A veces parece que quienes legislan en el Congreso no se ponen al volante de un coche. Si ya te parecía que la Ley de Tráfico era un laberinto de normas y sanciones, prepárate porque lo que se está cocinando en las comisiones parlamentarias te va a dejar sin palabras.
Lo que empezó como una reforma sencilla para proteger las plazas de aparcamiento de personas con discapacidad se ha convertido en un cajón de sastre donde cada partido intenta meter su idea estrella. Y claro, el perjudicado siempre es el conductor que solo quiere llegar a su destino sin que le compliquen más la vida, o sin que le vacíen la cartera por un despiste.
1El sistema de multas que pide castigar el esfuerzo económico
La propuesta que más ampollas está levantando viene de la mano de Sumar. Imagina que vas por la autopista, te pasas un poco de velocidad y te para la Guardia Civil. Hasta ahora, la multa era igual para todo el mundo porque la infracción es la misma. Pues bien, ahora quieren que el castigo dependa de tus ingresos, lo que pone en tu Declaración de la Renta. Según este planteamiento, el sistema actual es injusto porque dicen que 100 euros no le duelen igual a un mileurista que a un gran directivo. Lo que no dicen es que esto rompe con la idea de que todos somos iguales ante la ley de tráfico.
Si esta enmienda sale adelante, prepárate si tienes un sueldo algo más alto que la media porque las cifras que proponen son mareantes. Si ganas entre 70.000 y 85.000 euros al año, la multa subiría un 150%. Pero si superas los 100.000 euros, proponen que pagues un 500% más. Es decir, una infracción que hoy te cuesta 500 euros se podría convertir en un pago de 2.500 euros simplemente por tu nivel de ingresos.
Es una auténtica locura que convierte a la DGT en una especie de sucursal de Hacienda. Parece que ya no importa la seguridad vial en sí, sino cuánto dinero te pueden sacar.
Este modelo de multas progresivas se basa en lo que hacen países como Finlandia o Suiza. Pero se olvidan de que el contexto económico y la presión fiscal en España ya son bastante altos. Al final, lo que consiguen es generar una sensación de inseguridad jurídica tremenda. ¿Te imaginas tener que llevar la nómina en la guantera para saber cuánto te va a costar un mal aparcamiento? Es indignante que se plantee usar las sanciones de tráfico como una herramienta de redistribución de riqueza en lugar de centrarse en educar y prevenir accidentes en nuestras carreteras.

