Durante casi siete décadas, el nombre Alpine (más información) ha estado ligado a una idea muy concreta de automóvil deportivo: coches ligeros, ágiles y concebidos para convertir cada curva en una experiencia de conducción. Esa filosofía, heredada de su fundador Jean Rédélé, ha encontrado en el A110 a su mejor embajador. Ahora, con la salida de la última unidad de la segunda generación de la cadena de montaje de Dieppe, la marca francesa pone punto final a una etapa que ha sido decisiva para su renacimiento y comienza a escribir una nueva historia.
La fábrica normanda, inaugurada en 1969 y convertida en uno de los símbolos industriales de la automoción francesa, ha ensamblado un total de 35.450 unidades del A110 desde el nacimiento del modelo. De esa cifra, 28.701 corresponden a la generación presentada en 2017, el coche que devolvió a Alpine al primer plano del mercado internacional después de décadas de ausencia.
El éxito comercial de esta reinterpretación moderna de la mítica Berlinette fue mucho más allá de las cifras. El modelo consiguió recuperar la esencia que siempre distinguió a la marca frente a rivales con mayor potencia o dimensiones superiores. En lugar de apostar por una escalada de caballos, la marca francesa mantuvo su apuesta por la ligereza, el equilibrio del chasis y una conducción especialmente comunicativa, una receta que le permitió convertirse en uno de los coupés deportivos más elogiados de los últimos años.
El último, un A110 R 70

La despedida de esta generación llega además con una fuerte carga simbólica. La última unidad fabricada corresponde a un A110 R 70 acabado en el característico Bleu Alpine, una edición conmemorativa creada para celebrar el setenta aniversario de la firma y que reúne buena parte de las señas de identidad del modelo: construcción ligera gracias al uso extensivo de fibra de carbono, un motor de 300 caballos y una puesta a punto claramente orientada a las prestaciones.
Ese color azul no ha sido elegido por casualidad. Más de la mitad de todos los A110 construidos en Dieppe han salido de fábrica pintados en alguno de sus diferentes tonos de azul, mientras que aproximadamente un tercio lucen el histórico Bleu Alpine, convertido con el paso del tiempo en una auténtica firma visual de la marca.
Curiosamente, ese color no nació como una referencia a los tradicionales colores nacionales del automovilismo. Su origen se encuentra en una petición realizada por un cliente a comienzos de los años sesenta, que solicitó su vehículo en un azul metalizado. La aceptación fue tan inmediata que terminó convirtiéndose en uno de los rasgos más reconocibles de Alpine y en un elemento inseparable de su identidad.
Pero el A110 representa mucho más que un automóvil. En Dieppe forma parte del patrimonio económico y emocional de la ciudad. La planta ha mantenido viva una tradición industrial que ha pasado de generación en generación, hasta el punto de que numerosas familias continúan trabajando para la marca décadas después de la llegada de los primeros modelos. Esa continuidad ha permitido conservar un conocimiento artesanal muy poco habitual en una industria cada vez más automatizada.
Llega la era eléctrica

El deportivo francés también simboliza la fortaleza de un tejido industrial que sigue apostando por la producción nacional. La estrategia de Alpine continúa apoyándose en diferentes centros de excelencia repartidos por Francia, responsables de componentes tan importantes como los chasis, los motores eléctricos o el ensamblaje de baterías que utilizarán los futuros modelos de la marca.
Precisamente ese futuro ya ha comenzado a tomar forma en la propia fábrica de Dieppe. Mientras el último A110 con motor de combustión abandona la línea de producción, las instalaciones afrontan un proceso de transformación para recibir a su sucesor. La renovación incluye nuevas inversiones, herramientas industriales adaptadas a las nuevas tecnologías y la evolución de un saber hacer que deberá responder ahora a las exigencias de la electrificación.
La tercera generación del A110 será también un modelo fabricado en Dieppe, aunque supondrá un cambio radical desde el punto de vista técnico. Estrenará la plataforma Alpine Performance Platform (APP), desarrollada específicamente para vehículos deportivos eléctricos, con el objetivo de conservar las cualidades dinámicas que siempre han definido al modelo pese al cambio de sistema de propulsión.
El desafío no es menor. Alpine pretende demostrar que un deportivo eléctrico puede ofrecer las mismas sensaciones de agilidad, precisión y diversión al volante que hicieron célebre al A110 original. Si lo consigue, la despedida de esta segunda generación no supondrá el final de un icono, sino el comienzo de una nueva interpretación de una filosofía que lleva setenta años desafiando el paso del tiempo.
Fotos: Alpine.







