El control de crucero es un sistema ADAS que la mayoría de vehículos incluyen desde hace unos años. Se encarga de mantener la velocidad sin necesidad de pisar el acelerador, y puedes regular fácilmente los km/h, activarlo o desactivarlo desde el volante.
Y sí, es una ayuda para no tener que mantener la presión sobre el acelerador en viajes largos, pero también puede jugar en tu contra en ciertas situaciones. Porque una cosa es que sea un ADAS útil y cómodo, y otra bien distinta es que lo tengas que activar en cuanto entras en una autovía o autopista. De hecho, en algunas situaciones tiene más inconvenientes que ventajas.
1¿Qué hace el control de crucero y por qué influye en el consumo?
El control de crucero es un ADAS que mantiene la velocidad constante sin necesidad de pisar el acelerador, lo que elimina las pequeñas variaciones que podemos cometer los conductores. Por ejemplo, acelerar más de la cuenta y superar el límite de velocidad, correcciones, pequeños frenazos al levantar el pie antes de tiempo…
Ese comportamiento ‘irregular’, por mínimo que sea, tiene impacto en el consumo. El motor trabaja mejor cuando mantiene una carga estable que cuando cambia continuamente de régimen. Por eso, en condiciones favorables, el control de crucero ayuda a reducir el gasto de combustible.
De hecho, algunos estudios del sector apuntan a un ahorro de entre 0,5 y 1 litro cada 100 kilómetros en trayectos largos y constantes. Otros análisis amplían esa cifra y apuntan a mejoras de eficiencia cercanas al 7-14% al compararlo con una conducción menos estable en autovía.
Ahora bien, el sistema no ahorra combustible por sí mismo. Lo que evita son los comportamientos del conductor que sí que aumentan el consumo.

