Seguro que te ha pasado o has visto a alguien tener un episodio de ira y perder los papeles por un simple frenazo o porque alguien no ha puesto el intermitente. Y es que conducir se ha convertido en una actividad que saca lo peor de muchas personas.
La ciencia y los estudios de seguridad vial han empezado a poner nombre a este fenómeno que conocemos como ira al volante o road rage. ¿Pero quiénes son los conductores que más se enfadan y, sobre todo, por qué pasa esto?
El perfil del conductor que más ira siente en la carretera

La verdad es que hay un perfil específico que tiende a enfadarse más. Los datos dicen que los hombres son mucho más propensos a experimentar estos ataques mientras conducen. En concreto, más de la mitad de los hombres afirma haber sentido esta ira al volante, alcanzando un cincuenta y uno por ciento. En el caso de las mujeres, la cifra es algo menor, situándose en un cuarenta y dos por ciento.
Pero lo más llamativo no es solo quién se enfada, sino con qué frecuencia lo hace. La recurrencia es mucho mayor en el género masculino. Mientras que solo un nueve por ciento de mujeres dice sufrir estos episodios con frecuencia, en los hombres la cifra se dispara hasta el veintidós por ciento. Esto significa que uno de cada cinco hombres que te cruzas por la calle podría estar lidiando con un nivel de estrés y enfado muy alto de manera habitual.
Otro punto fundamental es cómo influye la edad en nuestro comportamiento. Podrías pensar que los más jóvenes, por su falta de experiencia, son los más agresivos, pero los estudios dicen algo distinto. El grupo de edad que más episodios de ira sufre es el que comprende a personas de entre 35 y 44 años. Casi un treinta por ciento de conductores de esas edades admite tener estos problemas de forma regular.
Esto tiene una explicación lógica si piensas en las cargas que solemos tener a esa edad. Es una etapa de plena madurez laboral y familiar, donde las presiones externas son muy fuertes. Por el contrario, a medida que envejecemos, parece que nos volvemos más tranquilos al volante. Los conductores de más de sesenta y cinco años son los que menos se enfadan, con apenas un cuatro por ciento de casos registrados. La experiencia y una vida más pausada parecen ser el mejor remedio contra el estrés del tráfico.
¿Por qué nos enfadamos tanto cuando vamos en el coche?

Es muy común pensar que nos enfadamos porque el de delante va despacio o porque alguien nos ha cortado el paso. Sin embargo, lo que ocurre fuera del coche suele ser solo el detonante, no la causa real. La verdadera razón de la ira suele estar en la vida personal y en cómo nos sentimos antes de subir. El coche se convierte en una olla a presión donde soltamos todo lo que llevamos acumulado durante el día.
La causa principal de la ira al volante, aunque te sorprenda, es la falta de sueño. Uno de cada tres conductores que se enfadan lo hace porque no ha descansado bien. Cuando estás cansado, tu paciencia es mínima y cualquier pequeño error de otro conductor te parece un mundo. Además del cansancio, el estrés por el trabajo y las preocupaciones por el coste de la vida son factores que pesan mucho en nuestro estado de ánimo al conducir.
La carretera es un reflejo de la sociedad. Si tienes problemas en casa con tu pareja o con tu familia, es muy probable que esa tensión se traslade a tu forma de manejar el coche. Los expertos aseguran que la ira al volante es algo muy personal. No se trata de si el otro conduce mal o bien, sino de lo que está pasando en la vida de la persona que grita o gesticula desde el asiento del conductor.
Incluso los problemas de salud afectan a nuestra conducta al conducir. Cuando no te sientes bien físicamente, es mucho más difícil mantener la calma ante un atasco o una maniobra brusca. Al final, el coche es un lugar donde muchas personas se sienten protegidas y se permiten sacar emociones que en otros entornos, como la oficina o una cena familiar, intentarían reprimir.
El impacto del estrés diario en la seguridad vial

Conducir se ha vuelto uno de los puntos de mayor presión en la vida moderna. Ya no es solo el hecho de ir de un sitio a otro, sino que cargamos con todas nuestras mochilas emocionales al entrar en el habitáculo. Por eso, un doce por ciento de conductores admite sentirse estresado o abrumado cada vez que coge el coche. Esta cifra sube de forma alarmante hasta el cuarenta por ciento en aquellas personas que sufren ataques de ira varias veces por semana.
Es importante tomar conciencia de esto porque un conductor enfadado es un conductor peligroso. La ira nubla el juicio, empeora los reflejos y nos hace tomar decisiones arriesgadas que no tomaríamos en frío. Por eso, entender que el problema no suele ser el tráfico, sino nuestro propio nivel de estrés, es el primer paso para mejorar la convivencia en la carretera y evitar accidentes.
Si notas que tú también formas parte de ese porcentaje de personas que se transforman, lo primero es identificar qué te está estresando antes de arrancar. Si sabes que el trabajo te ha dejado agotado o que no has dormido lo suficiente, intenta ser más consciente de que tu paciencia está bajo mínimos. Pon música tranquila, sal con tiempo de sobra para no agobiarte con el reloj y recuerda que es probable que el resto de conductores estén lidiando con sus propios problemas.

