Cambiar el color de un coche es una de las modificaciones más habituales entre los conductores. Ya sea por gusto personal, por darle una segunda vida al vehículo o simplemente porque el tono original ha dejado de convencer, cada vez más conductores optan por repintar su coche o incluso recurrir a vinilos para modificar su aspecto exterior.
Sin embargo, lo que muchos desconocen es que este cambio estético tiene implicaciones legales importantes. La Dirección General de Tráfico (DGT) considera el color como un dato identificativo del vehículo, lo que significa que cualquier modificación debe ser comunicada.Y si no se hace, el problema puede llegar en forma de sanción.
2Qué ocurre si cambias el color y no avisas a la DGT
Aquí es donde llega el problema que muchos conductores no ven venir. Si cambias el color de tu coche y no lo notificas, estás incumpliendo la normativa. Y eso tiene consecuencias directas.
La más evidente es la multa. Circular con un vehículo cuyo color no coincide con el registrado puede acarrear sanciones de hasta 500 euros. Pero no es solo una cuestión económica. También puedes tener problemas en la Inspección Técnica de Vehículos o incluso con tu aseguradora, ya que los datos del vehículo no coincidirían con los oficiales. En definitiva, no comunicar el cambio de color convierte una simple decisión estética en un posible quebradero de cabeza administrativo.


