Llevamos años escuchando que el coche eléctrico es la solución para una movilidad de cero emisiones, pero Europa acaba de poner el foco en estos vehículos. Y es que, aunque es verdad que no expulsan nada por el tubo de escape, esto no significa que no contaminen.
La Unión Europea está preparando un nuevo reglamento, la normativa Euro VII, que va a cambiar las reglas del juego y, por primera vez, pone al coche eléctrico en el punto de mira.
1Europa reconoce que los eléctricos también contaminan
Hasta ahora, todas las regulaciones en Europa (desde la Euro I hasta la Euro VI) se habían centrado en las emisiones de escape de los coches de combustión: sobre todo en los óxidos de nitrógeno (NOx) y el dióxido de carbono (CO2).
En esa batalla, el coche eléctrico siempre sale como ganador. No tiene motor de combustión, no quema gasolina ni diésel y, por tanto, no tiene tubo de escape. Sus emisiones de NOx y CO2 mientras circula son cero.
El problema es que Europa ha ido un paso más allá. Y lo que ha encontrado es que todos los coches, incluidos los eléctricos, contaminan de otra manera: a través del desgaste de los neumáticos y los frenos. El ferodo que se puede observar en las llantas es una prueba de ello.
Ese polvo negro es una mezcla de microplásticos y otras partículas que se generan por la fricción. Cada vez que frenas, las pastillas se desgastan contra el disco.Y cuando aceleras, giras o solo ruedas, los neumáticos se desgastan contra el asfalto, soltando también toneladas de micropartículas de caucho y otros compuestos.
Este residuo está cargado de plástico microscópico y, en el caso de las pastillas, también de restos de cobre. El problema no es solo que manche las llantas. El verdadero peligro es que esta sustancia es muy volátil.
Una parte queda en el asfalto y acaba siendo arrastrada por la lluvia a los ríos y al mar, pero según estudios recientes, hasta la mitad de estas partículas queda en suspensión en el aire que respiramos.


