Hagerty filma el rescate de un Shelby Cobra de 1965 abandonado que una familia restaura

El equipo de Hagerty localiza un AC Ace de 1959 y un Shelby Cobra de 1965. Son coches guardados durante décadas por un padre que ya no está para contarlo.

Hay historias de hallazgos que empiezan por casualidad. La que documenta el último episodio de Barn Find Hunter arranca con un hombre que conoció a una mujer, se enamoró y, solo con el tiempo, descubrió que su suegro guardaba un Shelby Cobra de 1965 real, un AC Ace de 1959 y un Mustang. El equipo de Hagerty viajó hasta la propiedad familiar para grabar el rescate de esos coches, aparcados durante décadas.

En la conversación inicial el yerno explica que al principio no terminaba de creerse lo que le contaban. Escuchar que alguien tiene un Cobra suele activar la misma alerta en cualquier aficionado: lo más probable es que sea una réplica. Pero la hija insistía en que no, que el suyo era real, y que además había un Cobra falso y un Mustang.

Un remolque con más historia que polvo

La hija recuerda que veía el Cobra cada semana porque estaba guardado en el remolque donde ella debía entrar a por otra máquina. El padre, Bernie, no era de vender coches: cuando algo fallaba, simplemente los aparcaba en algún lugar y allí se quedaban. Así fue como el Cobra terminó viviendo dentro de un tráiler.

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Al abrir el remolque, el equipo no encontró el Cobra, sino al que llamaban el Cobra falso. La sorpresa llegó al comprobar que no era fibra de vidrio, sino carrocería de aluminio. Se trataba de un AC Ace de 1959 que Bernie compró en 1976 y que, según explica la familia, nunca llegó a conducir.

El coche conserva un detalle peculiar: unos parachoques de madera. La hija cuenta que su padre los fabricó durante una mudanza, después de golpear el frontal al remolcarlo con una barra. Se sintió tan torpe que instaló los parachoques para terminar el traslado. Y ahí siguen.

AC Cars, Shelby y el eslabón británico

El presentador aprovecha para repasar la historia de AC Cars, el fabricante británico que estaba detrás de aquel deportivo. Algunos de sus modelos montaban el motor Bristol, un seis cilindros con doble árbol de levas diseñado por BMW para aviones durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando la empresa entró en problemas financieros, Carroll Shelby propuso unirla con Ford. De aquel matrimonio nacieron los Cobra originales.

Cuando te dicen que un familiar tiene un Cobra, lo razonable es asumir que es una réplica. El 99% de los que aparecen lo son.

— Hagerty, Barn Find Hunter

El motor perdido y un V8 Chevrolet en su lugar

El AC Ace ya no conserva el bloque Bristol original. En su lugar, bajo el capó hay un motor Chevrolet, una conversión habitual por disponibilidad y precio. El presentador examina los números de fundición y apunta a un 327 procedente de un Corvette de entre 1962 y 1966, con radiador Harrison fechado en 1964. Según relata, el anterior propietario utilizaba el coche en subidas de montaña por Pennsylvania y el noreste.

La familia localizó a ese dueño anterior para reconstruir parte de la historia del AC. El coche había sido repintado y recibió un interior nuevo antes de quedar aparcado durante casi cinco décadas.

El Cobra real y el fantasma de las réplicas

El plato fuerte sigue siendo el Shelby Cobra de 1965 que Bernie compró en 1973. Para el presentador, el hallazgo es especialmente valioso porque los Cobra auténticos escasean frente a la avalancha de réplicas. También explica cómo distinguir un Cobra de un Shelby GT350: la línea del Cobra es redondeada, mientras que el GT350 presenta un borde afilado en la misma zona.

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El rescate adquiere un tono más íntimo porque Bernie falleció en diciembre de 2025. Lo que parecía un simple barn find se convierte en un homenaje familiar: sacar del remolque los coches que él guardó con la intención de arreglarlos algún día.

Lectura editorial: el valor de un hallazgo sin prisa

En términos de mercado, un Cobra original es un activo de los que ya no aparecen. Fuentes especializadas sitúan la producción original en torno a un millar de unidades, y los AC Ace previos a la alianza con Shelby tienen un pedigrí propio que los hace muy deseables. Aun con su motor cambiado, el Ace de Bernie cuenta una historia de conservación imperfecta, de esas que dan contexto a cualquier colección.

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Pero lo más interesante no es el precio. Es la manera en que los coches reflejan a su dueño: un hombre que compraba, acumulaba y aplazaba la reparación. En el fondo la familia no ha heredado solo chapa y motor; ha heredado la tarea que él dejó pendiente.

¿Cuántos coches como estos seguirán escondidos en remolques, garajes y naves sin que nadie los mire dos veces? Puedes ver el rescate completo en el vídeo original de Hagerty en YouTube.

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