Cambiar el color de un coche es una de las modificaciones más habituales entre los conductores. Ya sea por gusto personal, por darle una segunda vida al vehículo o simplemente porque el tono original ha dejado de convencer, cada vez más conductores optan por repintar su coche o incluso recurrir a vinilos para modificar su aspecto exterior.
Sin embargo, lo que muchos desconocen es que este cambio estético tiene implicaciones legales importantes. La Dirección General de Tráfico (DGT) considera el color como un dato identificativo del vehículo, lo que significa que cualquier modificación debe ser comunicada.Y si no se hace, el problema puede llegar en forma de sanción.
4El detalle que muchos pasan por alto: incluso pequeños cambios cuentan
Un aspecto que sorprende a muchos conductores es que no hace falta cambiar radicalmente el color para estar obligado a notificarlo. Incluso modificaciones parciales o cambios de tonalidad pueden requerir comunicación a la DGT.
La normativa establece que cualquier cambio “apreciable a simple vista” debe ser declarado. Esto incluye desde pasar de un azul oscuro a uno claro hasta aplicar vinilos que alteren significativamente la apariencia del vehículo. En todos estos casos, si el color real no coincide con el registrado, hay que actualizar la documentación.


