Europa ahora no quiere coches eléctricos y va a exigir coches eléctricos que contaminen aún menos

La nueva Euro VII ya pone el foco en la contaminación que generan los coches eléctricos, que tendrán que adaptarse para poder salir al mercado a finales de 2026.

Llevamos años escuchando que el coche eléctrico es la solución para una movilidad de cero emisiones, pero Europa acaba de poner el foco en estos vehículos. Y es que, aunque es verdad que no expulsan nada por el tubo de escape, esto no significa que no contaminen.

La Unión Europea está preparando un nuevo reglamento, la normativa Euro VII, que va a cambiar las reglas del juego y, por primera vez, pone al coche eléctrico en el punto de mira.

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Euro VII: La norma que pone contra las cuerdas al coche eléctrico

Coche eléctrico
Fuente propia/IA

En mayo de 2024 Europa aprobó la nueva normativa Euro VII. Y esta es la gran revolución: por primera vez en la historia, una norma europea regulará las emisiones de partículas de frenos y neumáticos, además de seguir endureciendo las de los escapes para los coches que aún los tengan.

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Y aquí viene el auténtico desafío, porque la media de emisiones de estas micropartículas de un coche actual es de unos 36 miligramos por kilómetro (mg/km).

La nueva Euro VII establece un límite de 7 mg/km para los coches con motor de combustión. Pero para los eléctricos puros, el límite es todavía más duro: 3 miligramos por kilómetro.

Pasar de una media de 36 a un máximo de 3 supone un recorte de más del 90%. Por tanto, se está exigiendo a la industria una reducción drástica.

¿Por qué se les exige más a los eléctricos que a los de combustión? La respuesta está en la propia naturaleza del coche eléctrico.

Los coches eléctricos tienen dos características que «devoran» los neumáticos. Primero, el peso. Las baterías son muy pesadas, y un eléctrico puede pesar fácilmente 500 kilos más que su equivalente de gasolina. Más peso significa más desgaste en la goma. Segundo, el par motor instantáneo. La entrega de potencia de un eléctrico es brutal e inmediata. Esas aceleraciones castigan el neumático mucho más que la entrega progresiva de un motor de combustión.