En mayo de 2021, la DGT decidió reducir el límite de velocidad en tramos urbanos a 30 kilómetros por hora. Ahora, cuando se cumple un lustro de esta medida, desde el organismo que dirige Pere Navarro han querido hacer balance y sacar pecho de los resultados obtenidos.
Sin embargo, asociaciones de conductores destacan que la medida no funciona igual en todas partes, lo que demuestra que no se debería aplicar de forma tan genérica.
4La realidad de las grandes ciudades españolas
No podemos hablar de éxito generalizado sin mirar qué ha pasado en las ciudades grandes, que son las que tienen el volumen de tráfico más difícil de gestionar. Tráfico destaca que casi cuatro de cada diez ciudades con más de 100.000 habitantes han logrado reducir su siniestralidad desde la aplicación de la ley. Ciudades con una movilidad tan compleja como Madrid, Barcelona, Bilbao o Valencia han visto cómo sus cifras mejoraban durante este periodo de cinco años.
Es cierto que ver cómo la siniestralidad baja en lugares tan poblados es una noticia que debemos valorar. No obstante, también es cierto que las críticas hacia estas medidas no han cesado. Muchos conductores se quejan de la frustración que genera ir a 30 kilómetros por hora, de los posibles consumos de combustible más altos por ir en marchas cortas y de la sensación de que, en muchas ocasiones, la medida parece más una recaudación de multas que una medida de seguridad efectiva.
A pesar de estas voces críticas, la postura de la DGT sigue siendo inamovible. Para ellos, los números hablan por sí solos y justifican la normativa. Lo que está claro es que el modelo de ciudad está cambiando, dando paso a un entorno donde el coche, aunque sigue siendo necesario, tiene cada vez menos espacio.


