La primavera probablemente sea la estación del año más imprevisible, porque te puedes encontrar con temperaturas muy bajas por la mañana y calor de verano a mediodía. Y tu coche también sufre esos cambios de temperatura demasiado bruscos.
Además, el problema de esta época es que puedes pasar de días de sol a nubes, tormentas y lluvias intensas en cuestión de pocos días. Incluso tener todo a la vez en unas pocas horas. El vehículo también pasa de unas temperaturas más bajas y de nuestra rutina del invierno a trayectos mucho más largos y un uso más habitual del aire acondicionado. ¿Qué cambia en primavera?
1Neumáticos y visibilidad: tu coche empieza a comportarse distinto en primavera
El primer elemento de tu coche que nota el cambio de estación son los neumáticos, el único punto de contacto entre el vehículo y el asfalto. ¿La razón? Las ruedas de tu coche han pasado de condiciones frías, trayectos cortos, humedad y nieve a una temperatura mucho más estable.
Con el aumento de la temperatura, varía la presión del aire dentro del neumático. Y si no la ajustas, el coche puede comportarse de manera diferente (y peligrosa) en curvas, al frenar y que lo notes en el consumo. Si notas algo diferente en tu coche en primavera, en lugar de llevarlo al taller, pásate por la gasolinera a comprobar que la presión no esté más baja de la cuenta.
De hecho, llevar los neumáticos más desinflados de lo que recomienda el fabricante se traduce en un desgaste irregular de la banda de rodadura. Y en primavera lo notarás sobre todo los días de lluvia, con charcos y superficies más irregulares.
También tenemos que hablar de la visibilidad. No te olvides de las escobillas del limpiaparabrisas, pues tienden a endurecerse con el frío, y las vas a necesitar para las tormentas de primavera y de verano.

