Las furgonetas se han convertido en una pieza clave de la movilidad actual. Reparto de paquetería, autónomos, pequeñas empresas, servicios técnicos o incluso uso particular: su presencia en carreteras y ciudades no deja de crecer al ritmo del comercio electrónico y de la logística de última milla. Sin embargo, este protagonismo también tiene una cara menos visible, y es su comportamiento en la ITV.
“Cuando una furgoneta entra en la línea de inspección, ya sabemos que hay más probabilidades de encontrar defectos”, explica Mercedes, inspectora de ITV con más de dos décadas de experiencia. No es una percepción subjetiva. Los datos oficiales de la DGT y del Ministerio de Industria, analizados por AECA-ITV, confirman que la antigüedad y el uso intensivo de este tipo de vehículo están directamente relacionados con un mayor índice de rechazo en la ITV y, por tanto, con un mayor riesgo para la seguridad vial.
Furgonetas: trabajo duro, desgaste acelerado

A diferencia de un turismo particular, una furgoneta rara vez descansa. Está diseñada para trabajar, cargar peso y recorrer muchos kilómetros cada año. Ese uso intensivo acaba pasando factura a elementos clave como frenos, suspensión, neumáticos o sistemas de emisiones. “Vemos furgonetas con un desgaste que no corresponde solo a la edad, sino al tipo de vida que llevan”, señala Mercedes.
Los datos lo confirman. Las furgonetas que acuden puntualmente a la ITV tienen una antigüedad media de 14,9 años, mientras que aquellas que acumulan más de 12 meses de retraso alcanzan los 16,2 años. Es decir, cuanto más vieja es la furgoneta, más tiende su propietario a posponer la inspección. Un círculo vicioso que empieza con el desgaste y termina en el suspenso.
Además, la antigüedad media del parque de furgonetas en España ya se sitúa en 17,8 años. Esto significa que una parte importante ni siquiera está pasando la ITV cuando le corresponde, algo especialmente preocupante tratándose de vehículos que circulan a diario por entornos urbanos.
Kilómetros y más kilómetros: el enemigo silencioso

Si la edad es un factor determinante, el kilometraje es el otro gran protagonista. Las furgonetas acumulan kilómetros de forma constante y sostenida, superando con facilidad los 260.000 y 280.000 kilómetros cuando alcanzan entre 18 y 25 años de vida. Pocas mecánicas soportan ese castigo sin un mantenimiento muy riguroso.
“En muchas inspecciones vemos holguras, fugas o desequilibrios que no aparecen de la noche a la mañana”, explica la inspectora. Son problemas que se gestan poco a poco y que, con un uso profesional diario, avanzan más rápido que en un turismo convencional. El problema es que no siempre se detectan a tiempo.
Aquí entra en juego la ITV como herramienta de prevención. No es solo un trámite administrativo, sino un filtro que permite detectar defectos antes de que se conviertan en averías graves o, peor aún, en un accidente.
Retrasar la ITV multiplica el riesgo

Uno de los datos más contundentes del informe de AECA-ITV es la relación directa entre el retraso en acudir a la ITV y el porcentaje de rechazo. Las furgonetas que pasan la inspección en plazo tienen un índice de rechazo del 21%. Cuando el retraso es de hasta seis meses, el rechazo sube al 24%. Entre seis y doce meses, se dispara al 42%. Y cuando el retraso supera el año, el porcentaje alcanza un alarmante 62%.
“Esto demuestra que no es un despiste puntual”, subraya Mercedes. “Quien retrasa la ITV suele hacerlo porque ya intuye que el vehículo no está en buen estado”. Circular así no solo implica incumplir la normativa, sino asumir un riesgo real de siniestro vial. No es casualidad que las furgonetas sean el tercer tipo de vehículo en peor estado del parque automovilístico español, con un rechazo medio del 26% en la ITV, solo por detrás de camiones y autocares.
Los fallos más habituales que vemos en la línea

Cuando una furgoneta suspende la ITV, los defectos suelen repetirse. Frenos desequilibrados o con eficacia insuficiente, neumáticos en mal estado, problemas de suspensión y, cada vez más, fallos relacionados con las emisiones contaminantes. “Muchas trabajan en ciudad, con arranques constantes y trayectos cortos, y eso pasa factura a los sistemas anticontaminación”, explica la inspectora.
También es habitual encontrar defectos en alumbrado y señalización, especialmente en vehículos que circulan muchas horas al día. Bombillas fundidas, ópticas deterioradas o reglajes incorrectos pueden parecer fallos menores, pero afectan directamente a la seguridad.








































































































































































