Hay coches que parecen sacados de un sueño, y el Citroën DS descapotable de 1966 es uno de esos. Jay Leno nos regala en su último episodio de Jay Leno’s Garage una pieza tan rara como fascinante, carrozada a mano por el taller parisino de Henri Chapron. Lo que más impacta es que en su momento costaba lo mismo que un Cadillac Eldorado convertible, y hoy roza los doscientos mil euros en el mercado de clásicos.
Dos hermanos y un Citroën gratis que lo empezó todo
La historia del descapotable arranca con el hermano mayor, John Long. A los 17 años, en Victoria (Canadá), se topó con un Citroën ID19 de 1961 abandonado en un jardín. Cuando preguntó al dueño, este pedía cien dólares, una cifra que John no podía permitirse. Un mes después, llamó a la misma puerta con una idea mejor: convenció al propietario de que se lo donara al «Club del Citroën del instituto», un grupo que en realidad eran él y dos amigos. El coche salió gratis aquel mismo día —la esposa del dueño llevaba tiempo insistiendo en que desapareciera del césped— y desde entonces no ha salido de la familia.
Un DS descapotable con carrocería artesanal de Henri Chapron
Aquel ID19 despertó una pasión que décadas después llevaría a Greg Long, el hermano menor, hasta un ejemplar todavía más especial. La unidad que Leno examina es un DS21 de 1966 con carrocería descapotable realizada por Chapron. La marca nunca desarrolló su propia versión sin techo: subcontrató a este carrocero para que la fabricara a partir de berlinas de serie y la vendiera a través de la red oficial. La zaga se moldeaba a mano, golpe a golpe, en un pequeño taller parisino, lo que duplicaba el precio del coche y limitó la producción a muy pocas unidades.
El resultado era un automóvil con el aplomo de un gran turismo estadounidense y la sofisticación técnica que solo los franceses sabían imprimir. La suspensión neumática —la misma que montaban todos los DS— convertía cualquier carretera en una alfombra. Como explica Leno, «es un coche que flota, una gozada de conducir». El motor, sin embargo, era el mismo bloque de cuatro cilindros y 2.1 litros con carburador que movía a las versiones cerradas, lejos del seis cilindros plano que inicialmente se había proyectado.
“El precio era el mismo que el de un Cadillac Eldorado descapotable en el 66. Tenías un motor pequeño, nada de dirección asistida… tenías que ser canadiense para comprarlo.”
— Jay Leno
Una restauración meticulosa y un viaje por la Ruta 66
Greg Long encontró el coche en California, donde un profesor de la Universidad de San José lo había mantenido durante años. La ausencia total de óxido fue el gran premio. Primero se abordó la mecánica hace tres décadas, y hace solo cinco se completó la pintura y la tapicería. El propietario aprovechó para sustituir la caja de cambios original de cuatro velocidades por una manual de cinco, un guiño a la practicidad que Leno aplaude: a 110 km/h las revoluciones bajan lo suficiente para que el motor deje de sonar agónico.
Con ese cambio, Greg y un amigo del instituto se lanzaron a recorrer la Ruta 66. La elección no pudo ser más simbólica: un Citroën DS descapotable del 66, en una carretera mítica, con ambos protagonistas a punto de cumplir 66 años. Una postal imborrable.
La filosofía francesa y la magia de la suspensión neumática
Jay Leno no oculta su debilidad por los Citroën. Le divierte que la marca hiciera las cosas al revés que el resto del mundo: para encender las luces, empujas el mando en lugar de tirar de él; los tornillos siguen pasos de rosca distintos; y todo, desde los frenos hasta la dirección, carece de asistencia. “Es maravillosamente francés, y eso es lo mejor”, comenta entre risas. La suspensión neumática, sin embargo, sigue siendo la gran baza. Leno recuerda que en su juventud, en un concesionario de Boston, llevaban a los clientes por una carretera llena de baches para que compararan la suavidad del DS con la dureza de sus coches americanos.
Esa imagen futurista caló tan hondo que el DS sigue apareciendo en películas de ciencia ficción. Leno menciona la adaptación de 1984 o incluso el paso fugaz que hace en El código Da Vinci. Cuarenta años después de su lanzamiento, la berlina seguía encarnando el coche del futuro.
¿Qué hace tan especial a este descapotable hoy?
Hoy, un DS Chapron en buen estado se cotiza en cifras de seis dígitos, y no es para menos. El ejemplar que nos muestra Leno conjuga una rareza extrema, una historia familiar entrañable y un estado de conservación impecable. Para los coleccionistas, representa la cima del “quirk” francés con el aliciente de poder disfrutarlo a cielo abierto.
Quizá por eso, cada vez que veo un Citroën DS, entiendo que no es solo un coche: es una declaración de principios sobre ruedas, un recordatorio de que la ingeniería también puede ser romántica.


