El Austin Allegro jamás protagonizó un póster en la pared de un adolescente. Presentado en 1973 como sucesor del exitoso 1100, este compacto británico de tracción delantera envejeció mal y fue arrinconado por la competencia alemana. Sin embargo, en el último episodio de The Driver’s Seat, Henry Catchpole nos descubre cómo el taller Retropower ha convertido aquella oveja negra en una auténtica máquina de sensaciones, un restomod que haría sonrojar a más de un deportivo moderno.
Un patito feo con corazón Honda
El proyecto, bautizado como Lucky Strike, partió de la idea de un cliente que quería transformar un coche deliberadamente malo en algo excepcional. Según relatan Calum y Nathan, los hermanos que fundaron Retropower en un pequeño taller del centro de Inglaterra, el concepto era tan simple como provocador: “¿y si construimos un hot hatch con tracción delantera realmente divertido a partir de un Allegro?”. Para ello no dudaron en sacrificar un Honda Integra Type R DC2. Compraron ambas unidades, las desmontaron hasta la última tuerca y escanearon cada carrocería en tres dimensiones.
Las imágenes superpuestas revelaron una sincronía casi mágica. El motor B18C, la línea del eje delantero y los puntos de anclaje de la suspensión encajaban como si alguien en Honda hubiera diseñado el Integra pensando en aquel Austin. El equipo se limitó a acortar la plataforma del DC2 en 120 milímetros en su zona central y a fabricar paneles artesanales para ensanchar la carrocería hasta una silueta que, según Catchpole, “parece que siempre estuvo destinada a lucir así”.
Al volante: ni rastro del Integra, carácter propio
Aunque las vísceras sean japonesas, el tacto dinámico es inconfundiblemente británico. La distancia entre ejes recortada, combinada con unos pasos de rueda muy ensanchados, hace que el coche se sienta diminuto en las reviradas carreteras de las Midlands. La dirección, asistida por una bomba electrohidráulica —no había espacio para la correa original—, transmite una precisión quirúrgica. Y el motor, con sus 200 caballos escalando hacia las 8.000 revoluciones, empuja con una linealidad que permite apoyarse en el tren delantero sin un ápice de subviraje prematuro. Nunca un Austin había hecho honor a su nombre de forma tan literal.
Interior: un viaje a los setenta con licencia para innovar
Dentro, el tiempo se detiene pero la modernidad asoma con elegancia. Los asientos delanteros son unos Recaro que sujetan a la perfección, mientras que los traseros conservan sus butacas originales con la función de abatido fraccionado. La tapicería de cuero marrón chocolate se combina con inserciones de tweed Harris en mostaza y azul celeste, un guiño al patrón check que pudo llevar el Allegro. El volante cuadrado de bordes redondeados, aquel “quartic” que la prensa tachó de idiota en los setenta, ahora aparece como un diseño adelantado a su tiempo —el McLaren W1 luce uno de silueta muy parecida—. Una pequeña pantalla digital integrada ofrece gráficos de barras cuando el coche está parado, y los mandos de la climatización proceden directamente del Honda.
¿Y si hacemos un hot hatch con tracción delantera que realmente sea divertido de conducir a partir de un Allegro?
— El equipo de Retropower
La filosofia de un artesano: únicos por convicción
Retropower no se dedica a replicar fórmulas probadas. Calum explica que, cuando un cliente pide algo que otro especialista ya hace de manera más eficiente, ellos mismos recomiendan a ese competidor. Prefieren proyectos que nadie ha intentado: “no tiene sentido que hagamos un Porsche 911 si ya existe Singer; sencillamente, mejor ve allí”. Esta obsesión por lo irrepetible se traduce en un periodo de pruebas de al menos 800 kilómetros por cada vehículo, hasta que el equipo está seguro de que el propietario va a enamorarse de su máquina.
Otras joyas que comparten taller
Junto al Lucky Strike conviven obras igual de heterodoxas. Un Aston Martin DBS con chasis diseñado en torno a componentes del Corvette C7 y un motor LT1; un Jaguar Mark 2 transformado en cupé de dos puertas con detalles en cobre; un Dodge Charger que esconde una suspensión independiente moderna y un Hemi 392 de los Charger actuales; un Saab 900 de carrocería ensanchada en fibra de carbono que aprovecha la plataforma de un Audi S4 B7 y recibe un cinco cilindros turbo de 600 caballos; o un BMW E9 que emplea un motor S54 del E46 M3 y conserva la distribución de pesos original. Y, por supuesto, el proyecto que puso a Retropower en el mapa: el Mk1 Escort que Gordon Murray les encargó como coche de uso diario. El ingeniero mandó sus ideas en papel cuadriculado, pero fue la propuesta de suspensión independiente para lidiar con los baches de las carreteras rurales lo que convirtió aquel encargo en una obra maestra.
El Austin Allegro de Retropower demuestra que ningún coche está condenado al olvido si se aborda con ingeniería genuina y un profundo respeto por la esencia del modelo. La cultura restomod suele centrarse en iconos; aquí el desafío ha sido justo el opuesto y el resultado invita a repensar qué otros automóviles ignorados merecen una segunda oportunidad. Quizá ha llegado el momento de mirar con otros ojos a los coches que la historia dejó atrás.
Puedes ver el análisis completo y todas las sensaciones al volante en el vídeo original:

