Recibir una carta de la DGT notificando una multa es una de las sensaciones más desagradables para cualquier conductor. En ese momento, lo primero que piensas es en lo que te va a costar y, por supuesto, en la posible pérdida de puntos del carnet.
Sin embargo, antes de resignarte y aprovechar el descuento del 50% por pronto pago, te interesará saber que hay una forma totalmente legal de librarse, un error que la DGT comete con más frecuencia de la que imaginas.
La normativa europea sobre colocación de radares de la DGT

Para que una multa de velocidad se mantenga en pie ante un recurso, la DGT debe demostrar que el dispositivo de medición ha funcionado y ha sido utilizado de forma adecuada. Esto no es solo una cuestión de que el aparato esté encendido y saque una foto nítida. Existe un marco legal muy concreto, la Orden ICT/155/2020, que regula todo el control metrológico de estos dispositivos. Si el radar no ha pasado sus revisiones anuales o si los agentes no han seguido el protocolo de instalación, la sanción puede anularse por completo.
Uno de los fallos más comunes ocurre con los radares móviles, sobre todo los más modernos y pequeños. Estos dispositivos son muy versátiles y los agentes pueden ponerlos casi en cualquier sitio en cuestión de segundos. Pero esa rapidez a veces juega en su contra. La normativa europea es muy clara sobre dónde se pueden instalar estos aparatos para que sus mediciones sean legítimas. Si un radar se coloca sobre un soporte no homologado o en una ubicación que interfiere con su señal, la cifra que marca el ticket de la multa podría no ser real.
También hay un detalle técnico que la mayoría de conductores desconoce, y que es fundamental para ganar un recurso. Se trata de la normativa UNE EN 1317, un texto que regula los sistemas de contención de vehículos, como los famosos quitamiedos o guardarraíles. Esta norma no solo sirve para que las carreteras sean más seguras, sino que también dicta cómo deben interactuar otros elementos con estas barreras. Según esta regulación, cualquier cinemómetro debe instalarse a una distancia mínima de 130 centímetros de estas barreras.
Muchos agentes de tráfico, por comodidad o por buscar un ángulo de visión mejor, colocan los radares móviles directamente apoyados en el guardarraíl o a una distancia mucho menor de la permitida. Esto es un error grave de forma. Si el radar está demasiado cerca de la estructura, pueden producirse interferencias electromagnéticas o rebotes de señal que alteren la medición de la velocidad. En el momento en que se demuestra que no se ha respetado esa distancia de seguridad de 130 centímetros, la prueba obtenida por el radar queda invalidada de forma automática.
Soportes no homologados y mediciones dudosas

No solo importa la distancia, sino también dónde se apoya el aparato. En muchas ocasiones se ven fotos de radares colocados sobre trípodes improvisados, encima del capó de un coche patrulla o sujetos con elementos que no forman parte del equipo oficial. La ley exige que el soporte sobre el que se coloca el radar móvil esté debidamente homologado. Esto se debe a que cualquier vibración o inclinación incorrecta del aparato puede hacer que registre una velocidad superior a la que lleva el coche en realidad.
Si en la fotografía que acompaña a tu multa se observa que el radar está en una posición inestable o sobre un elemento extraño, tienes una oportunidad para recurrir. Ya existen precedentes judiciales, impulsados por asociaciones de conductores, donde los jueces han dado la razón al ciudadano. En uno de los casos, la DGT fue obligada a devolver 300 euros y pagar las costas del juicio porque el radar estaba mal colocado sobre un soporte que no era el adecuado. El juez dictaminó que, ante la duda de si la medición era exacta, prevalece la presunción de inocencia del conductor.
Revisa siempre las fotos de la multa

Cuando recibas la notificación en casa, no te limites a mirar la cuantía de la multa. Debes analizar la imagen captada por el radar. Las asociaciones de automovilistas estiman que hasta un 30% de los radares móviles en España podrían estar incumpliendo alguna de las normas de colocación. Es decir, que una de cada tres multas de este tipo podría ser injusta o legalmente recurrible.
Fíjate bien en el entorno. ¿Ves un guardarraíl pegado al radar? ¿Parece que el aparato está haciendo equilibrio sobre una superficie extraña? Si sospechas que algo no cuadra, puedes solicitar el informe de instalación y el certificado de homologación del dispositivo. La administración está obligada a demostrar que todo estaba en orden. Si no pueden probar que el radar respetaba los 130 centímetros de distancia mínima o que el soporte era el oficial, la multa tendrá que ser retirada y tu expediente quedará limpio.
A menudo sentimos que recurrir es una pérdida de tiempo o que la administración siempre tiene la razón. Sin embargo, el sistema está diseñado para que las reglas se cumplan por ambas partes. La DGT tiene el deber de ser impecable en sus procedimientos. Si cometen un error técnico, no tienen el derecho de exigir una responsabilidad económica. No se trata de intentar eludir la ley, sino de asegurar que se aplica con precisión y justicia.
Recurrir una multa basada en estos errores de colocación es un proceso que requiere paciencia, pero que suele dar muy buenos resultados. Al hacerlo, no solo proteges tu bolsillo y tus puntos, sino que también obligas a que las autoridades mejoren sus protocolos de actuación. Recuerda que un radar mal colocado es un radar que no garantiza la verdad, y en un estado de derecho, nadie debería ser sancionado basándose en pruebas dudosas o instalaciones defectuosas.


























































































































































