Con más de un millón de socavones repartidos por sus carreteras –alrededor de seis por milla–, Reino Unido arrastra una crisis asfáltica cuyo origen se remonta a una decisión técnica de los años 90. La apuesta por los pavimentos finos, sin el mantenimiento preventivo adecuado, ha convertido las carreteras británicas en un desafío diario para cualquier conductor y, especialmente, para el viajero español que se adentra en la isla.
La dimensión de un problema que se mide en millones de baches
Las autoridades británicas han destinado una inversión plurianual de unos 8.500 millones de euros (en torno a 7.300 millones de libras) con el fin de atajar la maleza de socavones. El ejecutivo presiona a los ayuntamientos para que apuesten por estrategias de mantenimiento a largo plazo y no se limiten a parchear cada nuevo bache. A pesar de ello, los conductores que regresan de viajes por el continente se preguntan por qué en Alemania, Francia o los Países Bajos el asfalto parece en mejor estado.
La respuesta no es solo presupuestaria. Según Nick Thom, profesor de ingeniería civil en la Universidad de Nottingham, una parte del problema son las reparaciones de emergencia que se hacen en invierno. “Se utilizan mezclas asfálticas en frío, que pueden aplicarse con bajas temperaturas y humedad, pero que no están diseñadas para durar más de unos meses”, explica. Los trabajos de uno de sus doctorandos demostraron que los parcheos invernales sufren un desgaste acelerado en cuanto suben las temperaturas.
Por qué el parcheo puntual no basta y cuál fue el error de base
Pero Thom señala que el invierno es solo una pieza. Hace unos 25 años, el Reino Unido empezó a sustituir el tradicional Hot Rolled Asphalt (HRA) por los llamados sistemas de capa fina, pensados para reducir el ruido y la proyección de agua en autopistas y vías rápidas. “El problema es que muchas autoridades locales decidieron aplicar ese mismo criterio a las carreteras secundarias, donde las velocidades son más bajas y la pulverización de agua no es un factor tan relevante”, afirma. “El HRA puede durar más de 30 años; muchas de estas capas finas no aguantan más de 10 o 15 sin necesitar una intervención”.
Lo que en las autopistas funcionaba bien se replicó en carreteras secundarias sin el debido mantenimiento preventivo, y hoy el país paga las consecuencias con mas de un millón de baches.
Mike Hansford, de la Asociación de Tratamientos de Superficies de Carreteras, añade otro ingrediente: “Fue casi una tormenta perfecta, porque introdujimos las capas finas y al mismo tiempo dejamos de hacer el sellado superficial (surface dressing) en la escala que veníamos haciendo”. Según sus cifras, este tratamiento, que sella la carretera con betún y gravilla, ha pasado de cubrir más de 90 millones de metros cuadrados en 2008 a solo 35 millones en 2023. “Esa caída ha sido un factor determinante”, insiste.
Lo que la experiencia británica puede enseñar al conductor español
La comparación con el continente ayuda a leer la situación. En los Países Bajos, por ejemplo, las autoridades decidieron en los años 80 apostar por superficies más silenciosas a sabiendas de que se desgastarían antes. “Lo seguimos haciendo porque los beneficios en seguridad, visibilidad y reducción de ruido compensan”, explica el profesor Bert van Wee de la Universidad Técnica de Delft. La diferencia es que allí esa elección va acompañada de calendarios de reposición predecibles, mientras que en el Reino Unido se dejó de mantener preventivamente.
Malcolm Simms, de la Alianza de la Industria Asfáltica británica, recuerda que el país arrastra una deuda de mantenimiento de algo más de 21.800 millones de euros (18.620 millones de libras). Las autoridades locales calculan que, aunque dispusieran hoy de ese dinero, necesitarían unos doce años para completar las obras necesarias. “Estamos hablando de al menos una década de inversión sólida para empezar a notar beneficios visibles en la red”, advierte Simms.
Para el conductor español, estos datos se traducen en una realidad práctica inmediata. Mientras en España el estado del firme suele ser más homogéneo en las vías de alta capacidad, en el Reino Unido incluso trayectos cortos por carreteras secundarias pueden esconder socavones profundos que castigan neumáticos y suspensiones. La ausencia de una red de mantenimiento preventiva convierte cualquier desplazamiento en un pequeño riesgo mecánico.
Checklist para el viajero español
| # | Qué llevar / qué hacer | Detalle clave |
|---|---|---|
| 1 | Extremar la vigilancia en carreteras secundarias | Los baches abundan más en vías locales; reduce la velocidad allí donde el firme parezca irregular. |
| 2 | Revisar los neumáticos antes del viaje | Un neumático en mal estado multiplica el riesgo de reventón al impactar con un socavón profundo. |
| 3 | Llevar a mano el número de asistencia en carretera | Si el vehículo sufre daños por un bache, tener contratada una asistencia que opere en el Reino Unido ahorra tiempo y dinero. |
📌 Datos clave internacional
- La cifra a enmarcar: Más de un millón de baches en las carreteras británicas, con una deuda de mantenimiento estimada en 21.800 millones de euros (18.620 millones de libras).
- Consejo práctico: Si viajas al Reino Unido, circula con margen de seguridad y vigila el estado del pavimento, sobre todo en vías secundarias; un impacto con un bache puede arruinar un neumático y el viaje.
- Así te afecta: La combinación de una decisión técnica de los años 90 y la falta de mantenimiento preventivo convierten al Reino Unido en un destino donde la conducción exige más atención, sin que existan multas específicas que el viajero pueda preparar de antemano.

