La infraestructura de recarga de acceso público en España sigue siendo el mayor quebradero de cabeza para la electrificación. Según los datos del regulador del mercado, el 23,9 % de los puntos instalados no está operativo: son 17.821 postes que esperan el alta definitiva, mientras solo 56.682 de los 74.503 puntos contabilizados funcionan realmente. Un desfase que frena el necesario despegue del vehículo eléctrico y que sitúa al país muy lejos de los referentes europeos.
La paradoja del punto de recarga: instalado pero inactivo
El análisis que acaba de publicar el organismo supervisor de los mercados dibuja un panorama de tensiones no resueltas. España avanza en número de puntos de recarga instalados, pero la distancia entre los que están montados y los que efectivamente suministran energía a un coche es alarmante. El motivo principal, detalla el informe, es el acceso a la red de distribución: la conexión eléctrica y los trámites asociados se han convertido en un cuello de botella que mantiene casi uno de cada cuatro postes en el limbo administrativo.
Las consecuencias van más allá de una estadística. Mientras los empresarios del sector de la recarga llevan tiempo pidiendo un mercado más ágil y transparente, los conductores se topan con una red que, sobre el papel, crece, pero que en la práctica no ofrece la densidad de puntos rápidos que la movilidad eléctrica necesita para ser una alternativa creíble en trayectos interurbanos.
Burocracia, acceso a la red y otros frenos administrativos
El estudio del regulador señala varias barreras estructurales que limitan la competencia y ralentizan el despliegue. Entre ellas destacan las dificultades para conseguir ubicaciones estratégicas, los elevados niveles de concentración en determinados segmentos y, sobre todo, una carga administrativa compleja y fragmentada. No es raro que un punto de recarga tarde meses en activarse después de instalado por culpa de permisos municipales, licencias de obra o demoras en la acometida eléctrica.
Las patronales de la distribución y los fabricantes comparten el diagnóstico. «Agilizar la tramitación burocrática y reducir los tiempos de activación debe convertirse en una prioridad para aprovechar plenamente las inversiones ya realizadas», afirmó esta semana José López-Tafall, director general de la asociación que agrupa a los fabricantes. Desde los operadores como Fastned también insisten en que un entorno «más abierto y transparente permitiría acelerar significativamente la inversión» y garantizar una red más orientada al usuario.

España, a la cola de la electromovilidad europea
El índice global de electromovilidad que elaboran las organizaciones del sector a partir de la penetración del vehículo electrificado y la infraestructura de recarga arroja un dato demoledor: España obtiene 26,9 puntos sobre 100, mientras que la media europea se sitúa en 49,1 puntos. La brecha no solo es amplia, sino que se está agrandando porque Europa mantiene un ritmo de mejora más vivo.
En la parte alta de la tabla europea se consolidan Noruega, Países Bajos y Portugal. El dato portugués escuece especialmente porque demuestra que la vecindad geográfica no basta para cerrar distancias; lo que marca la diferencia es la agilidad administrativa y una regulación que facilite la inversión. Que el 70 % de la red disponible siga siendo de hasta 22 kW —carga muy lenta— mientras los puntos de 250 kW, imprescindibles para los grandes desplazamientos y para el vehículo pesado, apenas despuntan, refuerza la sensación de que la infraestructura no escala al ritmo que reclama el mercado.
Lo que está en juego para el comprador de coche eléctrico
La experiencia del usuario de un vehículo eléctrico depende en gran medida de la fiabilidad y la velocidad de los puntos de recarga. Cuando casi una cuarta parte de los postes instalados no funciona y la mayoría de los activos ofrece poca potencia, la última milla de la electrificación se resiente. «Para el comprador que duda, estas cifras pesan tanto como la autonomía del coche», explican desde los organismos del sector.
Los datos del regulador apuntan a que la hoja de ruta debe incluir marcos regulatorios armonizados, simplificación de trámites y ayudas públicas con neutralidad competitiva. Mientras las Comunidades Autónomas despliegan sus propios procedimientos, la inversión privada pierde impulso. Si estás pensando en comprar un eléctrico, conviene mirar no solo las ayudas a la compra —el plan MOVES sigue activo hasta final de año con descuentos de hasta 7.000 euros—, sino también el mapa de puntos rápidos de tu entorno, porque la promesa de una red mallada aún no se ha cumplido.
Con la industria europea acelerando e inversiones multimillonarias en juego, la ventana no permanecerá abierta indefinidamente. Las recomendaciones del supervisor del mercado son claras: acceso abierto a las ubicaciones, interoperabilidad entre redes y transparencia tarifaria. Solo así la infraestructura de recarga dejará de ser el cuello de botella que frena al coche eléctrico en España.
La burocracia es hoy la principal losa que lastra la transición eléctrica en España: sin una red operativa, el impulso del mercado se queda a medio camino.
📊 Claves de la noticia
- Cifras a tener en cuenta: 17.821 puntos de recarga instalados pero no operativos; el 23,9 % del total; solo 26,9 puntos sobre 100 en el indicador de electromovilidad, frente a 49,1 de media europea; el 70 % de la red sigue siendo de carga lenta (hasta 22 kW).
- Cómo te afecta: Si tienes un coche eléctrico o valoras comprar uno, la disponibilidad real de puntos rápidos en tus rutas habituales es todavía limitada y sufre cortes por la burocracia. Antes de decidir, comprueba los mapas actualizados de operadores privados y las ayudas autonómicas que pueden combinarse con el MOVES.
- También debes saber: La distancia con Europa en infraestructura de recarga se está ampliando, mientras que países vecinos como Portugal ya nos superan con claridad, lo que obligará a acelerar las reformas administrativas si España quiere aprovechar los fondos y la inversión industrial del vehículo electrificado.


