Ben Sulayem confirma el regreso de los motores V8 a la F1 en 2031

El presidente de la FIA pone fecha al fin del V6 turbo-híbrido y abre un pulso con los fabricantes que acaban de invertir cientos de millones en el reglamento de 2026. Audi, Honda y Ford son los más expuestos al cambio de ciclo.

El regreso de los motores V8 a la Fórmula 1 deja de ser un guiño retórico y entra en el calendario regulatorio: Mohammed Ben Sulayem ha garantizado su vuelta para 2031 como muy tarde. La señal es nítida y va dirigida tanto a los fabricantes que acaban de aterrizar en la categoría como a los que dudan de seguir.

El presidente de la FIA había deslizado la idea durante meses, pero ahora la convierte en compromiso público. La intención es enterrar antes del final de la década el ciclo del V6 turbo-híbrido que arrancó en 2014 y que en 2026 estrena su segunda gran reescritura técnica con más peso eléctrico y combustibles sostenibles. Trece años de una arquitectura que ha dividido al paddock entre quienes la consideran una proeza ingenieril y quienes la culpan del encarecimiento desbocado del deporte.

Por qué Ben Sulayem fuerza el cambio antes de que el V6 híbrido cumpla su ciclo

La lectura política es transparente. El reglamento de 2026 ha costado años de negociación, ha atraído a Audi, ha retenido a Honda y ha convencido a Ford para volver junto a Red Bull. Cambiar las reglas en 2031 implica que ese ciclo durará apenas cinco temporadas, frente a los doce años del actual. Para un fabricante que ha invertido cientos de millones en una unidad de potencia híbrida, el mensaje es incómodo: la inversión tiene fecha de caducidad acelerada.

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Ben Sulayem lo justifica en dos frentes. El primero, económico: las unidades de potencia híbridas se han comido el techo presupuestario de los fabricantes, con cifras que en el paddock se sitúan entre 1,8 y 2,2 millones de euros por motor frente a los 150.000 euros que costaba un V8 atmosférico de la era 2006-2013. El segundo, deportivo: el V6 híbrido es silencioso, complejo y, según el argumentario de la FIA, ha alejado a parte de la afición clásica que asocia la categoría al sonido. La federación internacional lleva meses sondeando a fabricantes y proveedores sobre la viabilidad de un bloque atmosférico alimentado con combustibles 100% sostenibles.

Quién gana, quién pierde y quién acaba de fichar para el ciclo equivocado

Aquí está el verdadero tablero. Audi entra en 2026 con un proyecto íntegramente diseñado en torno a la nueva arquitectura híbrida; ha reconvertido su división de Neuburg, ha contratado ingenieros específicos de electrificación y ha vendido internamente el programa F1 como vitrina tecnológica de su gama BEV. Si el V8 atmosférico llega en 2031, Audi habrá invertido en una plataforma técnica que solo correrá cinco años. Lo mismo aplica, en distinto grado, a Honda con Aston Martin, a Ford con Red Bull Powertrains y al programa renovado de Mercedes.

2024 Lamborghini motor V8 Biturbo. Imagen portada.

Los ganadores potenciales son otros. Cosworth, históricamente vinculado a los V8 atmosféricos de la categoría, vuelve al mapa como proveedor independiente plausible. Ilmor, Judd y AER también podrían recolocarse en el ecosistema. La puerta se abre, además, a fabricantes que renunciaron a entrar en la era híbrida por coste: pensemos en Porsche, que descartó su llegada con Red Bull en 2022 cuando se rompieron las negociaciones, o en marcas estadounidenses interesadas en el tirón comercial del campeonato sin la barrera de entrada de la electrificación pesada.

El precedente de 2014 y por qué esta redacción duda del calendario

Conviene mirar atrás antes de comprar el anuncio sin matices. La transición al V6 turbo-híbrido se aprobó en 2011 y entró en vigor en 2014: tres años de margen que resultaron escasos para Renault y Ferrari, y que dieron a Mercedes una ventaja que tardó media década en disiparse. Si la FIA quiere imponer un V8 con combustible sintético en 2031, el reglamento técnico debería estar cerrado antes de finales de 2028 para dar a los fabricantes margen real de desarrollo. Esa ventana es estrecha y depende de un consenso que hoy no existe.

Hay un segundo precedente útil: el Concorde Agreement vigente expira en 2030. Cualquier cambio profundo de motor para 2031 debe negociarse en paralelo al nuevo pacto comercial entre FOM, FIA y equipos. Ben Sulayem juega con esa coincidencia para forzar la mano, pero los fabricantes tienen capacidad de veto efectivo si amenazan con marcharse. La historia reciente —recordemos el pulso de Ferrari en 2019 sobre el reglamento de motor— enseña que la FIA rara vez gana esos pulsos sin concesiones.

La lectura industrial no es menor. Anunciar el fin del híbrido en F1 mientras la categoría reina se vendió durante una década como laboratorio de electrificación de carretera supone un giro narrativo difícil de digerir para los departamentos de marketing de los fabricantes que justificaron su presencia precisamente por esa transferencia tecnológica. El próximo hito clave será la reunión del Consejo Mundial del Motor de la FIA prevista para finales de este año, donde se espera que Ben Sulayem presente el calendario formal de consultas.

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Análisis de impacto

  • Dato de mercado: El coste actual de una unidad de potencia F1 ronda los 2 millones de euros por motor frente a los 150.000 euros del V8 atmosférico 2006-2013, según estimaciones recurrentes del paddock. Cuatro fabricantes oficiales (Mercedes, Ferrari, Honda-Aston Martin, Audi) más Red Bull-Ford completan el mapa de 2026.
  • El rumor: Según apuntan en el paddock, Cosworth ya ha mantenido conversaciones preliminares con la FIA sobre arquitectura V8 con combustible sostenible, y al menos dos fabricantes generalistas habrían pedido información sobre coste de entrada si el reglamento se confirma para 2031.
  • Veredicto: Movimiento táctico de Ben Sulayem para reposicionarse políticamente antes de la renegociación del Concorde, más que revolución técnica firmada. El V8 volverá, sí, pero la fecha de 2031 está lejos de ser irrevocable: depende de un consenso de fabricantes que hoy juega en contra.