,2 millones de víctimas mortales en las carreteras del planeta y la desconexión entre lo que el conductor cree que hace el coche y lo que realmente hace se ha convertido en un factor de riesgo mayor que cualquier fallo mecánico.
Los datos desglosan realidades muy distintas según la región. En Brasil, China e India, tres mercados que acumulan una tasa media de 16,2 muertes por cada 100.000 habitantes —el doble de la media global del estudio—, el 94% de los ciudadanos se declara seguro al volante, mientras que solo el 18% de los expertos comparte su optimismo. La rápida digitalización del habitáculo y la mejora de infraestructuras han generado una falsa sensación de invulnerabilidad antes de tiempo. En el otro extremo, Japón y Corea del Sur muestran la brecha más equilibrada: un 84% de usuarios frente a un 70% de profesionales que se sienten seguros. En Europa occidental, países como Alemania, Francia e Italia registran las menores tasas de mortalidad, pero la distancia entre lo que percibe el conductor y lo que evalúa la industria alcanza los 39 puntos. El escepticismo de los técnicos ante sistemas opacos y una comunicación comercial ambigua explica esa disparidad.
El verdadero peligro no está en el hardware: solo el 3% de los profesionales atribuye los accidentes a un fallo mecánico del vehículo. La amenaza actual reside en la interacción entre el ser humano y los asistentes de conducción.
Los tres talones de Aquiles de los ADAS: uso, distracción y marketing
La primera fractura la provoca el uso indebido y la confusión. Un 30% de los expertos consultados señala la falta de comprensión o el empleo incorrecto de los sistemas de automatización parcial como causa principal de los siniestros. Los conductores aprenden rápido los patrones de aviso de los asistentes —el pitido del control de crucero adaptativo, la vibración del volante del asistente de mantenimiento de carril— y encuentran resquicios para hacer multitarea al volante sin levantar la vista de la pantalla del teléfono.
Precisamente, la pantalla central del vehículo y sus funciones avanzadas se han convertido en el segundo enemigo invisible. Un 24% de los profesionales identifica la consola multimedia como la fuente de distracción más grave. Las pruebas independientes del Instituto de Seguros para la Seguridad en las Carreteras (IIHS) son demoledoras: 11 de los 14 sistemas de automatización parcial evaluados suspendieron en sus salvaguardias para mantener al conductor atento. Los avisos acústicos y luminosos se normalizan en menos de una semana y el exceso de confianza se cronifica.
El tercer frente es el más polémico: la publicidad exagerada. El 65% de los expertos cree que los mensajes comerciales distorsionan las capacidades reales de los ADAS, y un 62% afirma que el marketing incita al conductor a delegar más responsabilidad de la que el sistema puede asumir. Términos que insinúan que el coche conduce solo enmascaran la realidad de una tecnología que, aunque avanzada, aún requiere supervisión humana constante en el 99% de los escenarios cotidianos.

De la brecha generacional a la necesidad de una regulación más estricta
La confianza en la tecnología ADAS no es neutral. El factor generacional marca diferencias muy acusadas: los millennials (nacidos entre 1981 y 1996) alcanzan un 94% de confianza en los asistentes digitales. En el extremo opuesto, la generación Z (nacidos a partir de 1997) registra un 12% de desconfianza, motivada por la opacidad en el uso de los datos que recogen los sensores, y los baby boomers muestran un 16% de recelo ante la pérdida de control directo del vehículo. La percepción de riesgo también se tiñe de desigualdad económica: las personas con ingresos bajos tienen casi el doble de probabilidades (17%) de manifestar una confianza baja o inestable frente a solo el 7% de los conductores de renta alta, que suelen circular en modelos más recientes y con mejor equipamiento de seguridad activa.
Pese a la complacencia reinante, la ciudadanía apoya medidas más duras. El 88% de los usuarios respaldaría límites de velocidad más restrictivos en ciudad, mayor control mediante radares e incluso pagar un sobrecoste si eso garantiza un transporte más seguro. Sin embargo, la gobernanza falla: el 68% de los profesionales del sector identifica la falta de coordinación entre reguladores e industria como el principal obstáculo. El informe de Brembo propone tres líneas de actuación urgente para cerrar la brecha: declaraciones obligatorias y estandarizadas de las capacidades reales de cada ADAS antes de su comercialización, un rediseño de la interfaz hombre-máquina que exija una atención verificable del conductor —más allá de simples alertas sonoras— y la implantación de marcos globales de reporte de incidentes en tiempo real, siguiendo el modelo de iniciativas como Vision Zero o Euro NCAP.
Cuando el conductor asume que el coche frena, acelera y gira por sí solo, los segundos en los que el sistema no reacciona se convierten en la antesala del siniestro.
🛠️ Tecnología a examen
- Dato a tener en cuenta: el 90% de los conductores se siente seguro al volante, pero solo el 45% de los expertos comparte ese optimismo. Una brecha que los especialistas califican como el nuevo factor de riesgo dominante en la siniestralidad vial.
- Lo que equipa: los vehículos modernos incorporan frenada autónoma de emergencia, control de crucero adaptativo, asistente de mantenimiento de carril y monitorización de punto ciego, combinados con sistemas de alerta por cansancio y reconocimiento de señales. Estas tecnologías reducen la carga cognitiva, pero no sustituyen la atención del conductor en ninguna circunstancia.
- Así te afecta como conductor: delegar la vigilancia de la carretera en el ADAS multiplica el riesgo de accidente. Conocer con exactitud qué hace y qué no hace cada asistente, mantener las manos en el volante y la vista al frente, y desconfiar de cualquier mensaje comercial que sugiera conducción autónoma plena son las tres claves para que la tecnología juegue a tu favor.

