En el Olimpo del diseño de automóviles contemporáneos, pocos nombres despuntan con la claridad geométrica del legendario Audi TT de primera generación. Lanzado a finales de los ‘90, aquel coche no era simplemente un deportivo nacido sobre la plataforma de un Volkswagen Golf de la época; era todo un manifiesto del movimiento Bauhaus sobre ruedas, una oda al arco, al círculo y a la simetría que rompió con el barroquismo de su época.
Hoy, cuando el modelo de la firma de los cuatro aros ha proclamado su adiós definitivo tras 25 años de carrera, un proyecto único surge para recordarnos por qué nos enamoramos de él desde el minuto uno. Bueno, en realidad llevan con él desde noviembre de 2023. Hablamos de este Audi TT Roadster «Autoforma», una restauración one-off que no busca actualizar el vehículo gracias a pantallas innecesarias o luces LED estridentes. Todo lo contrario, su objetivo se centra en el retro-purismo: llevar el concepto original presentado en 1999 a su máxima expresión estética, eliminando todo aquello que la producción en serie —y sus normativas— obligó a incluir.
Este proyecto rinde homenaje al prototipo que avanzaba el primer Audi TT Roadster

Detrás de esta obra de arte hay una sinergia de talentos holandeses. El propietario es Jos
Baijens, arquitecto y diseñador de gafas de renombre, cuya obsesión por la forma le llevó a querer
«limpiar» su Audi TT Roadster personal. Para ejecutar esta cirugía estética de alta precisión, acudió nada menos que a los servicios de Autoforma, el estudio de carrocería dirigido por el ya legendario Niels van Roij.
Van Roij, conocido por transformar maravillas de la talla de Ferrari Bentley o Rolls-Royce en piezas únicas de coleccionista, ha aplicado aquí la misma filosofía de «menos es más». El resultado es un coche que parece un prototipo de salón recién salido de un estudio de diseño, pero listo para devorar kilómetros por carreteras abiertas al tráfico.
Un proyecto que carece de techo para convertirse en speedster

El cambio más radical y audaz de esta preparación es la eliminación total del techo de lona
retráctil. El mecanismo y la capota han desaparecido para dar paso a una cubierta rígida
personalizada, pintada en el mismo color de la carrocería, que fluye desde los asientos hasta la
zaga en una integración perfecta. El Audi TT se transforma ahora un speedster permanente, una pieza cuya cabina queda expuesta como la intrincada maquinaria de un reloj suizo.
La limpieza visual de este proyecto no se detiene ahí. En una decisión valiente para cualquier purista, se han suprimido el característico alerón trasero (que la firma de Ingolstadt añadió tras el lanzamiento original por temas de estabilidad), la antena y la tercera luz de freno. El resultado es una superficie ininterrumpida que realza la musculatura de los pasos de rueda y la curva perfecta de la tapa del maletero.
Sutiles detalles que lo conectan con aquel legendario Audi TT Roadster de antaño

A pesar de su look minimalista, el vehículo esconde un trabajo técnico formidable. Los parachoques y las taloneras laterales han sido rediseñados y esculpidos en fibra de carbono, estrenando tomas de aire más sutiles y un difusor trasero que apenas se insinúa. Los espejos retrovisores, tradicionalmente voluminosos en los modelos de calle, han sido sustituidos por unidades mínimas que han sido montadas directamente sobre el cristal fijo de sus puertas.
Mención especial merecen las aletas delanteras. Incorporan unas branquias laterales integradas como el prototipo original que no solo aportan carácter, sino que obligaron a un laborioso trabajo de reingeniería interna: el depósito del líquido del limpiaparabrisas tuvo que ser desplazado al maletero para dejar espacio a semejantes detalles. Es la forma dictando la función, sin concesiones.
Colores y materiales que escribieron parte de la historia de Audi

Estéticamente, el Audi TT Roadster juega con una paleta de colores que evoca la herencia industrial de la firma de Ingolstadt. La parte superior brilla con un tono Gris Nimbus, un color icónico de la marca alemana, mientras que la sección inferior, las llantas de seis radios y el marco del parabrisas se visten de un gris mate que aporta profundidad y contraste.
En el interior, el contraste lo pone la característica tapicería de cuero marrón de alta calidad con pespuntes al más puro estilo de los balones de rugby. Unos motivos que causaron verdadero furor cuando el Audi TT original vio la luz. Al no haber techo, el habitáculo se convierte en parte exterior del diseño, y ese marrón chocolate resalta contra la frialdad metálica de los grises, creando una atmósfera de club de caballeros pero con el ADN deportivo de Ingolstadt.
Autoforma no se ha querido complicar la vida preparando su mítico 1.8 Turbo

Bajo el capó de esta criatura se ha respetado la arquitectura original que hizo del Audi TT un coche divertido y usable. Aunque Autoforma no ha buscado conseguir unas cifras de infarto, su creación cuenta con el legendario bloque 1.8 Turbo con cinco válvulas por cilindro y 225 CV de potencia, que está asociado a la tracción total quattro y una caja de cambios manual de seis velocidades. Mientras que para mejorar su presencia y también su comportamiento dinámico, se ha instalado una suspensión rebajada y se han ensanchado las vías a esta maravilla de la ingeniería con la que Autoforma nos recuerda que, a veces, para avanzar, lo mejor es mirar atrás y redescubrir la
perfección geométrica.
Fotos: Autoforma









































