Durante décadas, el rendimiento de un coche se ha explicado siempre con números: caballos, segundos de aceleración de 0 a 100 km/h, fuerza G en curva y tiempos por vuelta. Polestar se ha preguntado ¿qué ocurre cuando los coches eléctricos ofrecen cifras extraordinarias, como el caso del Polestar 4, y la ficha técnica deja de marcar la diferencia? La pregunta que surge es otra: ¿cómo se mide lo que siente la persona que conduce?
Un equipo del SDG Impact Lab de la Universidad de Oxford, en colaboración con Polestar, ha dado un primer paso para responderla con un estudio piloto que combina datos del Polestar 4 con datos del propio conductor.
Doce pilotos, dos Polestar 4 y un circuito sueco
Para el experimento, doce pilotos condujeron dos versiones del Polestar 4, la de motor trasero (200 kW/268 CV) y la de motor dual con paquete Performance (400 kW/544 CV), en el circuito de Gotland Ring, en Suecia. Lo hicieron tanto en condiciones de conducción tranquila como dinámica.
Los investigadores no se limitaron a cronometrar. Combinaron la telemetría del vehículo con monitorización de la frecuencia cardíaca, seguimiento ocular, evaluaciones psicológicas y entrevistas, con un objetivo: relacionar lo que hace el coche con lo que le sucede al conductor.
Lo que revelan los ojos y el corazón
El estudio reveló que varias de las mediciones eran sensibles a los cambios en la conducción y en el rendimiento del Polestar 4. Cuando el ritmo subía, en una conducción dinámica, los participantes parpadeaban menos, sus pupilas se dilataban y mantenían la mirada fija durante más tiempo, patrones asociados a una mayor concentración.
Además, la telemetría del coche pudo vincularse con cambios en la activación fisiológica de los pilotos, lo que permite analizar su respuesta en función de las acciones del vehículo.
Más potencia, menos esfuerzo

La comparación entre ambos coches dejó un dato llamativo. En vueltas rápidas idénticas y con un ritmo prácticamente igual, el Polestar 4 Dual Motor con Performance Pack aprovechó su ventaja de potencia para ofrecer:
- Un 32 % más de aceleración máxima.
- Un 15 % menos de esfuerzo en la dirección.
- Mayores cargas en curva y aceleraciones bruscas más frecuentes.
Es decir, más rendimiento sin que el conductor tuviera que esforzarse más.
Lo que dicen los conductores: 89,2 frente a 67,7

Las valoraciones subjetivas de los conductores apuntaron en la misma dirección. En la escala de Rendimiento/Dinámica del estudio, la versión Performance logró 89,2 puntos sobre 100, frente a los 67,7 del motor trasero. En calidad general de la experiencia, la diferencia fue de 93,0 frente a 77,9. La mayoría de los pilotos prefirió la versión Performance en ambas mediciones.
«Una montaña rusa controlada»

Las entrevistas aportaron el matiz más interesante: la experiencia no se reducía a la intensidad física. Los conductores hablaron de una combinación de respuesta corporal intensificada, confianza en el coche, sensación de control y una concentración profunda. Varios de ellos, de forma independiente, compararon la experiencia con una «montaña rusa controlada».
Uno de los participantes lo resumió así: el Polestar 4 «te hace sentir mejor conductor de lo que eres». Los investigadores observaron que los pilotos asociaban la versión Performance, de forma más consistente, con esa mezcla de emoción, confianza y control. El estudio sugiere que sentir el control mientras se superan los límites personales aumenta la emoción de conducir.
Qué dicen los responsables del estudio

Christian Samson, director de atributos de producto de la marca, explica que «A medida que los coches eléctricos redefinen el concepto de rendimiento, queríamos comprender algo que no se puede plasmar únicamente en una ficha técnica: la experiencia humana al volante. Colaborar con la Universidad de Oxford nos permite analizar el rendimiento desde una perspectiva diferente, conectando la ingeniería del coche con la experiencia de quien lo conduce».
Max Klapow, investigador doctorado del Oxford SDG Impact Lab, añade: «El rendimiento no se trata simplemente de ir más rápido. Se trata de brindar al conductor una sensación de confianza y control mediante respuestas predecibles del vehículo. Nuestra investigación da un paso importante hacia la medición de esa experiencia humana, al relacionar lo que hace el coche con lo que le sucede al conductor».
Mas imágenes del estudio de Oxford y Polestar
Fotos: Polestar























